• 01/julio/2009 • Política
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¿La UDI y el fin de la era Guzmán?

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Hace unos días, la directiva gremialista se enteró por la prensa de la renuncia a la colectividad de Gonzalo Cornejo, quien fuese hasta hace poco uno de sus alcaldes emblema y figura prominente. Esta semana fue el turno de Asunción, hija de Joaquín Lavín, quien deja las huestes del partido “al no sentirse representada”.

A esta lista podríamos mencionar una serie de dirigentes de distinta laya que en los últimos dos años han concluido su militancia por diferencias internas y críticas a la forma en cómo el partido ha asumido los nuevos desafíos del Chile bicentenario. Y la razón es muy clara. Los atributos que hace algunos lustros marcaron el crecimiento de la UDI, en la actualidad se han transformado en una verdadera amenaza para la organización política más grande del país.

De este proceso, las renuncias son un ingrediente más y no exclusivo, ya que la Concertación también se ha ido desgajando paulatinamente. El tema de fondo es que en la sede de Suecia 286 se ha ido incubando un fenómeno nunca antes visto en sus casi 26 años de vida: la aparición de clivajes internos que han colocado en tela de juicio la fuerte institucionalización existente y la centralidad en la toma de decisiones, donde la figura de Jaime Guzmán, juega un rol cada vez menos relevante, en especial para las nuevas generaciones que no lo conocieron ni tuvieron contacto directo con él.

Esto ha llevado a una tirantez y disonancia entre quienes han controlado al partido en los últimos 20 años y aquellos que hoy están pidiendo mayores espacios de participación y competencia interna. Pero para entender este escenario actual es importante remontarse a los orígenes de la UDI y el influjo que significaba la figura de su fundador y líder del movimiento gremialista que antecedió a la colectividad.

La importancia del mártir

Sólo los que han conocido el partido por dentro pueden entender lo que significa Guzmán en la historia y desarrollo de la agrupación, es especial para los denominados “coroneles”, un cenáculo seleccionado “a dedo” por el ex senador en los albores del movimiento y entre quienes se encuentran Jovino Novoa, Pablo Longueira, Juan Antonio Coloma y gran parte de los que continúan dirigiendo la colectividad. Es precisamente esta generación la que erigió a calidad de mártir a Guzmán tras su asesinato en 1991 a manos de una facción descolgada del FPMR. A partir de ese instante la figura del entonces abogado constitucionalista se transformó en el eje central del devenir UDI, nutriendo parte importante de su relato y posición política, a través de la doctrina e ideario que el propio personero definió.

Reconocido como un intelectual excepcional, de convicciones profundas y una religiosidad cuasi clerical, Guzmán siempre apostó porque la UDI se transformara en el partido único de la derecha tras el retorno a la democracia, marcado por un sello neoliberal y de raigambre cristiana. No obstante, en el camino se encontró con serias dificultades, ya que otra ala de la derecha -más liberal y menos comprometida con el gobierno de Pinochet (actual RN)- se interpuso en los planes del ex profesor de la UC.

De hecho, en parte importante de la década de los 90, la UDI fue el hermano menor del sector, cumpliendo el rol que Guzmán siempre quiso: ser un partido con vocación de influencia. No fue hasta 1999 con la irrupción de Lavín y el gran apoyo de Pablo Longueira (hombre clave del departamento poblacional), que la colectividad alcanzó su máximo esplendor al estar a sólo 100 mil votos de alcanzar La Moneda y de paso transformarse en 2001 como la tienda con la bancada de diputados más grande del país.

Fue en este instante, con la aparición de rostros nuevos en cargos de poder, que los cimientos del gremialismo se comenzaron a mover, ya que muchos de ellos no estaban dispuestos a someterse a las directrices de un grupo de apóstoles que entre cuatro paredes decían encarnar la buena nueva heredada de su Ayatolá Guzmán y comenzaron en sordina a exigir cambios a la estructura organizacional y decisora del partido.

Esto fue visto como una amenaza por el establishment UDI y comenzó una guerra santa soterrada por intentar mantener las cuotas de poder, lo que dio paso a grupos y facciones internas, azuzadas en 2006 por la postura del alcalde de Las Condes, Francisco De la Maza, quien confrontó a la entonces directiva para que abriera nuevos espacios y reformara los estatutos de la colectividad que facilitaran la competencia y descentralización.

De ahí en más, el sentido monolítico e integrista de la UDI se ha ido diluyendo, al punto que el año pasado se vieron obligados por primera vez en su historia a realizar elecciones semi-competitivas para elegir a la nueva mesa, encabezada hoy por Coloma.

Estos clivajes son generacionales pero también con una fuerte carga valórica, que se han podido apreciar en distintos debates a partir de temas como la píldora del día después, aborto terapéutico, ausencia de candidato presidencial del partido, estructura organizacional y doctrinaria y tipo de sociedad que debe representar la colectividad.

Con todo, todavía hay algunos que piensan que manteniendo intacto el legado de Guzmán, el partido puede recuperar su rumbo y reencauzarse, pero lo que no han entendido es que la herencia del ex senador murió con él en la tumba, ya que la sociedad sobre la que el fundador UDI diseñó el partido está muy distante a la actual, siendo ahora más laica, liberal y transversal, por lo que reproducir un esquema de esa naturaleza, sólo los puede llevar a replegarse nuevamente a ser un partido minoritario y poco representativo de la sociedad. Un ejemplo muy claro de esta visión son las palabras del diputado Marcelo Forni hace dos semanas al señalar “que nosotros no estamos para legislar por las mayorías”.

En las elecciones de diciembre la UDI tiene un gran desafío por delante, ya que debe intentar preservar su poder en el Congreso, pero son varias las figuras amenazadas, como el propio Forni, Lavín y el hijo del presidente de la colectividad, que de no triunfar, generarán un remezón mayúsculo en el gremialismo y abrirán una fisura que puede desembocar en un desmembramiento amplio que cambie para siempre la fisionomía política del partido, al punto que comenzará una ingente lucha por la sucesión en el poder, donde las nuevas generaciones no están dispuestas a seguir cediendo frente a una ralea de dirigentes que han fracasado en su intento por alcanzar el poder.

De quienes se impongan en esta tremolina dependerá el rumbo que adquiera la UDI, así como la preservación del cada vez más feble legado de Jaime Guzmán, el que puede quedar recluido al cuidado exclusivo de la fundación que lleva su nombre.

Carlos Cuadrado S.

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