• 05/octubre/2009 •

La Universidad y su responsabilidad en el aula escolar

<b>Eliana Rojas</b><br>Asesora Dirección de Postgrado Universidad Metropolitana de las Ciencias de la Educación, Santiago, Chile.

Eliana Rojas
Asesora Dirección de Postgrado Universidad Metropolitana de las Ciencias de la Educación, Santiago, Chile.

Definir competencias profesionales en la formación del docente de aula escolar ha sido, sin duda, uno de los temas más discutidos en el ámbito educativo político y social, en Chile y en el mundo y también ha sido un tema de relevancia en el debate planteado en la Primera Cumbre de Educación: Educadores de Chile en el Mundo”, organizada por la Universidad Central de Chile.

Preguntas con respecto al peso de la validez científica que se debe dar a las prácticas discursivas pedagógicas, en comparación al conocimiento del contenido disciplinario, se respaldan en afirmaciones peligrosas como “basta tener un buen manejo de la disciplina para ser profesor”, especialmente, en áreas como las ciencias básicas.

Sobran los ejemplos de excelentes profesores que no tuvieron una formación teórica en Pedagogía, Psicología o Didáctica. Algunos, han llegado inclusive, a lanzar una cruzada contra las ciencias pedagógicas y se niegan rotundamente a superarse en ese campo, por considerarlo algo innecesario.

Sin lugar a dudas esta “euforia metodológica” ha tenido un impacto casi irremediable en la desvalorización de la actividad pedagógica, o sea, en la devaluación del profesor.

Sin embargo, conocido es el fracaso masivo de jóvenes en los centros de educación superior y en muchos casos también en enseñanza media, especialmente en química, física y matemática, donde quienes imparten la instrucción, son expertos en estas disciplinas mencionadas. El impacto de esta devaluación irresponsable de la actividad pedagógica ha tenido un costo político, social y económico, devastador. La carencia de especialistas científicos y tecnólogos es evidente y alarmante.

Las Universidades alrededor del mundo, incluyendo Chile, asumen entonces esta responsabilidad de mediar los procesos didácticos de entrega de la información disciplinaria y surgen modelos exitosos desde estos centros de educación superior. Vemos hoy facultades de medicina, ingeniería y de artes liberales, entre otras, preocupadas porque sus académicos manejen herramientas de instrucción y evaluación que faciliten el avance de los estudiantes en sus respectivas carreras disciplinarias.

Dentro del proceso de desarrollo del conocimiento a partir de la enseñanza se encuentra el conocimiento pedagógico. El National Council for Accreditation of Teacher Education (NCATE), entidad reconocida internacionalmente por su proceso estricto de acreditación de instituciones formadoras de profesores, enfatiza la importancia de distinguir,reforzar y justificar ambos: tanto el contenido como la pedagogía del contenido.

El impacto que tiene el modelaje de la actividad de entrega y evaluación de los diferentes conceptos disciplinarios es fuertemente apoyado por la investigación. El cómo adquirimos el conocimiento del contenido disciplinario -generalmente impartido por las facultades de ciencias e ingeniería, de las artes y ciencias sociales- y el cómo lo aplicamos en nuestros procesos discursivos didácticos, más tarde, están significativamente relacionados bajo el concepto “enseño como me enseñaron” con consecuencias irreversibles.

En definitiva, la responsabilidad por la actividad pedagógica en el aula escolar, -el cómo entregan y evalúan la información los profesores en el aula escolar – debe ser también responsabilidad de las Instituciones de Educación Superior. La que debe asumir su responsabilidad en la gestión pedagógica al interior de las diferentes disciplinas. Los bajos resultados consistentes de nuestros jóvenes estudiantes en matemáticas y ciencias, tanto como la justificación irresponsablemente aceptada por la ciudadanía de estos fracasos hablan por sí solos.

Eliana Rojas.

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