• 03/octubre/2010 •

La urgencia de una agenda pro capital humano

<b>Ignacio Larraechea</b><br>Economista y Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la U. Central.

Ignacio Larraechea
Economista y Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la U. Central.

En el actual escenario de globalización, las posibilidades de desarrollo de las economías pequeñas y abiertas, como la chilena, dependen fuertemente de su capacidad de movilizar recursos hacia los nichos de mercado de mayor productividad.

En este sentido, es fundamental que Chile logre atraer nuevas inversiones hacia sectores emergentes altamente competitivos. A modo de ejemplo, se estima que, durante el 2010, la industria de servicios compartidos (off shoring) “moverá” US$ 280 billones de dólares en el mundo. Chile ni siquiera se asoma a este suculento “pozo”, teniendo buenas condiciones para hacerlo.

Nuestro gran desafío para entrar a estos circuitos es, desde nuestra perspectiva, en el ámbito de capital humano.

En primer lugar, hay competencias laborales que urge desarrollar de manera transversal en nuestra fuerza de trabajo. Tenemos grandes déficit en la formación para el emprendimiento, en el dominio del inglés y en la formación tecnológica (o técnica) de calidad. Existen varios ejemplos de empresas multinacionales que se interesaban en ubicar en Chile la producción, a nivel mundial, de ciertas partes o piezas y que se desistieron por nuestra débil oferta de técnicos. Las carencias en el manejo del inglés han llegado a ser críticas para el desarrollo de un turismo de punta y para incorporarse a la industria de servicios compartidos.

Probablemente, para superar nuestras debilidades en éste ámbito, sea necesario complementar los actuales mecanismos de formación de capital humano. En este sentido, sería beneficioso estudiar dos tipos de iniciativas. Una de ellas consiste en definir estándares más exigentes de egreso, en especial en la educación superior a nivel de pregrado, en el dominio de competencias genéricas. Por citar sólo un ejemplo, el egreso pudiera estar condicionado al dominio del inglés y de las tecnologías de información, de acuerdo a estándares vigentes a nivel internacional. El otro tipo de iniciativa apuntaría a fortalecer un sistema de información e incentivos para formar , con la debida antelación, competencias técnicas que son requeridas en sectores emergentes. La coordinación entre programas de innovación y las agencias de apoyo a la formación de capital humano, puede resultar vital.

En segundo lugar, dado el dinamismo observado en estos sectores emergentes, es importante que nuestro mercado de trabajo avance hacia mecanismos que faciliten la movilidad. Muchas oportunidades de mejoramiento de productividad y de remuneraciones se pierden por los temores de los trabajadores a abandonar su puesto actual de trabajo.

En este ámbito, el actual sistema de pago de indemnizaciones por años robustece la barrera a la movilidad, dado que la renuncia al trabajo actual constituye un costo adicional para que el trabajador dé el paso.

Es necesario cambiar los incentivos, de manera que el trabajador esté más dispuesto a construir trayectorias laborales que lo conduzcan por una senda de mejoramiento continuo de productividad y, como consecuencia, de su propia calidad de vida.

La agenda de incentivos a la movilidad debería tener como principales pilares el mejoramiento sustantivo de la protección de ingresos en tiempos de cesantía, un mecanismo de apoyo a la formación continua de competencias y, finalmente, un sistema expedito de intermediación laboral, basado en sistemas eficientes de información laboral y de certificación de competencias.

Ojalá que los paradigmas basados en la desconfianza den paso a un diálogo fecundo que facilite dar pasos osados en esta materia.

Ignacio Larraechea.

Publicado: 03/10/2010

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