• 06/septiembre/2009 •

Las ciudades y la cuestión social

<b>Arístides Giavelli</b><br>
Psicólogo y Coordinador de Postítulos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central.

Arístides Giavelli
Psicólogo y Coordinador de Postítulos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central.

De acuerdo con los antecedentes disponibles, no podrá existir una solución a la cuestión social sin el tratamiento integral de la ciudad actual; del mismo modo, no podrá tratarse el tema de la ciudad contemporánea ignorando el tema de la forma en que se impone hoy la cuestión social.

El eje “ciudadanía y ciudad” o “ciudad y ciudadanía”, en cualquiera de los énfasis en que se lo trate, comporta una de las dimensiones claves y acuciantes del mundo que enfrentamos; la forma de solución que logremos determinará el modo de vida y los problemas que debemos enfrentar.

En esta dimensión –donde prefiero acentuar “ciudadanía y ciudad”, por lo que sigue- falta en el esquema de dimensiones actuales de la mundialización, propuesto por Giddens. Y no falta sólo ahí, sino también –quizás por nuestra evidente dependencia intelectual de los modelos ideados en los centros dominantes-, se advierte en los planes de estudio que impartimos y en la carencia de pensamiento apropiado para contrarrestar las consecuencias nocivas que acarrea el desarrollo seguido y para el tipo de vida que pudiésemos desear para nosotros y las generaciones que vienen.

La vida humana urbana se ha asentado en esta “mundialidad”; el modo de vida urbano es consustancial al proceso que conocemos como modernidad, con todas sus particularidades, logros y lacras, consecuencias positivas y perversas. Hoy la población urbana supera el 80% y sigue avanzando; no existe sitio alguno en donde no se instale la urbanidad y el hábitat humano se consolida en lo que se conoce como entorno creado. No existe naturaleza en nuestro entorno, hemos controlado la naturaleza a nuestro arbitrio y ahora debemos bregar con ello.

Las formas de convivencia social que engendra la disposición urbana en las grandes ciudades son conocidas desde los clásicos de los estudios sociales; la mayor cercanía física y la mayor distancia psicológica, la desatención cortés, la instrumentalización de las relaciones, la indiferencia afectiva, el debilitamiento de los proyectos colectivos y el retraimiento hacia la privacidad, parecen efectos insoslayables. Pero la aglomeración gigantesca de población, propia de la época actual, profundiza lo anterior y genera nuevos fenómenos en otra dimensión.

El crecimiento de la urbe actual, muy notoriamente en nuestro país, se extiende y profundiza siguiendo las inmediatas utilidades que genera el mercado. El mercado, en su forma natural de funcionamiento, extiende las distancias, condiciona, refuerza y profundiza la privacidad, es un agente tremendamente efectivo de desvinculamiento social. El mercado es un poderoso factor de “destrucción social”. Hay que agregar que el Estado, ciego ante los efectos deletéreos de esta acción, ejerce una tremenda política social (la vivienda social, por ejemplo), que sigue las condicionantes del mercado y profundiza el deterioro, el colapso del vínculo y del capital social.

La inclusión social se impone como lo más urgente en este contexto. Y podemos apreciar que el derecho a la inclusión no podrá ser resuelto por la economía; tendrá que ser resuelto por la justicia social. Aquí se advierte la necesidad de los estudios sociales actualizados, pertinentes y particularizados. Las ciencias sociales ya constituyen poca cosa en el mundo actual, pero serán decisivos. Lo que impresiona es lo evidente: unas ciencias sociales prácticamente ausentes, una sociedad, pretendida y obligadamente reflexiva, que no puede lidiar con los problemas sociales actuales, y la absoluta y lógica salida: volver a construir el tejido social.

Arístides Giavelli.

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