• 14/octubre/2010 •

Las lecciones de los «33»

<b>Verónica Aranda</b><br>Socióloga de la U. Andrés Bello.

Verónica Aranda
Socióloga de la U. Andrés Bello.

“Estamos bien en el refugio los 33”, fue el primer mensaje que todo Chile recibió dos semanas de búsqueda en la Mina San José. Los mineros estaban atrapados bajo tierra a metros de profundidad, con 35 grados de temperatura y una humedad de 90º, con agua que disponían de un estanque que se utilizaban para enfriar maquinaria y que recolectaron a través de los canales del techo del refugio. En esas condiciones sobrevivían y todo Chile siguió paso a paso las tareas de rescate que recién comenzaban. Hoy ya prácticamente están todos los mineros fuera de la mina.

Esta tragedia, sin duda, nos ha dado lecciones. Tal vez la más importante es las condiciones de trabajo en que se desarrollan ciertas actividades productivas en el país, la manera como se vulneran los derechos laborales, las precariedades condiciones en que muchos obreros de Chile trabajan a diario. Pero también somos testigo de la tenacidad de las mujeres de los mineros, que llegaron y se apropiaron del lugar de la tragedia, demandando a las autoridades a no actuar erráticamente, a no ceder a la posibilidad de que los mineros no estuvieran vivos.

Durante todos estos meses, incansablemente han estado presentes a los pies de la mina, las madres, las esposas, las compañeras, las hermanas, las hijas. Todas mujeres aguerridas, que sin dimensionar aún lo que aconteció en la mina, llegaron hasta el desierto a exigir a las autoridades información. Pero la situación era incierta y al pasar las horas, los días y las semanas las autoridades llegaron a advertirles que en medio de esta catástrofe el porcentaje de que pudieran estar vivos era mínimo.

No obstante, estas mujeres de esfuerzo y trabajo, jamás desertaron, ni dieron paso a la desesperanza. No estaba permitido claudicar en medio de la tragedia, por el contrario, su objetivo era precisamente permanecer y exigir a los dueños de la minera, a las autoridades, al gobierno, que les devolvieran a cada uno de los 33 mineros. Las mujeres se organizaron y en medio de lo inhóspito del desierto, decidieron decirle al país, a los medios y al gobierno, no se moverían de ahí, a menos que la tierra le devolviera con vida a sus parejas, padres y hermanos.

Ahora que los mineros fueron rescatados, es momento de aprender de esta tragedia y exigir condiciones laborales dignas y sobre todo respeto a los derechos humanos para todos los trabajadores de Chile. Lo ocurrido con los mineros de Copiapó demuestra el incumplimiento de la normativa vigente y visibiliza las precarias condiciones laborales de estos trabajadores. Al mismo tiempo, verifica los efectos perversos de maximizar las utilidades, violando el derecho fundamental de los obreros a desempeñarse en condiciones de seguridad.

No dudemos un instante, que al salir cada trabajador con vida de esa mina, la deuda social con ellos será grande. La minera privada San Esteban, tiene la primera e insoslayable responsabilidad, pero también ha fallado el Estado por su falta de fiscalización y por carecer de un sistema de sanciones y multas efectivo. Y es que la mina San José pasará a la historia, como la paradoja trágica de un país con altos grados de crecimiento económico, pero que con personas trabajando en condiciones laborales absolutamente reprochables.

Verónica Aranda.

Publicado: 14/10/2010

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