• 18/enero/2010 •

Las otras lecciones de Haití

<b>Jorge Sanz Jofré</b><br>Analista Internacional, Profesor de Geopolítica, Magíster en Ciencias Militares, Doctor © en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Local por la Universidad de Castellón, España

Jorge Sanz Jofré
Analista Internacional, Profesor de Geopolítica, Magíster en Ciencias Militares, Doctor © en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Local por la Universidad de Castellón, España

Con una mezcla de asombro y pena hemos visto lo ocurrido en Haití.

Desde hace algunos años que ese país, el más pobre entre Canadá y Tierra del Fuego, se nos ha hecho familiar y no es por otra cosa que por los esfuerzos del Estado de Chile por cooperar, con sus Fuerzas Armadas, a la recuperación de Haití como Estado soberano.

No es necesario en esta columna volver al detalle de la historia política de Haití por que de una u otra forma tenemos una visión de ella y la gestión, particularmente, de la familia Duvalier de Edouard Alexis y de Aristide en la situación actual, y aunque nunca es bueno inmovilizarse mirando hacia atrás, en este caso si es necesario considerar algunos antecedentes que nos deben hacer pensar. Desde el año 2008, por ejemplo, el país fue asolado por seis tormentas tropicales que causaron la muerte de más de 1000 personas y afectaron lo poco que existía de infraestructura de carreteras y los avances alcanzados en agricultura; la economía creció cercana a un 1,0%.

A fin de 2008 ya existía más de un tercio de la población en situación de hambre o como se identifica técnicamente hoy, en “inseguridad alimentaria” y si se considera que es un país con algo más de nueve millones de personas, este tercio alcanza a más de tres millones de personas en situación de hambre. Junto a lo anterior, es necesario observar que la fragilidad del tejido social es de tal magnitud que no se puede contar con él para trabajar en la solución de los problemas. Las Fuerzas de MINUSTAH han debido asumir hasta la organización del tejido social más básico de Haití.

Mas allá de la tragedia humanitaria que ha significado el terremoto de Haití, es necesario sacar algunas conclusiones de todo esto y tratar de descubrir el por qué sucede en Haití todo lo que sucede.

Pareciera que lo más fácil (y siguiendo la cultura del vudú que insertaron los Duvalier en el alma haitiana), es asignarle todo al destino, al determinismo geográfico, a la mala suerte o que el demonio se ha ensañado con este pueblo; sin embargo, desde una mirada más lejana podríamos determinar algunas causas para explicarnos tanto desastre y sacar algunas lecciones de ellas.

La primera dice relación con que las instituciones no pueden estar al servicio de una persona aún cuando esa persona crea que tiene el mensaje del Mesías para solucionar los problemas. François Duvalier fue elegido en 1957 como Presidente con el apoyo del Ejército, su campaña de claro corte populista fomentaba la lucha de clases no en sentido económico sino que entre negros y mulatos; esa diferencia aún existe en Haití aunque ha disminuido su intensidad; y de ahí en más fue modificando las estructuras que sostenían a Haití, modificó la Constitución, el Ejército y se reeligió hasta convertirse en vitalicio, delegando el puesto a su hijo.

El hijo crea una fuerza de protección personal y el Estado en Haití se empieza a transformar en una estructura de apoyo personal y de pago de favores que permitieran a un joven de 20 años permanecer en el poder. Todo esto a la vista de la comunidad internacional en una situación de Guerra Fría muy bien aprovechada por Papá Doc y Baby Doc.

La falta de estructuras institucionales serias y el aumento de la corrupción llevaron a Haití a una situación de ingobernabilidad no como producto de una situación política o de lucha política como se conocía en los 60’, sino como consecuencia de una situación social imposible de sostener. Las necesidades básicas de la población no alcanzaban a ser satisfechas y rápidamente Haití, el primer país independiente del continente, se fue transformando en el país más pobre de América y con una estructura política y social demasiado básica y frágil.

Esta débil estructura política y social es lo que las fuerzas de MINUSTAH estaban tratando de reconstruir cuando sobreviene el terremoto que ha ahondado la crisis y le ha permitido a la comunidad internacional observar la lo que es la miseria dura en el continente y lo que significa ser un Estado fallido. Hay dificultades para recibir toda la ayuda y hay dificultades para repartir esa ayuda lo que hace más grave la crisis.

Dentro de toda esa miseria no es posible dejar de mencionar la estatura moral del General Ricardo Toro Tassara; el mismo terremoto que lo puso al mando de las tropas que se encuentran en Haití por el fallecimiento de quienes eran sus superiores, le arrebató a su esposa, poniéndolo en una disyuntiva que sólo un militar con su formación podía enfrentar. Asumió el mando en medio de su dolor personal y en las noches concurre a remover los escombros del Hotel en dónde se encontraba su esposa en el momento del sismo.

Este ejemplo de valor y de estatura moral nos permite también observar hechos políticos con una óptica distinta. Quizás si nuestras FF.AA. no tuvieran la formación que tienen, el sentido del cumplimiento del deber que poseen, el funcionamiento de las Instituciones en el Estado chileno, estaríamos viendo un militar, que por algún mecanismo, abandona su puesto para superar un problema personal y, dentro de lo humano de la causa, probablemente lo estaríamos justificando. Creo que no hemos sido todo lo justos para valorar y destacar el ejemplo del general Toro.

El terremoto de Haití nos debe llevar a observar los acontecimientos políticos y accionar cuando aún es posible hacerlo. Si estudiamos los acontecimientos que llevaron a Haití a la condición de Estado fallido debemos sacar lecciones. El mejor parámetro para esta observación es República Dominicana ubicado en la misma isla de Haití y con una realidad diametralmente opuesta.

La pobreza en América (y África) tiene sus razones más básicas en la falta de Instituciones, en la debilidad de las Instituciones, en la fragilidad o ausencia del estado de derecho y en los personalismos de algunos líderes que capturan los Estados para desarrollar, contumazmente, ideas propias a la vista de una comunidad internacional que no reacciona.

El desastre de Haití nos permite observar a nuestro alrededor sacar lecciones.

Jorge Sanz.

Publicado: 18/01/2010

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