• 11/octubre/2014 • Internacional,Sociedad
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Las violadas de la frontera

<b>Ilka Oliva Corado</b><br> <b>@ilkaolivacorado</b><br> <b>cronicasdeunainquilina.wordpress.com</b><br> Escritora guatemalteca. Inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

Ilka Oliva Corado
@ilkaolivacorado
cronicasdeunainquilina.wordpress.com
Escritora guatemalteca. Inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

Solo el título de este texto es escalofriante, “las violadas.”  ¿Qué le viene a la mente al escuchar esta palabra?, ¿indignación?, ¿preocupación?, ¿miedo? ¿deseos de exigir justicia? ¿Qué pasa por su mente cuando escucha la palabra violación?  Vayamos un poquito más allá: imagine que es su hija, hermana, mamá, compañera, amiga. ¿qué siente ahora que la víctima es cercana?, ¿quiere exigir justicia?, ¿tomarla por su propia mano? ¿Por qué cuando la víctima es ajena y desconocida no nos hierve la sangre y nos indignamos? ¿Por qué la acusamos? La hacemos culpable: ella se lo buscó, para qué se fue, si ya sabe cómo es la frontera para qué se fue, aquí estaba bien en su país comiendo frijoles pero por avara se fue, bueno estuvo que le pasara.

Tanto que se comenta cuando una mujer es violentada sexualmente, todo en contra nada a favor. Si se hace público llega el inaplazable rechazo de la sociedad, de la comunidad y el familiar. Es  una mujer  estigmatizada, marcada, sucia, desvalorizada por intocable y ya no tiene derecho a la existencia de las mujeres puras, así las vemos. Como las impuras. Qué desgracia y qué vergüenza de humanidad somos.

Sigamos imaginando; la abusada es una adolescente, una niña. ¿qué siente ahora?, ¿aumentó su nivel de indignación? ¿Cuál es la acción cuando una persona se indigna, cuando una multitud se indigna? Son nuestras mujeres, nuestras adolescentes, nuestras niñas. No es necesario que tengan el mismo lazo de sangre o afectivo. Son seres humanos a los que se les tienen que respetar sus derechos en cualquier lugar del mundo. Nos puede pasar a cualquiera nadie está exento de un abuso de esa magnitud, nadie sabe en qué momento las circunstancias de la vida lo obligarán a emigrar sin documentos, y le tocará enfrentar las vejaciones de la frontera, ¿cómo quiere que lo trate la sociedad si entre los abusos sufre el de la violación sexual? ¿quieren que se enteren? , ¿lo guardaría en secreto? ¿exigirían justicia? ¿A dónde iría  a exigirla? ¿Qué haría si no le creen? ¿Si la justicia no hace nada y archiva su caso? ¿Si  a cambio recibe una deportación?

El sesgo y la desestima con la que los medios de comunicación manejan los temas de las abusadas en la frontera es de indignación,  hablan de ellas como las pobres diablas, las bajan a un grado de insignificancia como si quisieran llenar la nota solo por cumplir con la exigencia del  tiempo al aire o de los caracteres en una columna. El periodismo profesional y cuestionante, el que enfrenta, denuncia y exige es especialista en desinformar.

En Estados Unidos país de llegada para millones de indocumentados que realizan la ruta migratoria pasando por México que es ya una fosa clandestina, el tema de los abusos es el pan nuestro, no causa revuelo es ya común que la mujer que cruza la frontera haya sido abusada tres, cuatro, cinco y docenas de ocasiones si fue secuestrada  para fines de explotación sexual y lo sobrevivió.  La abusan los coyotes, los traficantes, las autoridades gubernamentales. Las abusan en el camino, en los centros de detención, las abusa La Patrulla Fronteriza. Todos. Todos sacian sus más perversas  fantasías  transgresoras con las indefendibles, injustificables e invisibles para cualquier sistema de justicia en el mundo.

¿Se ha preguntado por qué guarda silencio una mujer cuando ha sido abusada? No, no es porque quiera más ni porque le haya gustado. Piense, tome cinco minutos de su tiempo y piense por qué una mujer prefiere ahogarse sola con las secuelas de una violación y no denunciarla.  Pero, y en la frontera ¿en dónde la denuncia? ¿En el país de llegada donde no existe y si se hace visible es para ser deportada? ¿Qué hace que unas pocas lo denuncien? ¿Usted se atrevería a denunciarlo?

Ahora bien, si el abuso lo sufrió una menor a la que le desgraciaron el resto de su vida, -si la dejan viva- a una adolescente que quedó embarazada a causa de la violación de un puñado de policías, coyotes, traficantes. ¿Se daría tres golpes de pecho y se plantaría en manifiesto para que no aborte? ¿La señalaría de asesina? ¿Y ellos? ¿Para ellos qué pediría a la justicia? A veces nuestra doble moral y mojigatería no nos permite ver lo que es justo y es derecho fundamental. ¿Usted tendría un hijo producto de una violación? ¿Y si es su hija o su hermana la víctima?  ¿Si es la niña de sus ojos la que fue abusada? Así como la niña de nuestros ojos tenemos que ver a los otros, solidarizarnos, sentir su dolor, y hacer hasta lo imposible para buscar justicia y que no quede en impunidad abuso alguno.

Pero, ¿y cómo le hacemos para que esta migración forzada no sea el río de sangre en el que se ha convertido? Ni la inmensa fosa clandestina en todo el trayecto que es ya un viacrucis y toda una tribulación a donde van a dar los desahuciados que el país de origen sacó de sus entrañas dándoles una patada en el culo.

¿Qué hacemos los del país de origen, de traslado y de llegada? ¿Qué hacemos al respecto? Mencionar estadísticas es una falta de respeto, aunque éstas dictan que son las  niñas, adolescentes y mujeres hondureñas las que más abusos sufren en el cruce fronterizo hacia Estados Unidos,  pues su fisonomía es de carne maciza y en jugoso volumen para el negocio de la trata. No olvidemos Melilla, no olvidemos las fronteras del mundo. Para el abuso no hay distinción como tampoco tiene que haberla para la justicia.

La violadas de la frontera podemos ser cualquiera. No esperemos  a que llegue nuestro turno para actuar. Una golondrina no hace verano, he escuchado decir tantas veces a los sumisos, cuando las playas  hermosas las armonizan  granos de arena y los torrenciales más bárbaros  están hechos de gotas de lluvia.

Le dejo un poema para que se lo baje con un trago de saliva espesa.


Amurallar el dolor.

Bajo las sábanas
Esconderlo atrás de la puerta
En el cerrojo
En la sonrisa fingida
En silencio absoluto
Entre las lágrimas heridas
En el mostrador
Dejarlo lejos en la otra esquina
En la oscuridad de la noche
En la sombra
En el temor

Esconderlo sigiloso
Entre las horas
En los cuadernos de la escuela
En la blusa nueva
En la billetera
Esconderlo en el sazón de la comida
En el trapeador
En el asiento trasero del automóvil
En las rondas infantiles
En el color de los textiles

Guardarlo en la bolsa del mercado
En los abrazos
En la reunión familiar
En la pesadumbre del medio día
En la conversación trivial
Encubrirlo con el maquillaje
Con la angustia
Entre el sobresalto
En los pensamientos suicidas
En el pasaje de autobús
En la tarde fría
En la taza de café
En la excusa
En el ruedo del uniforme
Entre las muñecas

En la insatisfacción sexual
En el temor de la caricia
En la fingida primera vez
En el crecimiento de los hijos
En la fallida ilusión
Aprender a ocultarlo con discreción
Esconderlo, disimularlo
Amurallarlo, insistir en encubrirlo
Que nadie se entere de esa violación,
guardarla en el silencio de la secuela,
en la infelicidad,
encubrirla con los años, acostumbrarse a la persecución
A las pesadillas
A la esterilidad
No enfrentarla
No nombrarla
Amurallarla con el dolor
¡Qué nadie se entere de esa violación!


Ilka Oliva Corado

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