• 05/noviembre/2010 •

Los adolescentes de hoy

<b>Loretto Torres</b><br>Directora Psicología Universidad San Sebastián.

Loretto Torres
Directora Psicología Universidad San Sebastián.

Los adolescentes de hoy están expuestos a los cambios propios de la globalización y al uso de las nuevas tecnologías. Crean un nuevo lenguaje de comunicación que les es propio y le otorga sentido a la construcción de su mundo. Ellos crecieron en un mundo conectado a diferencia de los adultos, quienes hemos tenido que ir aprendiendo poco a poco e incluso junto a ellos de estos temas. Esto significa que en algunos casos, la relación del conocimiento se invierte: en algunos temas, como el uso de la tecnología y red social, son más hábiles y tienen mayor conocimiento que nosotros mismos. ¿Cuántas veces hemos tenido que pedirles ayuda frente al PC?

Estos cambios globales también han repercutido en su interior, ya que ellos pueden – en el mundo virtual- tener distintas identidades, cambiarse su género, decir que tienen más años de los que tienen, y así ejercitar distintos modelos de construcción de su identidad personal.

La identidad es el núcleo de las tareas a cumplir por el adolescente. Saber quién soy, qué quiero, cómo me proyecto hacia el futuro, cuáles son mis metas, entre otros aspectos pasa a ser un eje central de esta etapa del desarrollo. Sin embargo, cada una de estas tareas es difícil de conseguir por nuestros jóvenes, siendo una de las explicaciones sociales para entender la moratoria juvenil, vale decir, la prolongación de la juventud más allá de los 30 años.

Ya no es fácil saber qué se quiere de sí mismo en un mundo que es cambiante, flexible y que se caracteriza por la inestabilidad. Nada es para siempre, pero la identidad busca estabilidad, reconocer mis cualidades, quién soy y qué quiero, lo que significa discriminar y reconocerse. Ante este escenario, es muy posible que ellos se enfrenten a estados de tristeza y ansiedad.

Algunas claves para reconocer cuándo estas emociones se transforman en un problema de salud mental son los cambios de conducta bruscos y la frecuencia o reiteración del estado anímico. No es lo mismo estar un día desanimado o triste, que estarlo frecuentemente. En algunos casos no hay que esperar que una conducta se manifieste nuevamente, porque la señal de alarma es de tal intensidad que basta un sólo hecho para preocuparse, como, por ejemplo, la ideación suicida.

La ansiedad y la depresión no se instalan en la adolescencia en el vacío, siempre en su prevención se conjugarán el soporte y apoyo familiar como también el escolar. Las redes familiares y los vínculos significativos con los demás pueden marcar la diferencia en la evolución y pronóstico de los trastorno de la salud mental del adolescente.

Loretto Torres.

Publicado: 05/11/2010

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