• 06/septiembre/2009 •

Los escenarios de Cristina Kichner

<b>Pablo Lacoste</b><br>Instituto de Estudios Avanzados (Idea) - Usach.

Pablo Lacoste
Instituto de Estudios Avanzados (Idea) - Usach.

¿Podrá cumplir Cristina su mandato constitucional de cuatro años, y entregar el poder a su sucesor, el 10 de diciembre de 2011? ¿O se tendrá que ir antes del gobierno? Esta es la pregunta que se hace hoy la Argentina.

Los chinos solían asegurar que, para gobernar, el príncipe requiere tres elementos: el tesoro, el apoyo del ejército y la confianza del pueblo. De no tener los tres, el que resulta indispensable es la confianza del pueblo.

El problema de Cristina Kichner es que ha perdido las tres cosas.

El 28 de junio pasado, en las elecciones parlamentarias de medio término, sufrió una derrota histórica. Como resultado, a partir del recambio de diputados y senadores del 10 de diciembre próximo, el gobierno quedará en una situación muy incómoda. Además, la imagen pública de Cristina se encuentra en caída libre. Según las encuestas, su imagen negativa supera el 70% y la positiva es de poco más del 20%. Las denuncias de enriquecimiento ilícito y la declinante situación económica, contribuyen a deteriorar su percepción.

Las finanzas públicas atraviesan por un mal momento. En el último año, los ingresos fiscales totales han aumentado apenas un 4,2%, en un marco inflacionario de más del 15% anual. Por lo tanto, los ingresos reales se han reducido en más de un 10%, en un país, que, a diferencia de Chile, no tiene ni fondos de reserva de contraciclo, ni acceso al sistema financiero internacional.

La caída de la recaudación ha comenzado a sentirse en todo el país. El gobierno nacional demora el envío de recursos a las provincias para que éstas puedan hacer frente a todas las responsabilidades del sistema federal: ellas están a cargo de educación (escuelas, profesores), salud (hospitales, enfermeros, médicos), seguridad (policía), obras públicas (vialidad), entre otros. Las provincias se sienten cada vez más ahogadas por la falta de recursos, y crecen los rumores del lanzamiento de cuasi monedas, tal como ocurrió hace diez años, cuando cada provincia emitió su propia moneda para pagar a sus empleados y proveedores.

¿Qué va a ocurrir en los próximos meses? El gobierno confía que, a medida que se reactive la economía mundial, aumentará la demanda de productos argentinos, las exportaciones y los ingresos fiscales. Hay una especie de confianza mágica en una salida por este camino. El problema es que los síntomas de reactivación son todavía débiles. Los tiempos de recuperación de la economía internacional son distintos de los tiempos del gobierno argentino. Del nivel de este desacople depende la supervivencia de los Kirchner.

La administración K se ha caracterizado por una fuerte intervención del Estado en la economía. La mayor parte de los servicios públicos están subsidiados. En Chile, el gobierno ha pagado un costo muy alto por el déficit del Transantiago y el aporte del Estado para hacerlo funcionar. En Argentina la situación es parecida, pero de mayor magnitud. No solo se ha subsidiado el transporte público de pasajeros, sino la mayor parte de los servicios públicos, incluyendo muy especialmente la energía. Como resultado, los usuarios domiciliarios argentinos pagan tarifas y precios ridículamente bajos por estos productos.

Además, los K obligaron a las empresas productoras a vender leche y pan por debajo de los costos. De esta forma, han tratado de amortiguar los efectos de la inflación y de deterioro del salario real en la Argentina.

Pero las arcas del Estado están exhaustas. No pueden pagar esos subsidios por mucho tiempo más. En algunos casos, hay empresas que llevan seis meses vendiendo productos debajo de los costos, sin recibir las compensaciones comprometidas. Tanto los molinos harineros como las lecheras se quejan de estos problemas. Y lo mismo ocurre con las empresas de energía. El gobierno ha tratado de sacarse de encima esta sobrecarga de subsidios e intentó, el mes pasado, elevar las tarifas de servicios públicos. Primero se informó a las empresas que el Estado no pagaría más los subsidios, y después se mandó el proyecto al Congreso. Pero cuando los usuarios recibieron las nuevas cuentas, se produjo un fuerte malestar social. Los parlamentarios vieron esta situación en sus respectivas provincias y, al acudir al Congreso, se negaron a apoyar el proyecto del gobierno. Abandonado hasta por sus propios legisladores, el gobierno K se vio obligado a retroceder, retirar el proyecto, y dejar sin efecto los aumentos de tarifas.

Estas marchas, contramarchas, esta asfixia de recursos estatales, se producen en un contexto cultural de reiteradas noticias desagradables para los ciudadanos. Un día es el enriquecimiento injustificado de los Kirchner. Otro día, son los 150 millones de dólares que el gobierno sí tiene para estatizar las transmisiones televisivas de los partidos de fútbol. Después se conocen los gastos desorbitados en aviones de lujo privados para las comitivas oficiales.

Se está produciendo, entonces, una dicotomía muy peligrosa: el pueblo advierte que el gobierno nacional no tiene recursos para pagar los gastos comprometidos con las provincias y que se van a terminar los subsidios; pero sí hay recursos para los intereses y caprichos de la pareja presidencial.

En este contexto, la imagen de la presidente se deteriora cada vez más. La confianza pública se pierde, día a día. Y los recursos fiscales se van agotando. ¿Hasta cuando se puede dilatar esta situación?

Como la confianza del pueblo en el gobierno es muy baja, no hay mucho margen para “pedir sacrificios”. Por lo tanto, se está incubando una situación muy complicada. Apenas se terminen los recursos para seguir subsidiando los servicios públicos y para pagar los sueldos de la administracion del Estado, se puede generar una tensión social muy fuerte.

Si no se produce un rápido resurgimiento de la economía internacional, y suben los ingresos públicos del Estado argentino, es muy posible que el malestar social comience a ganar las calles. Y a partir del 10 de diciembre, con el Congreso fuera del control oficial, no sería extraño que se produzca un escenario muy complicado, con la salida anticipada del poder por parte de Cristina K.

Pablo Lacoste.

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