• 07/agosto/2011 •

Los raviolis que aquejan a nuestra sociedad

<b>Guillermo Holzmann</b><br>Magister en Ciencia Política. Director Area Estrategia, Prospectiva, Seguridad y Defensa Analista Político. Socio - Director ANALYTYKA Consultores. Presidente Capitulo 233 ASIS Internacional.

Guillermo Holzmann
Magister en Ciencia Política. Director Area Estrategia, Prospectiva, Seguridad y Defensa Analista Político. Socio - Director ANALYTYKA Consultores. Presidente Capitulo 233 ASIS Internacional.

MMM raviolis…. ¡De tan sólo escuchar esa palabra mi apetito se hace latente! Es increíble pensar que dentro de este plato podemos encontrar una diversidad de elementos que entregan un resultado equilibrado y capaz de entregar la satisfacción plena a los paladares de cualquier persona que guste de la buena mesa. Ahora bien, para obtener el resultado deseado es necesario que los elementos componentes de esta preparación sean bien elaborados. Lo anterior implica, por ende, que el encargado de cocinarlos tenga claro cómo se deben hacer y en qué proporciones se tienen que amalgamar los ingredientes.

Este trabajo de alquimia gastronómica requiere de un cocinero entregado a comprender los aliños necesarios para la sazón, el relleno pertinente y la calidad y textura de una salsa complementaria. Sin perjuicio de lo anterior, no se puede dejar de mencionar que las recetas siempre pueden ir variando lo que nos lleva a inferir que aquél equilibro buscado puede ser el resultado de múltiples variaciones que estén dentro de los márgenes estipulados en una receta base. Es decir, el talento del Chef se pone a prueba cuando pretende entregar a sus clientes un buen plato de Raviolis.

Por otro lado, el escenario sociopolítico nacional se encuentra sumamente convulsionado. Las protestas estudiantiles persisten. El descontento entorno al área de educación pareciese no tener punto de quiebre y, adicionalmente, las manifestaciones en contra del sistema de transporte metropolitano se hacen cada vez más notorias. Aparentemente, esto no para y gradualmente se están sumando más actores que claman por mejoras en sus respectivas áreas. Consecuentemente, los antecedentes nos llevan a preguntarnos ¿Qué sucede en nuestro país? ¿De qué manera se pueden solucionar las problemáticas que afronta el gobierno? ¿Qué rol juega la Concertación? Y por supuesto ¿Qué relación guardan los raviolis con el clima político chileno?

Ya lo he mencionado en otras ocasiones; el universo gastronómico da para mucho. Las adaptaciones culinarias son posibles gracias al talento que pueda tener el Chef y éste puede adornar sabores, esconder ingredientes o mejorar recetas. El punto de conflicto se hace manifiesto cuanto todo tipo de reforma que se efectúe no esté a la altura de la calidad demanda por sus comensales. Me da la impresión que la oferta político-gastronómica de nuestra nación se encuentra en crisis. Este contexto abarca desde el oficialismo, hasta la oposición y claramente ni uno de dichos actores han sido capaces de comprender la realidad de los paladares de la ciudadanía que se ha tornado más sibarita (o por lo menos así se nos hace saber).

Los raviolis deben tener una masa que pueda contener su relleno. De no ser así los ingredientes que le dan el apellido a este plato se esparcerían dejando un suerte de pasta insulsa. El relleno, por su parte, debe tener textura, potencia e intención para que cuando se deguste la pasta podamos saber qué estamos comiendo. ¡Ojo! La salsa es un factor de suma relevancia, ésta debe tener la capacidad de unificar cada ravioli y apaciguar los sabores para lograr un plato propio de la cultura itálica.

He aquí el punto de encuentro (o de desencuentro) con nuestra realidad política. Los raviolis que propone el equipo de cocina de la Coalición por el Cambio no están dando los resultados buscados por el Chef Piñera. La masa no se está trabajando adecuadamente ya que no es capaz de englobar el relleno de las propuestas educacionales, vale decir, la manera de negociar y proponer es débil y no puede contener pertinentemente a los actores involucrados. Sin lugar a dudas, los rellenos que quieren dar pie a la receta tampoco tienen la sazón adecuada para orientar el plato con un nombre bien definido. El acuerdo GANE, las 21 propuestas elaboradas esta semana, entre otros, se han visto sistemáticamente rechazados por los gremios estudiantiles. Su salsa (la forma de comunicar a la ciudadanía) responde a un patrón jerárquico que ha sido característico de un gobierno que no logra comprender que su gestión debe ser menos impositiva.

No pretendo entablar una relación continuamente crítica hacia el gobierno. La Concertación tampoco ha logrado dar con una receta concreta. Sus vaivenessólo han demostrado su incapacidad de cambiar una receta que durante muchos años le hicieron el quite. La falta de cohesión y estrategia aliada en materia política sólo hacen irrisoria las gestiones poco claras que pretenden hacer. Un día piden reunión con el presidente, al otro se bajan para dar paso a la integración de más agentes. Dicho al revés, esta coalición política debería pasar a llamarse Desconcertación de partidos por una alicaída Democracia. Sus raviolis enajenarían hasta a Benny, quién probablemente los invitaría a enchufar de una vez por todas.

Hace un par de párrafos atrás mencioné que los comensales sociales posiblemente están más exigentes. Eso es un hecho y me atrevo a afirmar que es necesario para que una democracia avances dentro de una lógica ética y transparente. Sin embargo, los requerimientos de algunos grupos se han tornado cada vez más intransigentes contrarrestando, consecuentemente, a toda posible solución a los conflictos que aquejan a nuestra sociedad. No soy médico ni pretendo serlo, empero con las actitudes que muestran algunos comensales, podrán estar mostrando síntomas de una enfermedad ligada a pastas, puede que los estudiantes sean celiacos (enfermedad que se le atribuye a la resistencia al gluten; condición propia de las pastas).

Hace un par de días fuimos testigos del resultado de la última encuesta ADIMARK. Ésta muestra los resultados de la baja histórica que tiene tanto el Chef Piñera como su gobierno. Asimismo, la Concertación tampoco ha incrementado su nivel de aceptación. Por su parte, el poder Legislativo también tiene resultados alarmantes, lo cual nos lleva a pensar que la clase política de Chile está inmersa en una crisis de representatividad sin precedentes. Nuestra democracia está en juego y si no se logra dar con la receta adecuada para cambiar de raíz e implementar una política de Estado, que trascienda a cualquier color político y temporalidad de gobierno, el conflicto podría pasar a un estado de crisis donde las salidas, en estos casos latinoamericanos, no son muy alentadoras.

La interacción de los agentes sociales es menester para englobar un sistema en jaque y de no comprenderlo, nuestros raviolis no darán en el punto adecuado. Lo que más me asusta, en este caso, es que dadas las condiciones que se están dando, no me impresionaría ver que la próxima salida es que nos sirvan un puré extraño, sin sabor definido donde la guerra de comida sea la principal característica dentro de este juego político.

Guillermo Holzmann.

Publicado: 08/08/2011

(Colaboración de Philippe Weldner-Wildner)

Editora: Loreto Ibáñez Fontan.

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