• 24/diciembre/2009 •

Los votos que le faltaron a la Concertación

<b>Rodrigo Larraín</b><br>Sociólogo, académico pre y postgrado en las Facultades de Ciencias de la Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Central. Tiene una Maestría en Ciencias Sociales, una Licenciatura en Educación, un post-título de Administrador e Investigado

Rodrigo Larraín
Sociólogo, académico pre y postgrado en las Facultades de Ciencias de la Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Central. Tiene una Maestría en Ciencias Sociales, una Licenciatura en Educación, un post-título de Administrador e Investigado

Al contrario de lo que pueda parecer, el electorado chileno es bastante estable: en presencia de un solo candidato de derecha, los electores de esa posición alcanzan el máximo histórico obtenido por esa tendencia, el resto del colegio electoral se reparte en tres candidatos, por lo que se observa un simple realineamineto al interior de las fuerzas progresistas. Se puede apreciar, ciertamente, que la candidatura de Arrate, autodefinida como de izquierda, no la representa, puesto que ésta históricamente siempre ha obtenido alrededor de un tercio de los votos. Por lo que es posible concluir que hay un voto izquierdista en Frei y, probablemente, mucho en Enríquez Ominami. La pregunta central es por qué Eduardo Frei no pudo retener el voto de la izquierda que siempre se alineó dentro de la Concertación.

Creo que el candidato de la Concertación fue castigado por la acumulación de errores concertacionistas y por los suyos propios. La excesiva cupulización de los partidos que abandonaron a sus bases, llegándose en en algunos casos vergonzosos a que la dirigencia de una depende casi totalmente en lo económico de su jefe, el desconocer sistemáticamente programas, acuerdos y compromisos explícitos formales (como acuerdos firmados) y otros de carácter simbólico (como actuar en contra de la historia y doctrina partidaria), el negarse a reconocer errores ( como el del expresidente que aprovecha la franja para presentar como un logro la gran humillación a los santiaguinos), entre muchos desaciertos. Pero quizás lo más importante es la sensación que la Concertación –y en general los políticos– actuan para su propio beneficio y el de los poderosos y que, sino fuera así, no tienen interés en aclararlo.

Entre las principales renuncias ideológicas de la Concertación están las privatizaciones de las sanitarias, del mar, lanzando a los pescadores artesanales al desempleo, la privatización de los puertos y, lo más impresentable, la privatización de lo que quedaba de generación eléctrica. Fue Eduardo Frei quien comenzó con las privatizaciones que ni siquiera Pinochet se atrevió a hacer. A lo anterior hay que sumar el tratado minero con Argentina y sus efectos en la soberanía del territorio con minas y el daño ambiental en el lugar (con la destrucción de las comunidades asentadas en ese lugar, que se han quedado sin agua, sin glaciares y sin sus formas tradicionales de vida). También la fiebre por las concesiones, como son cárceles, carreteras, hospitales y, debido a Arrate, el financiamiento compartido en educación.

Pero la minería y la Concertación y Frei tienen un capítulo mucho más penosos, Codelco y su soterrada privatización. Al inicio de la administración Frei se vendió la mina El Abra y se traspasó más tarde varios miles de hectáreas a mineras extranjeras, se privatizó el puerto de Ventanas y las eléctricas ligadas a la minería (Coya, Pangal, Tocopilla), los Talleres de Rancagua, etcétera. Por eso que es sospechoso intentar derogar la Ley Reservada del Cobre para las Fuerzas Armadas, lo que está bastante avanzado en el Congreso, pues así se puede vender Codelco. Esta última idea la expresó un Vicepresidente de Codelco, Juan Villarzú, y nadie hizo el escándalo que suscitó la idea de Enríquez Ominami de vender sólo el 5%. Eso en cuanto a Codelco, pero la minería privada ha contado con el alegre aporte de los gobiernos concertacionistas que les han regalado lo que es de todos. Sí, porque las transnacionales mineras se han llevado el cobre sin pagar prácticamente impuestos (obtuvieron alrededor de 20 mil millones y muchas de ellas han declarado pérdidas por años para no pagar impuestos) y se les aplicó un royalty irrisorio que intentaron hacer pasar como impuesto. Quizás si por eso, los “Mineros de Chile” –es decir Codelco más 16 transnacionales mineras– avisan juntos, como prefigura de la privatización final de la minera estatal. En suma, se ha desnacionalizado el cobre.

Pero Frei también reprueba en derechos humanos. Se recuerda su negativa a recibir a la Asociación de familiares de Detenidos Desaparecidos; pero eso es nada en comparación con el acuerdo Figueroa-Otero que legitimaba la ley de amnistía y que, de haberse aprobado, impedía los jucios sobre los años 73 al 78. Se recuerda el exceso de empeño para traer a Pinochet de regreso a Chile, pero se olvida que se desconoció la calidad de funcionario internacional de Carmelo Soria, lo que se tradujo en una amnistía para sus asesinos.

Así que el desafecto de los tradicionales electores de la Concertación tiene sus causas en la inconsecuencia de sus dirigentes que fueron hegemonizados por el proyecto neoliberal de sus adversarios. Sin embargo, quizás sea posible recuperar algunos votos

Cuando participé en la Comisión Programa Concertación II, quedamos con la convicción que habíamos redactado un gran programa, realista y adaptado a los tiempos; pero también que había un programa implícito elaborado por los amigos del candidato, el mismo de hoy, y que a lo más se le incorporarían los aportes de algunos de los más influyentes líderes partidarios de la Concertación. Del programa de la candidatura, nada. Hoy, a través de un acto cargado de simbolismo, un “mea culpa” y, como sugiere un colega, mediante un Estatuto de Garantías quizás sea posible volver a votar por la Concertación. Debe quedar claro, como en el estatuto exigido a Allende, lo que no se hará, por ejemplo, no privatizar el Metro, Codelco, impedir la flexibilidad laboral, defender las indemizaciones por años servidos, no eliminar el salario mínimo, no ahogar a los medios independientes al negárseles la publicidad, no acortar las carreras universitarias pues los pobres requieren trabajar no posgraduarse, no reprimir brutalmente las protestas, etcétera. ¿Es demasiado? Claramente no, pues mientras había elecciones se ha privatizado el mar para salvar a los salmoneros.aumentar la flexibilidad laboral, reducir los impuestos, eliminar el salario mínimo, terminar con las indemnizaciones por años de servicio.

Como se ve, se trata solamente de no traicionar la Concertación, esa de los electores del plebiscito y de las votaciones posteriores, no la de las cúpulas. Un comentario final: Querer que la popularidad de la Presidenta pase al candidato Frei es imposible, una persona que goza de una popularidad del 80% y dada la estructura de votación chilena, tiene un macizo apoyo de la oposición y ésta tiene su propio candidato. ¿Que obvio, no?

Rodrigo Larraín.

Publicado: 24/12/2009

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