• 29/abril/2010 •

Maremoto en el “país de abajo”: escenas posmodernas de las dadivas empresariales

<b>Alejandro Díaz</b><br>Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Alejandro Díaz
Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Habermas, Rosanvallon y otros intelectuales muy socorridos académicamente, que defienden una sociedad activa, han sido especialmente prolíficos paras sostener que el Estado debe disminuir su control sobre la sociedad. Han argumentado y han impuesto un peso de sentido común en la cátedra universitaria, respecto de que las políticas sociales deben ser responsabilizadas al propio mercado y devueltas a la interioridad de la propia familia. El terremoto nos encuentra como sociedad y Estado, capturados por esta concepción. Se ha preconizado entonces una pluralidad de agentes para desarrollar las políticas sociales, que serian mucho más eficientes que las tradicionales políticas sociales universales, constructoras de derechos de ciudadanía.

Los resultados de tal concepción, están a la vista. Por décadas, la dictadura y los gobiernos de la concertación han desarrollado la subsidiariedad y la complementariedad como efectivos mecanismos de privatización de las políticas públicas. Se podrá señalar, para el caso de Chile, que éste cuenta con una efectiva red de protección social. Pero el terremoto ha desnudado la precariedad de esta “red de protección social”, revelándose como lo que es: una practica clientelizada de bonos y subsidios que no aseguran derechos colectivos. El bono marzo o la última enfermedad incluida en el plan auge se revelan medidas raquíticas frente a la necesidad de protección masiva, colectiva e integral que enfrenta hoy día la población por la carencia de políticas públicas estatales que permitan proteger los derechos sociales de los asentamientos humanos colapsados por la tragedia del terremoto y del maremoto.

El Estado se reveló carente de toda función en los lugares de la catástrofe. No existía, no existió, y aún hoy, a casi dos meses del terremoto, es un Estado que carece de de gobernabilidad y legitimidad en aquellos territorios. Y la situación va empeorar. El brasileño Francisco de Oliveira, llama este fenómeno: totalitarismo neoliberal, que consiste en propiciar un vacío de la esfera pública por la privatización de los negocios públicos, que va de la mano con el proceso de silenciamiento de los sectores populares. Existiría, como dice Boaventura de Souza, un “fascismo pluralista”, que busca permanentemente la disolución del componente político de la sociedad para ser remplazado por el conciliábulo de unos pocos.

Pero esto no es todo. El terremoto se instala en el momento cultural culmine del neoliberalismo en Chile. Es decir, en el momento en que un autodenominado centro progresista de izquierda le cede graciosamente la dirección del aparato estatal a un nuevo grupo de comando financiero de derecha. No hay contradicción vital entre uno y otro. Los dos tendrán que ponerse de acuerdo para rápidamente instalar en el aparato de Estado una pieza ortopédica para que se haga cargo de las consecuencias sociales, culturales y psicosociales del terremoto. Y de allí no pasarán. Aquellos que piensan, que de estos acontecimientos, debiera emerger una nueva CORFO, esperarán en vano. Los territorios del terremoto son territorios colonizados por Santiago, como ciudad primada dominante y centralista. Y Concepción hace tiempo que fue relegada a ser un centro de servicios de un territorio forestal. O pesquero. O con alguna “ventaja comparativa”.Pero no mas. El terremoto no puede cambiar eso. Y el terremoto no cambiará la centralidad de la ciudad dominante Y en el lugar central de esta ciudad dominante, estará instalado el nuevo comando financiero del poder neoliberal. El centro ya no estará en el centro de Santiago sino que estará en el centro de Las Condes, lugar residencial de esta nueva clase, media bruta… pero con plata .

Tengo ante mi un texto de Poepigg que en su viaje por Concepción relata los efectos de de las guerras civiles de 1810 y años siguientes. Otros viajeros señalan que en tiempos de terremotos se ven fuegos nocturnos en los cerros circunvecinos a Penco. El diario de hoy, señala que en Concepción han comenzado las lluvias y que las carpas ya no resisten. Evidentemente las catástrofes desnudan la condición colonial interna de todo el “país de abajo”. Esta es nuestra cuestión social, infinitamente renovada, pero siempre la misma. El autoritarismo emergente de Portales ya había establecido el centralismo de Santiago como núcleo oligárquico después de la mal llamada independencia. Entre medio, los muertos de Lircay y los muertos de Pincheira, habían quedado en el camino como muda protesta. Y los pobres serian de ahí en adelante responsabilidad de las divinas responsabilidades.

Casi doscientos años mas tarde, el nuevo liberalismo del siglo XXI, encargará a otras almas caritativas la construcción de mediaguas…pero previa: teletón dadivosa. Martillos y clavos para un Techo para Chile. En el vacío existencial quedará danzando la “Ficha de Protección Social”. Más allá, unos pobladores de las costas de Concepción, soplan el fuego de su carpa rusa, con el tablero del “programa puente” .Solo que ya no hay puentes que cruzar. Ni metafóricos ni…reales. La asistencia social ha sido privatizada. No hay demanda social. El pueblo soporta la lluvia en santa paz. El “zafrada” cuenta a las pantallas plasmáticas de todo Chile que le cuesta 2000 pesos diarios alimentar el caballo que le regalo el presidente El peso de la noche sigue estando entre nosotros.

Alejandro Díaz.

Publicado: 29/04/2010

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