• 09/septiembre/2009 •

¿Más o mejor Estado? Mejor, más transparente…

<b>Aldo Cassinelli</b><br>Administrador Público y académico de la Universidad Central.

Aldo Cassinelli
Administrador Público y académico de la Universidad Central.

El Estado es, en esencia, un actor político, económico y social. En función de esas dimensiones es que resulta necesario hacer su análisis, más aún, cuando lo que se plantea es una revisión de su matriz relacional y del espacio que ocupa en el contexto societal, producto de una transformación del modelo de desarrollo imperante.

¿Por qué lo anterior?. Porque el Estado moderno resulta ser una de las organizaciones más complejas que conocemos en la actualidad: está compuesto de una multiplicidad de reparticiones y agencias, los bienes y servicios generados son variados y, en su organización, se da el principio de recursividad.

Por lo anterior, conformarse solamente con señalar lo importante que es contar con un “Estado Protector” –frase en sumo manoseada- no basta para aquellas personas que demandan de su apoyo, sino que también se requiere que las decisiones que al respecto se adopten sean implementadas con eficiencia y oportunidad.

No debemos olvidar, además, que el Estado aún posee varias empresas y tiene participación en otras tantas, las cuales deben ser gestionadas de la mejor manera posible y no constituirse en un lastre para su desarrollo. Lo anterior, no pasa porque todas deban tener rentabilidad económica, pero sí reconocer y explicitar su rol social irrefutable. Para lograr esto, el debate no debiera estar enfocado en más o mejor Estado. Lo que sí resulta fundamental es la transparencia.

En este desafío, ya se han dado algunos pasos. La transformación del Estado ha dado como resultado la creación de nuevos mercados en áreas que antes estaban bajo el alero total del sector público y para ello se han debido crear y desarrollar nuevas agencias (superintendencias) que se encarguen de la regulación y supervisión, lo que ha generado nuevas formas de relación entre los individuos y las organizaciones.

El actual Consejo para la Transparencia, ha dado cuenta de una demanda de información al Estado y de saber en qué se utilizan los recursos públicos. Lo más llamativo ha sido lo relativo a las remuneraciones y honorarios, extendiéndose también a las empresas públicas.

Lo anterior no es menor, si consideramos que la gobernabilidad la entendemos ligada a la eficiencia de los gobiernos, en cuanto a su gestión, y ello tiene efectos sobre las prácticas democráticas de la sociedad. Por tanto, aquellas agencias que cuentan con mayor autonomía que las llamadas tradicionales debieran evaluarse en tanto el aporte que hacen a la eficiencia en los mercados que participan.

Estas transformaciones no son neutras y, como todo cambio, generan tensión y conflicto, los cuales pueden agruparse en tres áreas: la primera, relaciona control enfrentado a la autonomía; la segunda, está dada entre la responsabilidad y la transparencia enfrentada a la eficacia y efectividad; por último, está la legitimidad frente a las habilidades y los conocimientos especializados.

Estos elementos, que al parecer resultan teóricos, pueden ayudar en momentos en que una oleada reguladora recorre el mundo producto de la crisis económica, cuando hay ausencia de mecanismos de regulación de ciertos mercados o cuando nos enfrentamos a la incompetencia de las agencias encargadas de efectuarlos.

Aldo Cassinelli.

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