• 12/noviembre/2018 •

Más que nuevas leyes falta sentido común

<b>Silvia Torres Giagnoni</b><br>
Directora Quórum Comunicaciones

Silvia Torres Giagnoni
Directora Quórum Comunicaciones

Hace unos meses hizo polémica en la prensa la absolución de un detenido por un “alunizaje” porque el término se refiere a un hecho “aeroespacial”, en palabras del juez, y no a un delito que pueda cometerse en la Tierra. Esto, pese a que el mismo juez plantea en la sentencia que los antecedentes “permiten concluir, sin mayores esfuerzos, que estamos en presencia de un delito de robo en lugar no habitado”.

¿Imprecisión lingüística en la imputación de los cargos por parte de la Fiscalía? Quizás. ¿Falta de sentido común del juez? Sin duda.

Como sea, la reflexión a la que nos lleva este caso es lo nefasto que resulta para nuestra sociedad vivir en un país donde la justicia requiere tal nivel de precisión y exactitud terminológica y conceptual que nada se resuelve sin una ley ad hoc, olvidando que contamos con un ordenamiento jurídico más allá de las leyes que lo conforman.

Hoy discutimos un escenario en que una persona encapuchada que violenta un establecimiento educacional y agrede y lesiona a otros, no puede ser objeto de expulsión inmediata, porque no hay una ley ni reglamento que así lo especifique.

Mientras no se tipificó el femicidio aparentemente no existían normas suficientes para sancionar a los hombres que mataban a mujeres. Hasta antes de la Ley Emilia las personas que mataban a alguien conduciendo en estado de ebriedad, no iban presas.

¿Qué nos pasa? Si ladra como perro, tiene forma de perro, come y lame como perro, pero no hay una ley que diga que lo es, entonces ¿no es un perro? Un penalista dirá que la seguridad jurídica requiere de tipificación expresa, lo que es correcto, pero estamos extremando a tal nivel este criterio que lo que tenemos es incerteza para la mayor parte de la ciudadanía, que no comete faltas ni delitos, y que espera justicia.

Y aunque es innegable que para impartir justicia los jueces requieren de buenas leyes, de reglamentos y presupuestos para su aplicación, de autoridades, fiscales y ciudadanos que colaboren, no podemos permitir que la falta de ello sea excusa para que tanto las víctimas como la sociedad en su conjunto sean testigos de cómo se deterioran las instituciones cuando la autoridad no se ejerce, los fallos no se respetan y los delitos no se castigan.

 

Silvia Torres
Directora Quórum Comunicaciones

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