• 10/abril/2017 •

Miedo

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
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Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

Da miedo la idea de un país dirigido por personas que parecen verlo todo negro, que no tienen el optimismo necesario para mejorar las cosas y que creen que los problemas se arreglan arrebatándoles a unos para darles a otros.

Preocupa la posibilidad de que el país caiga en manos de quienes tienen la tendencia de culpar a los demás de todos los males, sin asumir su cuota de responsabilidad, ya sea por acción u omisión.

Es inquietante que exista un cierto margen de probabilidad que sea el rencor y no el amor el que oriente las decisiones, como si el odio fuera una fuerza capaz de movilizar a las personas para construir un futuro mejor; que el vaso se vea siempre más vacío que lleno porque sería un agravio a los que han mejorado su calidad de vida de una forma que las nuevas generaciones no pueden imaginar.

No puede ser que la ignorancia y la ramplonería se constituyan en las reglas para medir las acciones, que la ley del mínimo esfuerzo impere en las iniciativas que deben ayudar a que la gente logre mejores condiciones de vida. Ni la competencia desenfrenada ni la envidia son instrumentos para hacer las cosas bien. Se necesita ver el vaso medio lleno para seguir completándolo, pero si vemos las cosas siempre en negativo, con una perspectiva pesimista lo único que se obtiene es contagiar un ánimo decaído del que no se obtiene la energía necesaria.

Es cierto que hay muchos problemas, que hay desigualdad en muchos planos, discriminación y abusos pero esas situaciones se resuelven afrontándolas con seriedad, responsabilidad y decisión. Los lamentos no sirven para construir, sino que hacen perder el tiempo y la convicción.

Se requieren personas inteligentes, piadosas y sabias que sepan qué sirve y qué puedan distinguir el error sin estar experimentando con soluciones de moda a costa de la gente. Se necesitan líderes capaces de entendimiento, con un sentido humanitario de la sociedad, que no se confundan con las rigideces que proporcionan las visiones sectoriales y sesgadas.

Necesitamos una conducción sin miedo, con la capacidad de contagiar entusiasmo por hacer bien las cosas y que la gente no se vuelque al cuestionamiento permanente que no conduce a nada. La crítica sana es bien recibida, y más si contiene propuestas, pero las burlas que sólo buscan causar daño y que sean otros los que puedan cumplir sus responsabilidades es un acto de irresponsabilidad e incluso antipatriótico, y en eso hemos venido precipitándonos como sociedad, consciente e inconscientemente.

 

Andrés Rojo Torrealba

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