• 18/julio/2009 •

Mineduc y el discriminatorio combate al bullying

<b>Rolando Jiménez</b><br>Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

Rolando Jiménez
Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

La violencia escolar es una cruda realidad presente en las aulas que afecta la dignidad y la estabilidad física y emocional de los estudiantes, siendo el caso más reciente el que dañó a un alumno transexual de 16 años del Liceo A-14, Libertador General José de San Martín, de la comuna de Santiago.

El estudiante fue golpeado por un grupo de compañeros sólo por ser distinto, siendo co-responsables de este cruel atropello su Liceo y también el Ministerio de Educación (Mineduc), toda vez que el bullying es el resultado de la carencia de políticas integrales para conocer y comprender la diversidad de procesos y personas que son parte del sistema de enseñanza-aprendizaje.

Y es que el combate al bullying no pasa sólo por sancionar a sus responsables directos, sino también por una educación multidisciplinaria que en el caso de los atropellos contra quienes son identificados como lesbianas, gays, bisexuales o transexuales, requiere necesariamente de una comprensión acabada de las diversas orientaciones sexuales e identidades de género.

Justamente este aspecto ha sido el menos abordado por la ministra de Educación, Mónica Jiménez, pese a continuas propuestas y llamados de la sociedad civil organizada para combatir un cruel fenómeno que provoca en casos extremos sentimientos suicidas, muchos de los cuales terminan con la vida de nuestros niños, niñas y jóvenes.

Un estudio sobre bullying homofóbico efectuado por el Movilh, arrojó que el conocimiento sobre homosexualidad y transexualidad entre apoderados, docentes y estudiantes es casi total, siendo estos mismos actores, de acuerdo a la investigación, los que reclaman una educación desprejuiciada y clara sobre las diferentes formas de vivir la sexualidad.

Bajo el gobierno de Ricardo Lagos esta situación se comprendió ampliamente, a un punto que fue considerada en el Plan Nacional de Afectividad y Sexualidad, una iniciativa que partió el 2005 y que debía extenderse hasta el 2010, pero que la ministra Jiménez abortó, sin dar ninguna explicación de las razones de ello.

El retroceso sobre lo conseguido en el pasado gobierno es alarmante. Mientras el ministro Sergio Bitar repudió públicamente toda expresión del bullying, incluida la que afecta a las minorías sexuales, Mónica Jiménez nada ha dicho sobre este tipo de atropellos.

Se aprecia así un combate discriminatorio y selectivo del bullying pues la misma insensibilidad e indiferencia no ha mostrado el Mineduc cuando los alumnos han sido dañados en razón de su raza, etnia, condición de pobreza, discapacidad o embarazo adolescente.

Al parecer para la ministra hay tipos y tipos de bullying, donde unos requieren de su rechazo público y donde otros, los padecidos por las minorías sexuales, no sólo carecen de políticas públicas, sino que de intervenciones masivas, restringiendo toda respuesta al plano privado y evitando cualquier pronunciamiento mediático que es obligación de la autoridad emitir para contribuir desde el ejemplo concreto a la prevención de los atropellos. En otras palabras, nos encontramos frente a una autoridad cuya percepción es la existencia de estudiantes de primera y segunda categoría, una postura que violenta derechos humanos básicos.

En síntesis, bullying padecido recientemente por un estudiante transexual es fruto de la ignorancia y el prejuicio, de la falta de educación y debates que deben propiciar las autoridades y profesores, siendo insuficiente toda asesoría o acompañamiento en el caso a caso, ya que fenómenos como el descrito no se enfrentan apagando una y otra vez incendios, sino que previniéndolos con una educación amplia que requiere partir desde la niñez. Al final de cuentas, es absurdo pedir a un estudiante que no discrimine, sino comprende, ni entiende la diferencia y diversidad que lo rodea.
Rolando Jiménez

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