• 17/noviembre/2009 •

Misiles, espías e impaciencia

<b>Cristián Garay Vera</b><br>
Académico e investigador IDEA-Usach. Doctor en Estudios Americanos con Mención en Relaciones Internacionales, Universidad de Santiago de Chile.

Cristián Garay Vera
Académico e investigador IDEA-Usach. Doctor en Estudios Americanos con Mención en Relaciones Internacionales, Universidad de Santiago de Chile.

En lo que constituye una suerte de ritual, nuevamente las relaciones chileno-peruanas están tensionadas por una denuncia impactante cual es que un suboficial peruano, Víctor Ariza, habría sido contactado por entre 5000 a 9000 dólares al mes para entregar información acerca de la FAP (Fuerza Aérea Peruana) y sus planes de renovación. Se ha sindicado, todo ésto por medios de comunicación social, a dos presuntos oficiales chilenos. Desde la cumbre de la APEC el presidente Alan García ha llamado a consultas al embajador peruano en Santiago – y ha regresado sin efectuar una prevista reunión con la Presidenta Bachelet, y luego a suspendido de mutuo propio una visita de su Ministra de Producción Mercedes Araoz para explicar su idea de un pacto de no agresión, trasmutado ahora en cooperación. Para mayor intensidad a la escalada, el Ministro de Exteriores, José Antonio García Belaunde ha dicho que “es muy ofensivo para mi país que le planten un espía, y eso está demostrado”.

Visto así, las delicadas expresiones de la cancillería chilena diciendo que Chile no espía, o la vocería de la Ministra Tohá diciendo que niega absolutamente las imputaciones limeñas, son simplemente parte de una acción y reacción de una mecánica que ha sido vista muchas veces: impaciencia peruana, pasividad e indiferencia chilena. Desde luego, esta denuncia es contemporánea a la molestia del Rimac por la presunta adquisición de misiles por 650 millones de dólares de nueva generación para las fuerzas armadas chilenas. En realidad ello es complemento de la adquisición de equipos nuevos, y como dijo el comandante en jefe de la FACH, general Ricardo Ortega, es poco factible que una información lanzada así sea una mera coincidencia. Y que coincide paradojalmente en el hecho que Perú acaba de iniciar su propio programa de refinanciamiento de equipos y armas para sus fuerzas armadas.

Creo que en este contexto, la creación de vectores de conflictos es algo permanente en la relación chileno-peruana y que obedece, no como se ha dicho a un factor electoral, sino a un factor histórico, estructural que es el irredentismo peruano. En este sentido, cualquiera sea el signo de gobierno peruano, las tensiones están configuradas desde el imaginario, y no son un problema militar sino claramente político. Y esto aún cuando Chile y Perú han ensayado algunas propuestas nuevas como medidas de confianza mutua, especialmente en el conocimiento institucional de las fuerzas armadas de ambos países, o que Chile hizo un catastro de las obras sustraídas en la ocupación de Lima y se devolvieron, estos gestos han tenido escasa gravitación en el conjunto de la relación.

Y sin agregar a este aspecto las liberalidades que en materia de inmigración peruana se han hecho desde Santiago, y que no son siempre valoradas, teniendo por resultado imprevisto que el Embajador de Perú en Santiago se ha convertido en un ciudadano interviniente de la gestión y palabras de los alcaldes, diputados y candidatos por la Comuna de Santiago, donde se nota más la migración de su país. Esto explica que a ojos de Chile, esta relación conflictiva haya perdido su importancia, reemplazándola un fastidio progresivo y cierta indiferencia, ya que tiene tal cantidad de expresiones (pisco, Ejercicio Salitre II, «armamentismo» chileno) que simplemente agota la paciencia.

El hecho que la denuncia haya transitado primero los medios periodísticos y que se haya responsabilizado a la propia Presidenta es una nueva expresión que este incordio solo obscurece las ultimas semanas de la gestión actual con un alto respaldo mediático. Pero lejos de debilitarla, solamente fortalece la decisión chilena de sencillamente ignorar -ningunear- los reclamos peruanos. Así dicho sea de paso, al reforzamiento en cada país que el otro es el enemigo, está la idea que trate de lo que se trate solo si tiene como expresión algún ejercicio estilo Chávez, será considerada como algo serio. Entretanto es un entremés publicitario, poco considerado en Santiago, y como consecuencia impensada, refuerza la idea que es mejor tratar con La Paz.

Cristián Garay Vera.

Publicado: 17/11/2009

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