• 11/septiembre/2009 •

Mitad culposa, mitad cara dura

<b>Loreto Ibañez Fontan</b><br>Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Magíster en Persuasión, Propaganda y Manipulación de Masas. Ha trabajado en varios medios de prensa, principalmente en Televisión. Como discípula de importantes escritores de la talla de Pía Barros, Pablo Simonetti y Andrés Rojo, ha ganado varios concursos Literarios, en un género que ella misma define como "realista y pornosoft... la realidad oculta que cada uno de nosotros lleva dentro".

Loreto Ibañez Fontan
Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Magíster en Persuasión, Propaganda y Manipulación de Masas. Ha trabajado en varios medios de prensa, principalmente en Televisión. Como discípula de importantes escritores de la talla de Pía Barros, Pablo Simonetti y Andrés Rojo, ha ganado varios concursos Literarios, en un género que ella misma define como "realista y pornosoft... la realidad oculta que cada uno de nosotros lleva dentro".

A lo largo de varios años dándole vueltas al tema de la fidelidad, preguntándole a gente de distintas edades, saco por conclusión que cada uno se rige por su propia moral particular.

Sabemos que el hecho de que nos guste una sola persona por toda la vida es más falso que Judas. Y aunque nos hayamos casado mayorcitas y con la experiencia suficiente como para elegir bien a nuestro adorado tormento, siempre van a haber tentaciones en el camino.

Frases como “El pasto del vecino siempre es más verde” pasan a tener demasiada certeza, a medida que pasa el tiempo y la rutina va apaciguando la pasión marital. Cuando aparece alguien que nos prende todos los fosforitos que teníamos apagados por dentro –como le pasa a Tita, la protagonista de “Como Agua para Chocolate”– la respuesta varía para cada una. Así es como nos encontramos con tres tipos de mujeres:

• LAS MAESTRAS: Tengo amigas que lisa y llanamente logran separar la cabeza del corazón y se lanzan a la experiencia erótica sin ninguna culpa y sin dañar ni un centímetro su relación de pareja. Tienen la cabeza lo suficientemente fría como para tomárselo como una cana al aire que refresca la monotonía. (De hecho, según las estadísticas de Harvard, un cuarenta y cinco por ciento de las mujeres estadounidenses, reconoce haber sido infiel, al menos una vez en su vida)

• LAS REPRIMIDAS: Hay otras que se lo reprimen a morir y se lo niegan hasta a su propia almohada. Engordan, fuman como carretoneros o se vuelven fanáticas de lo que sea con tal de sublimar el deseo. A estos especímenes, la culpa las tortura y no tienen más escapatoria que evadir.

• LAS TERMINO MEDIO: Finalmente, habemos otras que somos mitad culposas, mitad caradura. Yo, por ejemplo, descubrí el resquicio, es decir un espacio para pecar sin caer en tentación. (De acuerdo a la Psicología, todos los seres humanos tenemos fantasías sexuales, sin embargo, apenas un ventitrés por ciento de la población llega a cumplirlas)

MITAD CULPOSA, MITAD CARA DURA…

Me explico. Todo comenzó cuando con las mejores intenciones, me ofrecí para consolar a un amigo-amigo, recién despachado por su ex. Al principio no me gustaba, pero, entre sus confesiones, llantos y suspiros, me convertí en su paño de lágrimas. Y ante tanto íntimo secreto puesto con esa triste vocecita en mis oídos, las feromonas empezaron a hacer su trabajo y adivinen; a la tercera sesión de seudoterapia de consuelo, yo ya no daba más de una suerte de «hornie-compasión» (que jamás confesaría como una fantasiosa «calentura»… y es que no quiero utilizar palabras demasiado bruscas ante el caso tan sufriente y delicado que el pobrecito no lograba superar).

Mientras más me contaba intimidades como si se tratara de conversaciones «macho a macho», más subía mi temperatura… ¡osada era la yegua que lo dejó! y con razón él aún no encuentra salida… La tonta hizo y deshizo, y mi amigo, que tan chúcaro se creía, no podía librarse, no de ella, sino de otra palabra atroz, pero certera… el amor es niño de pecho cuando un hombre se «empota», y de puro «empotado», ya no lloraba penas, sino que me contaba las nostalgias de acrobacias y otras artes amatorias pornosoft, que comparadas con mi historia del «Caño»… ¡¡¡Uff!!! Ninguna(o) de ustedes se imagina. (¿Quieren que se las cuente otro día?… ¡¡¡compren paracetamol para bajar la fiebre que de contarles les provocaría!! Y si las cuento y leen en pareja, por favor me cuentan ustedes si es factible realizar tales hazañas… miren que yo aún no creo todo lo que esa bruta era capaz de hacer… ¡ni la mujer de goma podría!)

Como no quería arriesgar mi relación de amistad más preciada, apliqué toda mi fuerza de voluntad y decidí frenar mi animalidad. Fue entonces cuando encontré la mejor solución: me aproveché de todos aquellos momentos de cercanía para sentir su olor, tocarlo y abrazarlo, lo que por una parte saciaba mi inquietud pero por otra, exacerbaba aún más mi deseo.

Luego traspolé la carga erótica a mi desgastada relación de cuatro años. Después de la clases con el susodicho, mi líbido alcanzaba niveles insospechados y llegaba a la casa arriba de la pelota a descargarme con mi propio macho, que ni siquiera imaginaba la película triple X que rodaba adentro de mi cabeza… y apliqué:

Maté así dos pájaros de un tiro y descubrí un antídoto casi inocente para el mortal aburrimiento…

Entonces recordé a mi abuela, una gran amiga y consejera. En su lecho de muerte le pregunté…

-¿Cómo hiciste para ser fiel al mismo hombre durante sesenta años?

-Fácil, querida… es cosa de cerrar los ojos, e imaginar que te «tiras» a quien quieras…

Y entonces no me sentí culpable. Seguí los sabios consejos de mi abuela, y desde entonces soy más fiel que una beata, pero cuando cierro los ojos… un día es con mi hombre y otro, con algún inconfesable real, o con un actor, o un músico, o… no, no puedo seguir contándoles. Pero ¿sérá infidelidad o el remedio para mantener viva a la hembra que a su vez, mantiene a su macho enardecido con la pasión del primer día evitando que el amor se convierta en rutina?

Ustedes sabrán; cada quién a su manera. Elijan… ¿Maestras, Reprimidas, Término Medio?… Recomiendo probar con todas, pues «ojos que no ven, corazón que no siente», y por último «infidelidad que no se concreta con las carnes, no es pecado por más que ardes».

ASUNTO DE SICOBIOLOGIA:

*Las hembras somos infieles de imaginación… basta con cerrar los ojos para elegir al amante imaginario y cerrar la boca para JAMÁS confesarlo.

*Los machos son infeles carnales, porque como leí por ahí «cualquier orificio sirve de trinchera», y aunque en casa «todos los días filete, bien les viene a veces una cazuela»… claro que por menor capacidad y grado de astucia, suelen abrir de más la boca, algunos por error, otros de culpa, dejan pistas y se dejan atrapar… entonces podemos ir de víctimas, hacernos de rogar, perdonar o no perdonar, pero el asunto es que la infidelidad y el affaire suelen ser mucho más HOT, cuando imaginamos nosotras que el que duerme al lado, es uno distinto cada noche… ¡y eso con sólo cerrar los ojos y sin cambiar de cuarto ni de cama!.

JAMAS CONFESAR… que los celos que a ellos les provocaría saber que sus cuerpitos se convierten en «otros», que utilizamos secretamente para descargar nuestras secretas fantasías, serían peores que si nos descubrieran ejecutando el acto en la realidad más real y tangible… eso, muy propio de ellos, se llama «egolatría».

Buenas noches… debo cerrar los ojos: ¡me espera George Clooney!… claro que con veinte kilos de más, calvo y con una panza que parece una sandía. (¡Lo amo igual!)

Loreto Ibáñez Fontan.

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