• 10/noviembre/2009 •

¿Nace una derecha liberal y laica?

<b>Jacinto Gorosabel</b><br>Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Jacinto Gorosabel
Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Es bueno formularse esta pregunta, justo esta semana, cuando se cumplen 20 años del derribamiento del oprobioso muro de Berlín. Un muro que dividió y separó por la fuerza e inhumanamente a la derrotada Alemania. La caída de esa pared ha sido el más excelso símbolo de la ansiedad del hombre por conquistar y defender su libertad.

A propósito de algunos hechos recientes como la votación en la Cámara de Diputados y en el Senado del proyecto de ley que pone a disposición de la ciudadanía de la píldora del día después, la propuesta formulada por los senadores Andrés Chadwick y Andrés Allamand de regular las uniones de hecho incluyendo a las parejas homosexuales y la polémica suscitada por la posibilidad de que el comando del candidato presidencial, Sebastián Piñera, incluya en su franja televisiva imágenes de una pareja gay, ha comenzado a perfilarse con cierta nitidez dos identidades o vertientes que aún cohabitan no sólo dentro de la Alianza por Chile, sino también al interior de cada uno de los partidos que la integran.

En su columna del domingo 8, Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, hacía una notable descripción de estas dos corrientes que conforman la derecha chilena. Por un lado, los conservadores y, por otro, los liberales. Pero antes de la columna de Peña, el 21 de octubre, en un texto escrito por el historiador Gonzalo Rojas Sánchez, el autor apuntaba a la evidente coexistencia de estas dos variantes de la derecha, diciendo que en Renovación Nacional hay genuinos liberales a diferencia de la UDI en la que, según la opinión del académico de la PUC, los liberales se dividen en “bobos” y “neobobos”. En el mismo escrito, Rojas, alienta a los conservadores de la UDI a no temer adoptar y presentarse como tales, diciendo: “Negar esa posibilidad o asustarse por el rótulo, los pondría en el disparadero hacia el liberalismo. ¿Están de ánimo de seguir la misma ruta de aquéllos que han hecho ese triste recorrido en los últimos años (y que hoy son comparsas de los liberales auténticos, quienes se ríen a gritos de ellos) o prefieren reconocer que llegó ya la hora de la definición, que es conservantismo o nada?”.

Así como Gonzalo Rojas invita a los conservadores a asumir su identidad, es deseable que los liberales de la UDI hagan lo propio, pues si bien esa colectividad se definió en 1991 como un partido “con sentido cristiano”, también es un partido “por la libertad”. Y aparentemente ambas facetas parecen estar colisionando cuando se enfatiza el aspecto religioso con preeminencia de los demás.

La identidad doctrinaria de la derecha chilena no es una sola. Existen en su seno una vertiente conservadora cuya visión del hombre y la sociedad coincide con la de la Iglesia Católica y una derecha liberal de carácter laico que antepone el valor de la libertad del hombre y la autonomía de su conciencia frente a los postulados religiosos y que, por tanto, no replica en su acción política las posiciones morales que promueven los distintos credos o iglesias, dejando respetuosamente en manos de la ciudadanía la definición dentro de su esfera personal y privada de qué forma o estilo de vida desean seguir o adoptar.

Otro factor importante que podría influir en el nacimiento de una derecha liberal y laica es la lejanía histórica del gobierno militar y de quien fuera su líder, el general Pinochet. La valoración de esta etapa ya no divide a los chilenos y tampoco es un referente para categorizar a los derechistas en partidarios o detractores de ese régimen.

Ni en Renovación Nacional ni en la UDI parece existir suficiente espacio para el desarrollo y fortalecimiento de un proyecto que plasme los ideales y objetivos del pensamiento liberal y laico derechista. Las declaraciones de principios de ambos partidos tienen en común principios conservadores católicos aunque estos no sean seguidos siempre por todos sus dirigentes.
Sin duda, el candidato presidencial de la Coalición por el Cambio es un político más cercano a las ideas liberales que a las conservadoras. Su eventual y probable triunfo en las próximas elecciones podría precipitar una redefinición doctrinaria y un reordenamiento político de los proyectos que representan RN y la UDI. Muchos militantes del primer partido no deben sentirse plenamente representados por el presidente de su colectividad, Carlos Larraín, dadas sus posturas conservadoras. Otro tanto ocurre en la UDI, donde la senadora Evelyn Matthei, a propósito de la polémica suscitada por la inclusión de una pareja gay en la franja televisiva de Piñera, manifestó que la postura liderada por Kast en orden a oponerse a estas imágenes era, según sus palabras, minoritaria dentro del gremialismo.

Pareciera, entonces, que nos encontramos al borde de un replanteamiento ideológico en la derecha chilena. Si éste se verifica sería deseable que no se lleve a cabo en la forma de un conflicto de intereses personales ni como una lucha por cuotas de influencia o poder en cada partido, si no como un proceso reflexión intelectual en el cual ambas posiciones puedan dialogar con respeto y fraternidad acerca de sus identidades con el objeto de aclarar sus diferencias, definir sus metas comunes y, por sobre todo, mantener la unidad de acción y propósitos en torno a un modelo de país alternativo al socialismo.

Jacinto Gorosabel.

Publicado: 10/11/2009

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