• 16/julio/2009 •

Nigeria ¿otro país islámico?

<b>Cristián Garay Vera</b><br>Académico e investigador IDEA-Usach. Doctor en Estudios Americanos con Mención en Relaciones Internacionales, Universidad de Santiago de Chile.

Cristián Garay Vera
Académico e investigador IDEA-Usach. Doctor en Estudios Americanos con Mención en Relaciones Internacionales, Universidad de Santiago de Chile.

En julio 70 militantes de un grupo radical han atacado una estación de policía, en la ciudad nigeriana de Bauchi (noreste del país) con armas y explosivos en represalia de la detención de sus líderes. Un portavoz policial ha asegurado que los agresores son militantes de Boko Haram, un grupo local que pretende la extensión de la sharia (ley islámica) a toda Nigeria.

Según fuentes policiales y militares hay 200 personas detenidas, y se calculan en 50 los muertos, que en la versión oficial alcanzan a 39. La situación ha hecho que el Gobernador del Bauchi, Isa Yuguda, impusiera un toque de queda nocturno durante unos días, aunque afirmó que la situación está «bajo control». Pues bien, Bauchi es uno de los 12 estados del norte de Nigeria -donde la religión musulmana es mayoritaria- en los que la sharia ha ido ganando terreno desde 2000.

Nigeria, el gigante del África subsahariana de 146 millones de habitantes, parecía encontrar la estabilidad, en parte debido a la adquisición de petróleo sostenida de parte de China Popular. Un flujo constante, hacía de Nigeria incluso un cierto modelo en la pauperización de esa zona del planeta. Sin embargo Nigeria no es ajeno a las crisis identitarias y a la violencia armada.

Nigeria sólo puede bombear 2/3 de su producción petrolera estimada por los ataques de guerrilleros de todo tipo: recientemente en julio, el Movimiento de Emancipación del Delta de Níger (MEND) atacó los pozos de la multinacional Royal Dutch Shell. El mismo lugar en que nacerá el

más largo gasoducto del mundo, el Transahariano (TSGP) de 4.128 kilómetros que llevará, desde 2015, entre 20.000 y 30.000 millones de metros cúbicos de gas nigeriano hasta la costa de Argelia. De hecho las reservas de gas nigeriano serían las mayores del continente, y alcanzarían a 190 trillones de metros cúbicos, que se sumarían a las de Argelia de 160 millones. Indicativo de qué tensiones está generando el proceso es que en la propiedad, la petrolera de Argelia (Sonatrach) y la de Nigeria (NNPC) tendrían cada una el 45% de la propiedad del gasoducto, mientras que la empresa energética de Níger tendría apenas un 10%. Pese a todo el acuerdo nigeriano-argelino interesa a la Unión Europea, que quiere tener alternativas al gas ruso, y que ha tenido en Argelia un proveedor confiable. Una zona sometida a la fricción e interés de grupos no gubernamentales que quieren también controlar la gama de los recursos petroleros. Inestabilidad política y petróleo, una vieja historia, se vuelve de nuevo una maldición para África, prodiga tanto en recursos como en violencia para controlarlos.

En este marco el avance del islamismo radical ya no se conforma con el precario marco del federalismo, que pareció una buena solución. En una tercera ola misionera que recurre lo mismo a organizaciones caritativas, a misioneros, como a la compulsión física y la violencia. El islamismo avanza de norte a sur, asociado además a ciertas tendencias más rigoristas del islam, principalmente wahabistas, que están asociadas a redes como Al Qaeda.

Como en otras naciones africanas, el islam injertado por los comerciantes y esclavistas, sobre todo en el siglo XI, tuvo un segundo aire a mediados del siglo XIX cuando Usman dan Fodio, un sabio islámico predicó la jihad, o guerra santa, para destituir a los soberanos injustos y propagar la fe. El islam quedó concentrado en el norte donde Shehu Dan Fodio estableció el califato Sókoto, y que es la base histórica para que las provincias del norte gocen de la ley islámica. De hecho la idea de un califato trasnacional, empieza también a considerar a la población negra, que el islamismo y el mundo árabe vieron por siglos como simple fuente de provisión mercantil y de esclavos. De hecho muchas agresiones a los africanos animistas o cristianos cesan por su conversión, y eso crea un clima para los cambios de religión en una zona que cada vez más se convierte en frontera religiosa entre norte y sur de África. El fenómeno de Nigeria no es diferente del de Chad, Somalia o Sudán, que han visto decrecer la población no islámica a favor de estas corrientes militantes.

En países que están siendo verdaderas fronteras entre ambos mundos culturales -el árabe islámico y el africano subsahariano- como Chad, se está estableciendo de facto una división que apelando a ciertas formas de federalismo consagra ciertas leyes islámicas. Una base para que pese a que Nigeria es un estado federal y que bajo la Constitución de 1989 no declara confesionalidad de Estado alguna, se esté exigiendo la expansión de la sharia a los no musulmanes, que son la mayoría en un país donde la estabilidad se estaba consiguiendo. Y que enfrenta ahora un desafío claro, que es el uso de la violencia donde las sutilezas de una democracia moderna y profundizada ni siquiera se avizoran en medio de una debacle social, económica, política y ambiental. En ese escenario de pauperización, y pese al auge petrolero, o quizás debido a ello, Nigeria empieza a ser considerado un estado clave, por su población e importancia geopolítica en la región, para el proyecto del gran califato.

Cristián Garay

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