• 13/septiembre/2018 •

No Pidamos Peras al Olmo

<b>Raúl Perry</b><br>Director Social de Fundación San Carlos de Maipo

Raúl Perry
Director Social de Fundación San Carlos de Maipo

El corazón de la cultura de un país se puede encontrar en su lenguaje. En este mes de la patria, qué mejor que iniciar esta reflexión con uno de nuestros dichos populares: “no le pidas peras al Olmo”, me decía mi padre, cuando quería expresar que era imposible esperar un resultado diferente de un mismo patrón de conducta. Es curioso que como país estemos permanentemente esperando buenos resultados de acciones contradictorias. ¿Podemos esperar el desarrollo y la superación de la pobreza, el éxito universitario de nuestros jóvenes, cuando normalizamos conductas deplorables que afectan su desarrollo cognitivo?

No podemos sino calificar de “deplorable” la propuesta del “Concurso de Borrachos” organizado en Caldera. Si bien la iniciativa se realizará en un recinto cerrado y sólo para mayores de 18 años, sorprende que seamos capaces de normalizar una práctica tan dañina para la salud.

Sabemos por la investigación internacional que la actitud favorable de padres y pares al consumo de alcohol es un factor de riesgo para que adolescentes tengan consumos problemáticos del mismo.

El Instituto de Estudios del Alcohol en Inglaterra (IAS en inglés) publicó el 2017 una encuesta realizado sobre mil padres y sus hijos donde señala que los niños invalidan a sus padres como modelo a seguir cuando los ven beber en exceso, que sienten vergüenza y preocupación cuando los ven beber más de la cuenta y que el efecto de ver a sus padres bajo un fuerte o moderado efecto del alcohol es el mismo.

Un artículo publicado en el 2012 en la Journal of Public Health sostiene que quienes tienen comportamientos riesgosos de consumo de alcohol a los 16 años, tienen seis veces mayor probabilidad de involucrarse en consumo de drogas, que quienes no tienen este tipo de comportamiento.

De acuerdo a Senda, 1 de cada 2 personas mayores reconoce haber consumido alcohol alguna vez en el último mes, y 2 de cada 5 personas -que bebieron alcohol- consumieron más de 5 tragos en una sola ocasión. Dicho de otra manera, todos tenemos en nuestras familias a alguien que bebe de más. Y en el caso de los jóvenes, la situación se agudiza: Los jóvenes beben en promedio 8 tragos cada día de consumo, lo que quiere decir que ellos tienen una tendencia a entender que cuando se toma, es para embriagarse.

Este comportamiento no aparece de la nada, tiene mucho que ver con lo que les mostramos como padres, así como con su evolución biológica. La corteza prefrontal, la sección del cerebro encargada de las funciones ejecutivas y del control de impulsos, no está completamente desarrollada en esta etapa de la vida, y su desarrollo demorará hasta alcanzar entre los 23 y 25 años.

No le pidamos peras al Olmo. No esperemos que nuestros hijos construyan un país mejor si coartamos su futuro mostrándoles que el consumo de alcohol hasta quedar borrachos es una práctica no solo normal, sino que puede ameritar un premio. Como escuché alguna vez decir: “el ejemplo no es la mejor manera de educar… es la única”.

 

Raúl Perry
Jefe de Programas Sociales de Fundación San Carlos de Maipo.

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