• 30/octubre/2009 •

Nuevamente Honduras

<b>Jorge Sanz Jofré</b><br>
Analista Internacional, Profesor de Geopolítica, Magíster en Ciencias Militares, Doctor © en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Local por la Universidad de Castellón, España

Jorge Sanz Jofré
Analista Internacional, Profesor de Geopolítica, Magíster en Ciencias Militares, Doctor © en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Local por la Universidad de Castellón, España

Desde el 28 de junio recién pasado hemos sido mudos testigos de un extraño conflicto en Honduras.

Me parece raro porque en el devenir del mundo estábamos acostumbrados a los golpes de estado con una participación activa de los militares, y en este caso eso no se produjo; extraño por que en los golpes de estado “tradicionales” se busca un cambio político desde las mismas estructuras del Estado, hoy algunos llaman cambios constitucionales destinados a democratizar las constituciones o derechamente convocan a una asamblea constituyente y cambian todo lo existente apoyados en la fuerza o los votos; sigue siendo extraño por que en esta lógica de cambiar todo, se busca cambiar a todas las personas que actuaban en el gobierno derrocado, y aquí el único cambio fue el Presidente a través de una resolución del Congreso y de la Corte Suprema ejecutada por una patrulla de militares que lo embarcó en un avión y lo sacó del país.

Sigue siendo extraño porque en un primer momento la comunidad internacional del continente se levantó en contra de Micheletti y se organizaron instancias negociadoras a través de Presidentes, Cancilleres o delegados en viajes inmensamente promocionados, amenazas de la algunos actores de esa comunidad internacional continental y esto lentamente se fue terminando. Ùltimamente ya no existían esas delegaciones, las amenazas quedaron en bravuconadas y todo fue decayendo en intensidad. La OEA se comprometió a restablecer el orden, la paz y la democracia en Honduras y no lo logró; se nombró al Presidente Arias, basado en su prestigio personal y tampoco consiguió mucho, es decir, todo lo que podía hacer la comunidad internacional aparentemente lo hizo pero por “un ratito” y luego se empezaron a dar cuenta que esto era un problema de Honduras, que la democracia, si bien se había visto alterada, la verdad era que el país seguía funcionando exactamente igual pero con el Jefe del Congreso a cargo.

Mi amigo Guillermo Holzmann, destacado analista internacional, describe muy acertadamente, en una de sus columnas, la participación de Brasil en este problema, por lo que no voy a entrar en esa fase para alcanzar la última etapa de este “evento” continental.

Las actitudes de Rokstar del Presidente Zelaya tampoco las vamos a analizar, ya que entraremos directamente en el desenlace que este caso está viviendo.

Aparentemente las relaciones internacionales siguen siendo una cuestión de poder. Todos los esfuerzos anteriores coordinados por la OEA no dieron ningún resultado visible. ¿Cuándo empieza a moverse de verdad el tablero? ¿Cuándo entra en juego Estados Unidos; ¿cuándo el Presidente Obama, depositario de la confianza internacional percibe que este problema en Centroamérica es inconveniente para su política internacional y que el actor principal estaba siendo Brasil?

Las visitas de distintos personeros políticos estadounidenses a Honduras empiezan a acercar las posiciones. Si nos fijamos, ninguno de los dos ha cedido; Zelaya sigue insistiendo que debe ser repuesto como Presidente y Micheletti que se deben hacer elecciones a la brevedad para reestablecer la normalidad del sistema dado que el Presidente depuesto está acusado por la Corte Suprema y él no quiere seguir en el Poder.

El justo medio nos indica que Zelaya será repuesto en su cargo por el Congreso que lo destituyó, para llamar a elecciones a la brevedad, con fecha ya fijada a objeto que las nuevas autoridades sean reconocidas por la comunidad internacional. ¿Quiénes llegan a acuerdo? Los actores principales del problema, los delegados de Zelaya y Micheletti con alguna delegación estadounidense tras estos arreglos.

¿Quién ganó y quién perdió? En política nadie pierde, siempre existe un pedacito del éxito donde uno se puede cobijar, pero si estudiamos a los participantes del caso, podremos observar que el problema se inicia en Honduras con dos actores y termina en Honduras con los mismos dos actores conviniendo un arreglo. Todos los que quisieron entrar a las luces del evento no alcanzaron nada, todos los que jugaron en las sombras solucionaron el problema.

Moraleja: si quiere solucionar un problema, lo relevante es el problema.

Jorge Sanz.

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