• 18/enero/2010 •

Orgullosos de Piñera

<b>Jacinto Gorosabel</b><br>Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Jacinto Gorosabel
Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

El triunfo de Sebastián Piñera y de la Coalición por el Cambio no puede explicarse simplemente enumerando los errores cometidos por la Concertación en sus 20 años de gobierno, ni por las equivocaciones cometidas durante la campaña. Obviamente el desgaste en el ejercicio del poder, la corrupción, los abusos y las divisiones intestinas del conglomerado oficialista fueron factores que influyeron en su derrota pero no justifican por sí solos la victoria de la centroderecha. No obstante la mezquindad de algunos columnistas hace que en sus análisis campee la parcialidad y se desmerezca injustamente los atributos que permitieron que Sebastián Piñera se convirtiera en el primer presidente de centroderecha desde el regreso de la democracia.

Pudimos ver a un hombre con rasgos excepcionales pero que no es un millonario excéntrico, ni un intelectual desadaptado ni un político tradicional. Es cierto que la enorme fortuna de Piñera lo diferencia del resto, pero este no es un atributo suficiente como para convertirlo en un ser anómalo o extraño. Sus relaciones de familia no son muy diferentes de aquellas que tenemos todos, los problemas y conflictos que ha enfrentado en su vida tampoco difieren mucho de los que alguna vez todos hemos conocido.

Los méritos personales de Piñera, su inteligencia, su capacidad de liderazgo y trabajo, su tenacidad y entrega en el servicio público desde 1990, su optimismo y sencillez, fueron decisivos para el logro del éxito. La mayoría de los analistas coinciden en que el abanderado ha madurado integralmente, logrando mayor empatía y asertividad en sus relaciones personales. Chile pudo observar en Piñera no sólo al político que consiguió llegar a La Moneda, sino también al hombre que desempeña normalmente diversos roles familiares como hermano, marido, padre abuelo y hermano.

Piñera no posa de aspirante a santo, héroe o mártir. No quiere imponernos su forma de ver la vida como un modelo a imitar, no anhela ser admirado como un dechado de virtudes. No interpreta el papel de pro hombre que acostumbramos ver en otros. Es un tipo tolerante que no desea que los chilenos seamos felices a su modo sino a nuestro propio estilo. No pretende subirse a un púlpito y desde La Moneda sermonearnos sobre moral. La mayoría de los chilenos podrían describir con bastante certeza su personalidad, simplemente porque su conducta es auténtica y se desenvuelve con notable transparencia. Si es de público conocimiento cuáles son los errores más importantes que ha cometido en su vida es justamente porque es fácil constatarlos para cualquiera que quiera revisar su trayectoria.

PIñera es católico observante pero tiene la sabia flexibilidad y madurez para entender que su gobierno no puede traducirse en un simple ejecutor de políticas públicas que sean concordantes con su credo religioso, porque está consciente que debe respetar la diversidad cultural y social que existe en nuestra patria, incluso aunque ello signifique implementar medidas que sean desaprobadas por la Iglesia Católica.

Piñera es un demócrata a carta cabal, no requiere exhibir ni probar sus convicciones al respecto. Fue opositor al gobierno de Pinochet y creyó legítimamente que votando No en el plebiscito de 1988 lograríamos obtener más rápidamente retornar a la democracia. Siempre condenó las violaciones a los derechos humanos y su postura en esta materia no admite dudas ni cuestionamientos. También ha criticado duramente la dictadura cubana sin las ambigüedades ni vacilaciones que conocemos en la centroizquierda chilena.

A pesar de sus 60 años fue un candidato presidencial inagotable física e intelectualmente. Recorrió varias veces el país, corrió, bailó, saltó, cantó, subió y bajó cerros y entregó sin medidas lo mejor de sí para que los chilenos lo conocieran tal como es. Como cualquier humano tiene defectos y comete errores pero no le cuesta reconocerlos y trata de enmendarlos.

Piñera no es la caricatura que intentaron infructuosamente presentar sus adversarios. No está obsesionado con el dinero y el poder, no es un amante de los lujos ni es un playboy del jet set criollo. No es el Berlusconi latinoamericano, aunque algunos insistan en verlo así.

El origen de sus éxitos profesionales, económicos y políticos ha sido fruto de su esfuerzo y sacrificio personal. Piñera no proviene de una familia aristócrata poderosa y rica cuyas influencias y redes sociales sirvan para explicar lo que ha conseguido en la vida.

En definitiva, Sebastián Piñera es el gran responsable de su triunfo presidencial y del regreso después de 52 años de la centroderecha a La Moneda y en este sentido, quienes nos sentimos parte de ella, tenemos mucho que agradecerle por esta histórica victoria y un motivo para enorgullecernos legítimamente de nuestro Presidente electo.

Jacinto Gorosabel.

Publicado: 18/01/2010

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