• 14/octubre/2009 •

Orgullosos

<b>Juan José Santelices</b><br>Ingeniero Comercial, Magíster en Ciencia Política, Magíster en Filosofía y Doctorando en Filosofía.

Juan José Santelices
Ingeniero Comercial, Magíster en Ciencia Política, Magíster en Filosofía y Doctorando en Filosofía.

Revisando un estudio realizado por la empresa norteamericana Reputation Institute y publicado en The Economist acerca de la visión que tienen los chilenos de su propio país y cómo se percibe éste en el extranjero, saltan a la luz una serie de hechos que, producto de numerosos viajes alrededor del mundo, he podido constatar.

Resulta paradojal que ante la pregunta de cómo se ven los chilenos a sí mismos estemos positivamente por sobre países como Holanda, Alemania o Inglaterra, los que claramente tienen un nivel de desarrollo muy superior al nuestro y por tanto su calidad de vida es bastante mayor a la que presentamos.

¿Qué evidencia este nivel de complacencia, el que se contradice con la visión débil que tienen los extranjeros de nosotros, lo que también queda registrado en el mismo estudio?.

Sin duda existen varios factores que permiten explicar lo anterior.

Primeramente, el elevado provincianismo del chileno. Esto se puede explicar, dirán algunos, por el aislamiento geográfico en que estamos y que dificulta nuestra compenetración con el extranjero, especialmente con aquellos lugares denominados como “exóticos”. Al parecer para el chileno exótico es sinónimo de peligroso.

Además, cuando el chileno sale del país lo hace turisteando no viajando. Cuál es la diferencia? El turista se une a un grupo que generalmente es de su misma nacionalidad o habla su misma lengua y es, por poco tiempo, lo que no permite realmente tener una visión real del lugar que se está visitando.

Ven lo que el guía turístico quiere que vean, comen lo que se les dice que coman y comparten con gente que al igual que ellos están más interesados en la foto para mostrar a su familia y amigos, que en la conversación con locales para compartir experiencias.

A lo anterior hay que agregar el vergonzoso nivel de inglés con el que contamos y que es un inmenso obstáculo al momento de conocer un país extranjero.

Adicionalmente y entrando en un nivel más sociológico, es una evidencia empírica que poseemos un discurso en público y otro en privado, por lo que no sorprende que este estudio haya revelado el supuesto “conformismo” de sus habitantes con el país, el que no es real a la hora de ahondar respecto de lo que los chilenos pensamos de nuestro propia tierra.

Esto puede ocurrir porque se ha instalado en el conciente de la población que la crítica es siempre mala, siempre es destructiva, que los que critican la forma como se hacen las cosas son unos amargados o unos resentidos, por lo cual es muy dificil encontrar a aquel que tiene el coraje de decir que “el rey está desnudo”.

Esta falta de crítica y autocrítica nos ha llevado a conformarnos con una clase política falta de ideas y, por tanto, de debate; una clase empresarial abusadora, una clase profesional nihilista y cansada y una juventud falta de proyectos y sueños.

Es necesario, entonces, asumir que nuestra condición de país tercermundista no se acaba sólo con el crecimiento del PIB, ni con la reputación de jaguares de Latinoamérica. El narcisista cree ser superior al resto, pero en su fuero interno se sabe inferior. Ese es el gran reto a afrontar, especialmente por parte de la elite, en donde este trastorno es aún más pronunciado. Quizás cuando entendamos esto, estaremos realmente en condiciones de sentirnos orgullosos del país en que vivimos y proyectarlo al resto del mundo.

Por el momento me quedo con la frase del inglés Samuel Johnson: “el patriotismo es el último refugio de los canallas” a lo cual agregaría: “y también de los mediocres”.

Juan José Santelices.

Relacionados: