• 24/marzo/2010 •

Otra cosa es con guitarra

<b>Carlos Livacic</b><br>
Sociólogo de la U. Central.

Carlos Livacic
Sociólogo de la U. Central.

Para esta conocida frase, bastante rebuscada en ocasiones, o muy vilipendiada en otras, que por tanto decirla, parece insignificante, que suele además acuñarse para enrostrar al otro, que la liviandad de sus comentarios, eran más fáciles desde la trinchera de la retórica, que desde la expresión de sus actos como resultado concreto de su hacer. Por lo tanto, se acuña en el inconciente colectivo, la idea, que las palabras son bastante más fáciles de decirlas, que demostrar con hechos lo que de verdad termina por resultar.

Si a eso, le agregamos un tiempo de espera de veinte años, donde se pensaba que para que las cosas cambien en la forma de gobernar, sólo bastaba con imprimir ciertos criterios de eficiencia y eficacia, como parte de una pócima mágica, que de la noche a la mañana se transformaría en resultados concretos, pienso, que es casi pecar de ingenuo, o mejor dicho, no entender como es la cosa política como “acto de gobernar”.

Suponer que la empresa privada, es lo mismo que los servicios públicos, ya es una tamaña disparatada. Que si bien el estilo gerencial del cual se hace gala en este país por parte del sector empresarial, puede ser aplicado al sector público, es algo muy distinto. Por qué junto con hablar de códigos distintos, las maneras de hacer y de resolver, también tienen una lógica diametralmente opuesta.

Mientras en el sector privado la competencia como estrategia de mercado y de crecimiento, requiere de la inmediatez, la velocidad y calidad, en el otro sector (público), los tiempos no son iguales. La idea de largo plazo, de cobertura, de amplitud es la base de las relaciones, llega incluso a marcar una idea retrograda de gestión, que no sabe de urgencia, más allá de los plazos que requieren ser asistidos, y que pueden esperar, ya sea por condición de seres sociales, o porque son excluida de la lógica privada.

Si dentro de las variables de relaciones, entendemos, que la necesidad de cambio y nueva forma de hacer las cosas, tienen como sello la eficiencia en los resultados, es interesante incorporar elementos de la lógica organizacional, que dan cuenta, que todo cambio para que se materialice como tal, debe contar con el capital humano como principal aliado en dichas estrategias de operación, cabría pensar, si esto, se puede consignar desde la realidad de los servicios públicos.

Las causalidades de la acción, llevan consigo una serie de partes como compuesto de relaciones, donde se compromete la estrategia, como parte central de todos los factores que cuentan dentro de una organización, por lo tanto, nada puede ser concebido como tal, por el solo echo de enunciarlo de manera profética, suponiendo, que todo resultado será, conseguido de la misma manera que se espera como resultado preconcebido para una situación determinada.

Los resultados, o los logros, son acciones que se comparten desde la génesis de los objetivos. Que se transmiten y socializan a todos y cada uno de los miembros de una institución, a través de canales comunicacionales expeditos, que permiten la puesta en común, así como, la retroalimentación de cara a los nuevos desafíos que se espera enfrentar. Pero muy por el contrario de lo que se espera, no se imponen, ni menos se improvisan. Como está travesía de relaciones, requiere de cierto conocimiento y sensibilidad de la realidad, podemos afirmar, que la lógica empresarial, garantiza éxitos, en el caso de que exista, sólo, sobre realidades bien definidas. Acotadas, en su hacer y proceder, pero, considerando, la verticalidad de las ideas (mando), hacia clientes internos y externos, claramente, normados, acotados y bien definidos.

Realidad muy distinta, es la que se vive en la vereda contraria, la que da cuenta del sector público, donde las razones de la administración, no siempre se entienden desde la perspectiva de la inmediatez, ya que su razón de ser, responde a una situación de múltiples factores, todos bien lejanos de la lógica empresarial, donde los grupos informales (grupos fácticos), determinan los tiempos de acción e inacción, según sus propios intereses, y donde, más allá de los cambios y promesas de campaña, una vez que debes convivir con ellos, son los que imponen los ritmos y las urgencias.

La realidad de relaciones, entre una organización, de tipo pública y privada, está sujeto a varios elementos, destacando quizás, la selección de su personal y la normativa vigente. Ambos, temas nada fáciles de poder cambiar en el sector público, ya sea por voluntad o posibilidad de reacción de cada gobierno. No es fácil empezar ha incidir en el aparato público, desde la lógica gerencial de los nuevos ministros, ya sea por las características antes descritas, o porque en la mayoría de los casos, no cuenta con la validación del medio.

Resulta difícil, que un empresario o intelectual de derecha, como los que hay en nuestro país, cuenten como ese apoyo y capacidad de acción en su operatoria del Estado, sobretodo, si se han enriquecido al amparo de la desprotección de los trabajadores en su sistema legal y normativo, y como nada, puedan, de la noche a la mañana, ser gobierno, sin la cantidad de errores comunicacionales como los que hemos vividos en esta casi dos semanas de nuevo gobierno. Ser parte de proceso, requiere de acciones constantes en el tiempo, que establecen canales de relaciones permanentes, y que dan cuenta de sus logros, desde la posición del bien común y no de unos pocos.

Si bien su derecho a gobernar lo han ganado en las urnas, muy distinto es en la práctica, donde el cliente interno, tiene elementos de relación, que requieren de él para operar y salir adelante. Donde los tiempos y las acciones, se dan por la cultura propia de la inacción, pero necesitan a la vez, de cierta sensibilidad, que la arrogancia y la apatía de nuestras autoridades no pueden ostentar como cualidad de relaciones. Por eso, y frente a tanta falta comunicacional y error de procedimientos que he podido apreciar, me permito afirmar lo siguiente: otra cosa es con guitarra.

Carlos Livacic.

Publicado: 24/03/2010

Relacionados: