• 29/marzo/2011 •

Otra medida de combate a la informalidad laboral

<b>Andrés Varela Fleckenstein</b><br>Académico de Derecho Laboral Universidad San Sebastián.

Andrés Varela Fleckenstein
Académico de Derecho Laboral Universidad San Sebastián.

A partir del 1 de marzo de 2011, los trabajadores y trabajadoras de casa particular percibirán el mismo Ingreso Mínimo Mensual (IMM) que los demás trabajadores: $172.000 brutos para quienes tengan jornada completa o la proporción correspondiente para aquellos con jornada inferior.

Este incremento ha sido progresivo, ya que hasta el 28 de febrero de 2009, la remuneración de estos dependientes ascendía al 75% del IMM, a partir del 1 de marzo de 2009 aumentó al 83% y desde el 1 de marzo de 2010 al 92%.

Precisemos que el concepto de trabajador de casa particular se encuentra en el art. 146 del Código del Trabajo y supera al de las conocidas “nanas”, pues se entiende por tal “a las personas naturales que se dediquen en forma continua, a jornada completa o parcial, al servicio de una o más personas naturales o de una familia, en trabajos de aseo y asistencia propios o inherentes al hogar”.

Agrega la norma que se aplican las reglas especiales de esta clase de empleados a los choferes de casa particular y a quienes “realizan labores iguales o similares en instituciones de beneficencia, cuya finalidad sea atender a personas con necesidades especiales de protección o asistencia, proporcionándoles los beneficios propios de un hogar”.

El aumento del ingreso mínimo mensual significará, además, el incremento de las cotizaciones previsionales, lo que permite al trabajador ver mejoradas sus eventuales indemnizaciones por despido y sus pensiones.

Pero el problema de estos trabajadores, y que no es exclusivo de ellos, es que muchas veces prestan servicios en un estado de informalidad laboral (sin contrato de trabajo). Ello, por desconocimiento de los involucrados o, simplemente, porque el trabajador quiere ver mejorado su ingreso y el jefe o jefa de hogar disminuido su gasto, vía “ahorro” –mal entendido por cierto- de las cotizaciones previsionales.

Resulta, entonces, fundamental recordar que los trabajadores de casa particular, “puertas adentro” o “puertas afuera”, tienen los mismos derechos que los demás, aunque con algunas modificaciones. Así, por ejemplo, es obligación del empleador escriturar el contrato de trabajo, entregar una liquidación de remuneraciones junto con el pago de la misma, otorgar los descansos diarios y semanales, el feriado anual y, lo más importante, ejercer sus facultades respetando las garantías constitucionales del dependiente.

La ecualización del IMM de los trabajadores de casa particular al de los comunes no puede ser calificada de menos que justa, si consideramos que su labor, en muchas ocasiones, es bastante abnegada. Aunque, digamos también que la disminución de la oferta de este tipo de trabajadoras, que hoy contratan sus servicios en empresas de aseo y otras similares, ya había significado en los hechos, para muchas de ellas, el aumento de sus ingresos.

Independiente de ello, debemos terminar con la informalidad laboral en Chile, mal que no sólo alcanza a este tipo de trabajadores y trabajadoras.

Andrés Varela Fleckenstein.

Publicado: 29/03/2011

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