• 06/agosto/2009 •

Pena de muerte: un debate hipócrita

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

A raíz del violento asesinato de la menor Francisca Silva ocurrido la semana pasada en Valparaíso, se ha vuelto a reactivar una discusión que parecía zanjada: la restitución de la pena de muerte en Chile.

Esto debido a la indignación ciudadana tras conocerse los detalles de su fallecimiento y que en un año electoral marcó la pauta de los postulantes a La Moneda y al Congreso. Pero lo que llama la atención en este caso puntual es la postura ambivalente e incongruente de los dirigentes políticos que están a favor o en contra de reponer la pena capital, cuyos argumentos para defender su posición son de un fariseísmo evidente.

En primer lugar están quienes promueven la restitución del castigo, que sorprendentemente son los mismos diputados (Forni, Ward, Cristi y otros) que hace algunas semanas argumentaban defender el inalienable derecho a la vida para oponerse a la distribución de la píldora del día después, indicando que el Estado no tiene atribuciones para eliminar al que está por nacer. Sin ir más lejos, el propio congresista UDI Marcelo Forni, lanzó una célebre frase: “nosotros nos estamos para legislar a favor de las mayorías”. ¿Ahora sí?

Esta vuelta de carnero es impresentable, ya que de acuerdo al criterio del propio parlamentario, la vida es una sola, más allá de la repulsión que genera un individuo que comete un delito de estas dimensiones, por lo que solicitar la muerte para enmendar otra resulta bastante incoherente por parte de los promotores de la iniciativa legal. ¿Por qué pretenden atribuirle al Estado, en este caso, la capacidad de quitarle la vida a un ser humano –por más deleznable que éste sea- si para evitar la distribución de una píldora, señalan que el Estado no tiene ese derecho?

Si quieren dotar al poder central de esta facultad, entonces con mayor razón se debe permitir que los ciudadanos que forman parte de ese Estado puedan decidir en conciencia sobre otros asuntos que atañen la intimidad personal, como la propia píldora, el aborto terapéutico y la eutanasia.

Asimismo, aquellos miembros del oficialismo que han planteado que el Estado no puede atribuirse la capacidad de eliminar personas, ya que con eso se estaría fomentando una cultura de la muerte, haciendo alusión a las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el gobierno militar, también caen en contradicciones. Ya que si ellos están a favor de que los ciudadanos tengan la libertad de decidir sobre aspectos que atañen su intimidad y apelan al respeto de las mayorías en democracia, debiesen aceptar que al menos el tema se discuta en el parlamento.

Otro elemento a agregar es el aprovechamiento electoral de quienes han vuelto a colocar sobre la mesa este tema, porque luego de derogar esta máxima sanción del sistema normativo y suscribir al Tratado de San José de Costa Rica, el país cerró la posibilidad de restituir la pena, por lo que cualquier discusión parece anacrónica y fútil.

El trasfondo de toda esta discusión nos entrega luces de por qué en Chile las políticas públicas de largo aliento fracasan, y la razón es muy clara: se suele legislar al fragor de la coyuntura, con calculadora en mano y con los medios de comunicación como protagonistas, dejando en segundo plano muchas veces al Congreso.

Lo que se debiese estar discutiendo es la necesidad de endurecer las penas que el ordenamiento jurídico chileno, a través del Código Penal, establece para delitos de esta magnitud, pasando de una condena perpetua efectiva de 40 años (eufemismo), a una de verdad “perpetua”, que impida a asesinos tan crueles volver a obtener su libertad.

Como exégesis, cabe mencionar que es peligroso dejarse arrastrar por afanes electorales al discutir temas de esta índole; y a quienes piensan que el mejor castigo para un asesino de esta laya es matarlo, sería apropiado que visiten una cárcel para que se den cuenta de que el verdadero infierno está ahí y no en una inyección letal.

Carlos Cuadrado S.

 

Relacionados: