• 15/julio/2009 •

Penalizar a los padres por los delitos de los hijos

<b>Rodrigo Larraín</b><br>Sociólogo, académico pre y postgrado en las Facultades de Ciencias de la Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Central. Tiene una Maestría en Ciencias Sociales, una Licenciatura en Educación, un post-título de Administrador e Investigado

Rodrigo Larraín
Sociólogo, académico pre y postgrado en las Facultades de Ciencias de la Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Central. Tiene una Maestría en Ciencias Sociales, una Licenciatura en Educación, un post-título de Administrador e Investigado

Pertenezco a esa generación especial que, entre otras cosas, amo y lucho por la libertad, por ampliarla y por recuperala. De ahí que las restricciones a ese valor principal me cargan, especialmente cuando son la única respuesta ante los males del mundo, es decir, basta que un pequeño grupo de «malos» haga el mal-o haga noticia-para que la respuesta sea una pérdida de las libertades, en realidad de los derechos para los ciudadanos comunes, como yo o usted.

Un ejemplo es esta reciente propuesta de que sean los padres quienes respondan por los delitos de los hijos, olvidando que la responsabilidad es un asunto personal e indelegable, que fue en la época antigua en que un esclavo cumplía las penas que le llegaban a su señor , pero retraer el tiempo a eso es una maldad.

Sin embargo, no les parece necesario a los proponentes de tan linda idea de examinar por qué tenemos esta clase de delincuentes juveniles. Nadie se refiere a que la natalidad se produce en sectores vulnerables, en adolescentes, casi niñas a veces, y también debido a la oposición Mañosa que impide una educación sexual eficiente.

Tampoco parece tener importancia el debilitamiento de la familia que ello implica, efectivamente, si quienes están hoy en condiciones de tener hijos no los tienen, otros seguirán este ejemplo, pues sus eventuales hijos podrían comenter alguna clase de delito que les perjudique a ellos directamente.

Pero los jóvenes delincuentes no son de familias con hijos de padres-esos son la excepción-la mayoría proviene de los sectores en que es el embarazo precoz e indeseado por lo que no se necesita tener mucha imaginación para saber cuál será su destino.Casi como una venganza de la realidad los honestos estamos recibiendo los efectos de la obsecación de los que se niegan, sin más argumentos que una peculiar pseudoreligiosa morales, a la regulación de la fecundidad ya la educación de la sexualidad.

En eso consiste la prevención del delito, no solamente en la represión. Estamos condenando a niños por su nacimiento a una vida delictiva, a las drogas y al sin sentido, en general. Este es un fascismo de la peor especie. ¿Por qué tendrían que ser resilientes naturalmente estos adolescentes, por qué debieran ser tan lúcidos y tan heroicos que, por sí mismos, y quisieran pudieran salir de una vida marginal y reinsertarse exitosamente en la realidad?

Ciertamente es comprensible el «cansancio de los justos», cuando la inseguridad y la comisión de delitos violentos se vuelven insoportables, es probable que las víctimas no esperen soluciones de las autoridades y comiencen una defenderse por su cuenta. Ello trae las concecuencias obvias de violencia, pero también fomenta el prejuicio y la dicriminación.

El garantismo crea la sensación de que las leyes no funcionan, si el Sename no es eficiente en la reinserción de los delincuentes juveniles está mal gastando el dinero de todos y, lo que es peor, la misma reiserción pierde importancia y lo que se espera es la simple venganza, esto último es lo que pide la gente, más cárceles, penas más duras y, como no, castigo a quienes engendraron delincuentes. Lo malo es que la mayoría de esos niños no tiene padres conocidos.

Yo, que tengo espíritu democrático, me asusté el año pasado cuando un alumno de un curso vespertino se acercó a hablarme, no supe si me iba consultar sobre la materia … o me iba a cogotear. Es decir, tuve el prejuicio por la apariencia. Yo no quiero eso para Chile, en que nos discriminemos por apariencia, Facha o características étnicas. No quiero que el discurso acerca de la aceptación de la diversidad se abandone. El feísmo estético juvenil, que a ojos de viejo es aspecto de flaite, géneros incertidumbre, pero también refleja la dificultad para encontrar señas de identidad-juvenil ciertas pintas positivas porque son una agresión.

Pero volviendo a la delincuencia, la mayor prevención pasa por fortalecer la familia de verdad. Un hogar tiene ambos padres y, excepcionalmente, falta alguno y esta no es una situación deseable. No es cierto que da lo mismo como se viva. La falta de socialización temprana se traduce en falta de valores y carencia de habilidades para desempeñarse en la vida. El respeto, la confianza y la responsabilidad son insimos de una vida feliz. La apología de la infidelidad, la preeminencia de las emociones sobre el razonamiento, el egoísmo narcisista que va dejando hijos por doquier es el caldo de cultivo de una sociedad en decadencia.

Tenemos demasiada falta de libertad, SOMO filmados, seguidos, observados, potenciales delincuentes, todo ello por unos pocos, pues si bien los delincuentes son pocos, el nivel de violencia brutal demostrado es inmensa y ello causa impacto … y miedo.

Rodrigo Larraín

 

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