• 05/enero/2010 •

Piñera y el nuevo Chile

<b>Jacinto Gorosabel</b><br>Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Jacinto Gorosabel
Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

El eventual pero muy probable triunfo de Sebastián Piñera el próximo 17 de enero, significará el fin del miedo que aún una parte de los chilenos siente hacia la posibilidad que gobierne la derecha. Un temor alimentado por los malos recuerdos del pasado gobierno militar y por las evocaciones que suscitan las violaciones a los derechos humanos que ocurrieron en aquél régimen.

Aun subsisten ciertas desconfianzas en las convicciones democráticas de quienes apoyaron a Pinochet, pero que en realidad no tienen mayor fundamento a la luz del rol que han jugado los principales líderes de la derecha durante los últimos 20 años de gobiernos de la Concertación. También persisten recelos y aprensiones motivados por la campaña del terror que han promovido algunos oficialistas, anunciando que sobrevendrá desde una “dictadura civil” si gana Piñera (como lo dijo el diputado Tarud) hasta la eliminación de los beneficios sociales para los más pobres. La victoria electoral de Piñera será el comienzo del fin de estas miedos y con ella daremos el primer paso hacia el cierre definitivo de nuestra larga transición hacia la democracia.

La elección del primer Presidente de la República de centroderecha desde la reinstauración de la democracia será la prueba de la blancura del éxito de la transición, la demostración palmaria de nuestra madurez cívica como pueblo. La evidencia del ocaso del Chile dividido entre el Si y el No, de los demócratas versus los autoritarios, de los buenos y malos. El éxito de Piñera será el certificado de defunción que constatará la muerte de un país que ya no existe y que sólo es revivido por las imágenes de la serie “Los ochenta”, por los nostálgicos de Pinochet o por quienes tratan de profitar electoralmente del resentimiento y del rencor que su paso dejó entre algunos chilenos.

Pero el sólo ingreso de Piñera a La Moneda no es suficiente para clausurar ese viejo Chile. Será el éxito de su gobierno lo que convencerá a los chilenos de que nuestro proyecto no se sustenta en la mera ambición de cargos y ventajas, ni el disfrute revanchista de la derrota de la Concertación. Cada colaborador del gobierno de Piñera deberá esforzarse por persuadir con su trabajo a la gente de que nuestras ideas son las mejores. La Coalición por el Cambio debe entender que esta será la oportunidad que tendrá para probar que es tan buena o mejor que la Concertación como alternativa de gobierno. Una gestión mediocre que se limite a administrar bien el Estado sería farrearse la confianza que los chilenos tienen en esta opción.

Sin duda, la Concertación como oposición será más dura y exigente de lo que ha sido la UDI y RN. Después que se rearticule como bloque y logre ubicar en algun lugar a Enríquez-Ominami, desplegará toda su experiencia y energía para entorpecer el camino del gobierno, introduciendo divisiones entre los partidos gobernantes y promoviendo conflictos sociales para generar la sensación de que la derecha no tiene la capacidad para gobernar al país. Sin embargo, las características personales de Piñera le complicarán la labor a la oposición, porque no estaremos frente a un mandatario autoritario, hosco e intolerante, ni frente a uno que elude las definiciones difíciles, los conflictos y que sólo desea granjearse la simpatía del pueblo. Piñera ha aprendido a escuchar con humildad, a ponerse en el lugar de su interlocutor y a trabajar y no sólo dirigir equipos. El liderazgo que ha ejercido Piñera le ha valido ganarse el respeto, la confianza y la lealtad de los principales dirigentes de la UDI y RN. Así lo ha reconocido, Pablo Longueira, un clásico antagonista, que ha confesado admirar y comprender al abanderado aliancista. Otro ejemplo lo da el testimonio de Evelyn Matthei, cuya grandeza y compromiso con la campaña presidencial resultan elocuentes.

La campaña de Sebastián Piñera ha demostrado que el imperativo de ser gobierno prima por sobre las rivalidades partidistas o los proyectos o agendas personales. Casi todos los dirigentes de la Alianza por Chile han colaborado responsable y generosamente con la misión que se impuso de gobernar Chile. Carlos Larraín, Juan Antonio Coloma, Rodrigo Hinzpeter, Andrés Chadwick, Andrés Allamand e Ignacio Rivadeneira han realizado un extraordinaria gestión que debería ser reconocida por todos.

El mensaje de Piñera ha llegado fuerte y claro a los chilenos que han entendido y creído que Piñera sí es el cambio. La nitidez y precisión de cada uno de las propuestas e intervenciones del candidato presidencial permitieron despertar los sueños de millones de compatriotas que, a pesar de las millonarios esfuerzos del gobierno por impedirlo, quieren y obtendrán por fin un verdadero cambio en paz, un nuevo Chile, un país donde estudiar, trabajar y vivir mejor.

Jacinto Gorosabel.

Publicado: 06/01/2010

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