• 15/julio/2009 •

PM 2,5: una norma pro vida

<b>Marcelo Mena</b><br>Director Programas de Postgrado de la Facultad de Ecología y Recursos Naturales de la Universidad Andrés Bello.

Marcelo Mena
Director Programas de Postgrado de la Facultad de Ecología y Recursos Naturales de la Universidad Andrés Bello.

La aprobación del anteproyecto de norma que fija niveles máximos anuales de material particulado fino (PM 2,5) es un paso decisivo que Chile por fin ha dado para enfrentar la contaminación atmosférica.

Se ha documentado que las rebajas en el PM 2,5 de las ciudades más contaminadas de EE.UU. aumentaron la expectativa de vida de sus habitantes en cerca de dos años. En Chile, implementar esta medida costará entre un 3% y un 6% del gasto total del país en salud, pública y privada, mientras que el beneficio será seis veces mayor.

La falta de regulación obliga tanto al Estado como a los ciudadanos privados a correr con considerables gastos en salud. La norma evitaría, al año, 4.900 muertes (el doble de los fallecidos en accidentes automovilísticos), 110.000 ataques de asma y cerca de 900.000 días de trabajo perdido.

El desafío de implementarla requerirá de un plan de disminución de PM primario (emitido directamente desde chimeneas o tubos de escape) y de sus precursores (SO2, NOx o compuestos orgánicos volátiles). EE.UU. alcanzó avances sustanciales en calidad del aire al regular las emisiones de óxidos de nitrógeno y azufre en termoeléctricas y fundiciones y prohibir el uso de estufas a leña en ciudades como Pittsburgh, Cleveland y Denver. Japón, en tanto, redujo sus niveles de contaminación al implementar un plan de disminución de emisiones para vehículos diesel como camiones, buses, e incluso, autos antiguos.

Considerando la importancia que tiene la leña como fuente primaria de energía, especialmente en el sur de Chile, lo que se requiere es un enfoque transversal que considere, por ejemplo, disminuir las emisiones de calefactores a leña y mejorar los estándares de aislamiento de las viviendas. Además, tomando en cuenta el aumento proyectado en la generación termoeléctrica -en particular de carbón- estas centrales deberán reducir sus emisiones.

Hace 20 años, en nuestro país no se trataban las aguas servidas. Hoy, más del 90% es tratada y las cuentas de agua no han aumentado más de un 40%, a diferencia de otros gastos domiciliarios. Es hora de replicar este avance en el aire. Desde 1989 hemos reducido nuestro PM 2,5 anual de 69 a 32 microgramos por metro cúbico, al tiempo que nuestro Producto Geográfico Bruto (PGB) se duplicó y más.

Hay que redoblar los esfuerzos. El Estado, como principal beneficiario económico de la norma, deberá considerarla como una inversión social, generando instrumentos regulatorios asociados a incentivos económicos ¿Cómo se verá Chile cumpliendo la norma de PM 2.5? Partamos con que se verá la cordillera, por lo menos. Y nuestros niños y abuelos podrán respirar tranquilos.

Marcelo Mena

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