• 18/diciembre/2009 •

Políticas sociales ¿protección social o participación popular?

<b>Alejandro Díaz</b><br>Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Alejandro Díaz
Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

“…La Epistemología nos ha demostrado que no hay prácticamente ningún dato ni predicción cuyo significado no sea una construcción. En lo referido a la caracterización de la “cuestión social “y su posible evolución, esta depende no solo de los datos de la “realidad”, sino de su interpretación y de las explicaciones que se construyen y proyectan en el discurso publico, así como de las utopías sociales, valores, intereses, temores y esperanzas desde las cuales se interroga, juzga y percibe la realidad…” José Luis Coraggio [1]

Hace algunos años, múltiples especialistas se hacían la pregunta respecto de si al término del régimen militar, se habían modificado los parámetros que informaban la política social tal como se caracterizaban y se mostraban en la cotidiana práctica de ministerios y municipalidades. Se señalaba en esos años que estábamos en presencia de una política asistencialista que operando sobre una red social, había construido una eficaz red clientelar para cooptar a los más pobres con consecuencias insospechadas para el futuro. El pertinaz criterio de la focalización se instalaba como un fetiche sustantivo que abría solo una puerta de entrada a la realidad del mundo de los pobres, que entre cosas se les trasladaba de territorios a fin de sanear los suelos para una eficaz política urbana de liberalismo extremo. En ese contexto, Ministerios y Municipalidades heredaron un núcleo duro de comprensión de las políticas sociales y también, de manera particular, un peculiar estilo de gestión de la “red social”, libre e impoluta de vicios políticos, pero que escondía en su matriz genética una forma de desplegarse sobre los pobres sobre la base de la emergencia y el individualismo: si la condición sobre la que se operaba era la emergencia, cualquier dadiva era suficiente y si la solidaridad social era un elemento arcaico, la focalización se afinaba mucho mas sobre un individuo familiar, permeable y maleable. Esa esencia continua con la proclamada Protección Social.

Y así, hemos tenido un tiempo de gestión de políticas sociales en la transición democrática de los últimos 20 años. ¿Se modificó radical y sustantivamente el cuadro anterior? Creemos que no. A pesar de la propaganda sobre la protección social. En lo más absoluto. ¿Se han hecho intentos? Al parecer bastantes. Pero se advierte un claro caso de divorcio entre las orientaciones discursivas, que prometían un radical cambio de la política social y la persistente presencia de la consolidación de una política pública, que fue modelando la gestión administrativa del sector público social, de tal forma de ocupar por presencia física la actividad rutinaria del sistema de administración interior del Estado y, sobre todo, cooptando la participación popular. En esa situación, los intentos de los aparatos sociales del Estado, oscilan entre una discusión por los sentidos post modernos de la participación y de la gestión social y la acción rutinaria focalizada y asistencial al modo del antiguo régimen, que se impone por la práctica rutinizada de política pública.

En este cuadro, ¿cuáles pueden ser las futuras coordenadas democráticas de la gestión social de las políticas sociales? ¿Continuidad o transformación? Si la opción de estos momentos es la disrupción con el esquema clientelar y asistencial, entendiendo que las políticas sociales resultan hoy día ser el acompañante que puede marcar la diferencia en los distintos desarrollos del capitalismo mundial integrado, entonces la tarea de diseño social y de gestión requerirá de un enfrentamiento radicalmente distinto y transformador. Para lograr ese desafío, deberán quedar en el camino los remanentes de décadas de comprensión y de gestión de lo social. Desde aquellos que entendían a los pobres como parte del paisaje divino, hasta los tecnocráticos que en el paroxismo de la alienación y del reduccionismo, intentan hacer saltar pobres por encima de la valla de la línea de la pobreza a punta de rentabilidad social o de protección social. Pasando por todos los remanentes de la teoría de marginalidad, que dieron paso a todas las formas de privatización de la acción social reparadora, en convivencia este último tiempo, con la introducción de la competencia salvaje por los “fondos concursables” de los cuasi mercados de participación de los fondos nacionales e internacionales de las políticas sociales

Se ha señalado que para constituirse el Estado requirió de la expropiación de los componentes políticos a la sociedad civil. Conforme a ese procedimiento, este Estado especializó aparatos para el cumplimiento de las funciones que aseguraran gobernabilidad sobre un territorio y sobre todo funciones de acondicionamiento social para la reproducción del sistema. En este último sentido, este Estado comparte roles, con una suerte de privatización de buena voluntad con la asistencialidad multireligiosa, de distinto signos y sentidos. En este esquema básico, se debate también nuestro peculiar Estado nacional. En los últimos 50 años del siglo XX, recién pasado incorporó y despojó sucesivamente al Estado nacional de políticas y aparatos sociales y también en un incrementalismo inconexo, desarrolló distintas modalidades de relación con esta suerte de privatización de la gestión social, depositada en una variada gama de instituciones.

En esta situación podríamos aventurar que nos encontramos en un extremo del movimiento pendular en donde se reincorporaría la mayor actividad del Estado en la gestión del acondicionamiento social y también en una posibilidad de mayor expansión de la licitación privada de la gestión social. La pregunta que surge ¿Ello da cuenta de una real voluntad transformadora en la realización de un nuevo trato entre el Estado y la sociedad? ¿Bastará con que nos coloquemos en el otro extremo del péndulo, para satisfacer las tendencias globales a la ciudadanizacion del Estado y de la política?

La historia social de América Latina y particularmente de Chile, nos demuestra a cada instante que no da lo mismo cualquier concepción del Estado y de las políticas sociales. Los efectos para la construcción de la realidad social pueden ser devastadores, clientelistas, anómicos, tecnocráticos o transformadores en la búsqueda de sucesivos grados de democratización y libertad. Para que esto último suceda, la concepción acerca del Estado debe introducirse en una lógica de ruptura con el estado neoliberal e inventar un Estado democratizador, en donde sus políticas sociales se conviertan en los instrumentos de reconversión catalica de los procesos anómicos y perversos de la neoliberalización salvaje. Por ello que no da lo mismo quien gestione lo social. No es neutral para la democracia y para la dirección del Estado quien haga la tarea de la gestión pública social. Esto lo dijimos en el 2000.Lo decíamos para llamar a un cambio de política social. Nunca nos imaginamos que se desarrollaría una “protección social” tanto o más clientelista que la clientela del modelo neoliberal de la Dictadura.

De allí que sea necesario replantear el papel del Estado en la direccionalidad y gestión cotidiana de sus políticas sociales como principales instrumentos democratizadores. No puede haber neutralidad respecto del qué y del cómo de las políticas sociales. Parece ingenuo entonces preguntar solo por la eficacia y la eficiencia.

Entonces, la comprensión acerca del Estado y el diseño del mismo, juegan un factor desencadenante en una nueva correlación de fuerzas, que se construye a partir de los factores liberadores de la energía social de la ciudadanía en busca de más democracia y más libertad. Y con ello los que gestionan las políticas públicas, deberán dejar de ser meros administradores rutinizados o populistas de fin de semana, cuando el peligro acecha y deberán convertirse en constructores de una transformación corpuscular de cada política y de cada proyecto de cada política pública. Una resistencia y subversión de cada política social en los pliegues y en los intersticios de los contenidos, de los objetivos y de cada una de las metodologías de intervención en la cotidianeidad de los espacios sociales

Pero el peligro seguiría latente si solo esperáramos que la transformación corpuscular pueda estar depositada en una nueva concepción del Estado y en un modo particular de entender la transformación real de la gestión estatal.

Alejandro Díaz.

Publicado: 18/12/2009

[1] José Luis Coraggio: Articulo de apoyo exposición Seminario Ciudades del MERCOSUR ¿Es posible pensar alternativas a la política social neoliberal? PUCCH, 1999.

Relacionados: