• 10/agosto/2010 •

Políticas sociales y pobreza

<b>Marcelo Torres</b><br>Sociólogo de la U. Central.

Marcelo Torres
Sociólogo de la U. Central.

A partir de los últimos resultados de la encuesta Casen y de las diversas interpretaciones que se han realizado, por cierto todas legitimas, donde en el análisis se señalan entre otros factores: la influencia de la crisis económica internacional, los problemas estructurales que tenemos como país, la pésima distribución de los ingresos, el acceso a servicios de calidad como es la salud, y principalmente la educación, entre otros problemas que influyen en la situación actual del país.

Estas condiciones que determinan que el 15,1% de los chilenos se encuentren en condiciones indignas, heredadas desde la dictadura militar y que a partir del advenimiento de la democracia se realiza un trabajo sistemático en disminuir lo que en aquella época significó que el 38,6% de las personas estuviesen en condiciones críticas en lo que respecta a la sobrevivencia. Si bien estas cifras en las mediciones anteriores han disminuido, aunque no al ritmo deseado, no deja de ser preocupante la situación actual, pues los resultados y los impactos ya no son los mismos que en las encuestas anteriores, más aún, se aumenta los niveles de pobreza e indigencia.

Los últimos resultados invitan a redefinir, entre otras cosas, el tipo de políticas sociales.

Es claro que, por ejemplo, el programa Puente desde los inicios de su implementación ya nos indicaba la crónica de una muerte anunciada, pues su diseño normativo no consideraba la diversidad sociocultural del país. Con un fuerte anclaje positivista, no vislumbraba escenarios situacionales acorde las diversas realidades de familias a lo largo del territorio, por ende, no nos deben extrañar que dichos resultados sean producto de la forma como se han diseñado y ejecutado las políticas sociales.

No se puede concebir que el éxito obtenido en la de década de los noventa sea proyectable a estos tiempos. El país ha cambiado, los escenarios tecno políticos no son los mismos, la pobreza no es la misma, pues las personas dan significados distintos a sus situaciones y eso hace que tengamos diferentes tipos de pobreza.

Por ende, el desafío actual del Estado es recoger esta diversidad. Se deben de diseñar políticas sociales acorde a los territorios, ya no una política normativa sino una que recoja esta diversidad.

Políticas focalizadas, universales, selectivas independiente de su nombre no tienen sentido sino se fortalece a los gobiernos regionales y a los municipios, donde realmente la descentralización debe ser el tema central en la agenda de la autoridades. No tiene sentido que las regiones ejecuten la políticas social, si estas no participan en su diseño y no tengan la autonomía de poder flexibilizarla de acuerdo a su propia realidad.

El gobierno debe situarse en un escenario estratégico que permita realizar un trabajo desde la propia ciudadanía, redefiniendo las actuales políticas sociales desde las propias personas que vivencian la situación, romper la lógica normativa y tradicionalista de diseñar programas, diferenciando por ejemplo lo que es la pobreza urbana y la rural, potenciar la habilitación de las personas, dar un sentido distinto a los subsidios monetarios, comprender la heterogeneidad sociocultural, fortalecer los espacios locales, entregar autonomía y poder de decisión a las regiones, dar un verdadero impulso a la modernización del Estado, entre otras iniciativas que pueden permitir mejorar las condiciones de vida de aquellas personas que están en una situación de desigualdad, inequidad e injusticia social.

Marcelo Torres.

Publicado: 10/08/2010

Relacionados: