• 24/septiembre/2015 •

¿Porqué cambiar el modo capitalista de producción? ¿Qué opciones tenemos?

<b>Alfredo Armando Repetto Saieg</b><br><b>teorianacionalypopular.blogspot.com.ar</b><br>Soy chileno y Licenciado en Ciencias Políticas. Estudié en la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, país del que guardo los mejores recuerdos. Me especialicé en Relaciones Internacionales y mayormente me interesan los procesos políticos de mi país en particular y de Latinoamérica en general. Tengo cuenta en Facebook y en FacePopular donde publico todos mis comentarios. He escrito 12 libros. Estos pueden descargarse desde mi blog donde también es posible leer los artículos que semanalmente publico. La dirección del mismo es: http://teorianacionalypopular.blogspot.com.ar/

Alfredo Armando Repetto Saieg
teorianacionalypopular.blogspot.com.ar
Soy chileno y Licenciado en Ciencias Políticas. Estudié en la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, país del que guardo los mejores recuerdos. Me especialicé en Relaciones Internacionales y mayormente me interesan los procesos políticos de mi país en particular y de Latinoamérica en general. Tengo cuenta en Facebook y en FacePopular donde publico todos mis comentarios. He escrito 12 libros. Estos pueden descargarse desde mi blog donde también es posible leer los artículos que semanalmente publico. La dirección del mismo es: http://teorianacionalypopular.blogspot.com.ar/

El alza de precios es consecuencia directa de las acciones llevadas adelante por los actores más concentrados de la economía, quienes tienen la posibilidad de controlar el mercado dada su posición monopólica; son los que promueven el chantaje económico para bajar las expectativas de cambios. Es la función que hoy cumple aquel «realismo sin renunciamiento» adoptado por el gobierno como estrategia para condicionar aún más la «democracia» en la medida de lo posible. Por si no fuera suficiente son propietarios de los bienes de uso más difundidos, de esos de los que no podemos prescindir para gobernar de forma eficiente: generan los alimentos, la energía, son dueños de la salud, de la educación, administran las AFP, extraen el cobre, etc.

Estos rubros deberían ser controlados por el sector público y por los representantes de la cultura popular desde el momento que constituyen sectores claves: son los que hacen a la lógica económica y a la formación de los costos y precios. Esta preocupación es real porque el daño estructural al régimen eventualmente puede ser importante en el sentido que cualquier retoque de precios se expande a una inmensa cantidad de bienes que son centrales para mejorar la calidad de vida de las mayorías. El Estado obrero exige la constitución de un área social de la economía donde se incluyan las empresas claves; también implica equilibrar el mercado en beneficio del pueblo.

Hay opciones. Existen las cooperativas de consumo que trabajan por un comercio más justo, que en teoría favorecen a los productores y a los consumidores a partir de la venta sin intermediarios. Lo que sí debo aclarar es que estas medidas de resistencia a través de la comercialización directa entre productores y consumidores- que se agrupan para este fin en cooperativas o en ferias barriales, etc- son marginales económicamente hablando si no se altera la estructura de la manera de producción, de comercialización y de distribución capitalista. Este cambio radical que busca acabar con el capitalismo es quien le quita el poder a los grupos económicos. De ahí la importancia de la regulación democrática de las principales variables de la economía y del control de los medios de producción.

Finalmente, es clave a la hora de plantear el debate sobre otro modelo de país el insistir en que el cobre en realidad no es el sueldo de Chile. Nunca lo ha sido porque las transnacionales son las dueñas de éste. De hecho, la ganancia relacionada con el metal rojo aporta como máximo un 10% al financiamiento del sector público. Es así porque uno de los privilegios obtenidos por la clase patronal vía golpe de Estado fue no pagar impuestos. En este contexto, hay una serie de triquiñuelas legales que le permite incluso eludirlos para obtener más utilidades mientras lxs trabajadorxs pagamos tributo a la pobreza. Pocos saben que casi el 50% de los recursos del Estado provienen del IVA que por definición es un impuesto muy regresivo, que por lo mismo no favorece en nada la búsqueda de la justicia social, sí a la manera capitalista de hacer las cosas.

 

Alfredo Armando Repetto Saieg

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