• 25/septiembre/2014 •

Prensa y poder político

<b>Danilo Billiard</b><br><b>@d_billiard</b><br>Periodista y Licenciado en Comunicación Social, Universidad de Playa Ancha. Poeta amateur y cronista.

Danilo Billiard
@d_billiard
Periodista y Licenciado en Comunicación Social, Universidad de Playa Ancha. Poeta amateur y cronista.

Desde que ocurrió la explosión de la bomba en el Metro Escuela Militar, se desató una seguidilla de avisos de bomba, de objetos sospechosos en las calles, explosión de bombas de ruido, y la lamentable muerte de un hombre en el barrio Yungay al intentar detonar un artefacto explosivo. La realidad difundida por los medios nos muestra que el riesgo que esto implica para la seguridad pública amerita modificar aspectos de la actual legislación, que involucre penas más duras y mayores atribuciones operativas a los organismos de inteligencia.

El diario La Tercera, al día siguiente del atentado, ofreció un cuantitativo titular que citaba “La bomba 29 deja 14 heridos en centro comercial”, lo que da cuenta que lo ocurrido en el Metro de Santiago no son hechos aislados, aunque ahora el Gobierno pretenda bajarles el perfil. Es cierto que es un campo vaciado de análisis el cómo los medios de comunicación son causantes de una exagerada conmoción ante la ocurrencia de acontecimientos de esta magnitud, amplificándolos a tal punto que, quiéranlo o no sus editores, directores y propietarios, terminan actuando como verdaderos convocantes al caos, al pánico colectivo delirante e incluso a estimular esas acciones.

No es esto una sugerencia antojadiza, sino que la propia fuerza de los hechos se ha encargado de demostrarlo. Lo vimos el año 2010, luego del terremoto, cuando la imagen de los saqueos fue la más repetida por los canales de televisión. De igual forma sucedió con el terremoto en el norte y el tratamiento mediático hecho al incendio en Valparaíso, en que el morbo y la impudicia llegaron a niveles extremos por parte de la prensa.

De igual forma, es cosa de observar lo que ocurre cada 29 de marzo y en otras fechas conmemorativas con significado político. La prensa, con anticipación a veces de semanas, comienza a difundir noticias asociadas a la(s) efeméride(s), las que van aumentando su intensidad en la medida que se acerca a la fecha, instalando la temática en la opinión pública y generando expectativas en torno a ésta. La brújula siempre apunta hacia una misma dirección aunque las temáticas disten entre sí. Por ejemplo, en el denominado “robo del siglo” y en las protestas por el día del joven combatiente, el argumento es exactamente similar en ambos casos, apelándose siempre a la necesidad de contar con más policías, más penas de cárceles, legislaciones más rigurosas, etc. Pareciera que en Chile todos los problemas se fuesen a resolver con mano dura y represión.

Al hacer una revisión de variados portales de opinión en Internet, nos encontramos con que, posterior al bombazo, se articuló una tendencia que apelaba a la generación de miedo, pues este constituiría uno de los ejes de la dominación en la sociedad chilena, y en ello los medios jugarían un papel relevante como aliados del poder político. Es decir, en la medida que sintamos mayor temor y desconfianza somos más fáciles de gobernar.

Aunque es una discutible afirmación, que bien se asemeja a las cuestionables “teorías de la conspiración” y que aportan a desviar el diagnóstico de lo que resulta primordial en estos casos, hay que apuntar a lo que Louis Althusser denominó como Aparatos Ideológicos del Estado, para comprender que, desde la esfera ideológica, la función de la prensa hegemónica no es tanto provocar miedo a la población como legitimar la labor de determinadas instituciones que conforman el Estado, ya sea de las policías, el Ministerio Público (uno de los más golpeados por el “Caso Bombas”), entre otras.

La cobertura casi obsesiva de escándalos públicos, la magnificación de tragedias y, en general, el morbo comunicacional, a la vez que reproducen y posicionan la cadena de valores procapitalistas ya bien arraigados y legitimados en la conciencia de los “ciudadanos”, son también un rentable negocio al vender temáticas de “interés general”. De esta manera, la acción de la prensa causa un efecto funcional que contribuye tanto a sus propias ganancias como empresas periodísticas como a reproducir las relaciones de producción dominantes en la sociedad.

Danilo Billiard

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