• 14/diciembre/2010 •

Prueba PISA: fotografía de equidad en aprendizajes de niños y jóvenes

<b>Alejandra Santana López</b><br>Docente Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

Alejandra Santana López
Docente Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

En general, me parecen cuestionables los clásicos instrumentos de medición de aprendizajes utilizados en nuestro país, porque aíslan los resultados de los niños, niñas y jóvenes, de las condiciones en que esos resultados han llegado a establecerse, principalmente cuando hablamos de aquellas de carácter socioeconómico y cultural, dándonos una visión limitada y parcial de un fenómeno tan complejo como lo es “lo educativo”.

Así resulta novedoso que, por el contrario, la Prueba PISA (Programme for International Student Assesment), no sólo se centre en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias, sino que va considerando factores que median el aprendizaje, tales como: las características socioeconómicas de los estudiantes y sus familias; la capacidad para autodirigir el aprendizaje, estrategias de estudios por parte de los alumnos; y características de los establecimientos educacionales, tanto en infraestructura como clima organizacional. Ampliando con esto el prisma para evaluar estos aprendizajes, enriqueciendo el análisis que los países pueden hacer.

En relación a estos factores que median los aprendizajes, pueden ser reconocidos a su vez como expresiones de equidad (o inequidad) de oportunidades en los aprendizajes. Chile destaca por su alta segregación socioeconómica e indicadores de desigualdad significativos en el ámbito social con un fuerte correlato en lo educacional. Haciendo caso omiso a las características y particularidades del contexto, por ejemplo, marcó diferencias importantes entre los resultados urbanos y rurales, privilegiando los resultados urbanos.

En este sentido, el Informe Resumen de PISA 2009 – no sólo haciendo alusión al caso chileno – explica la importancia de responder a indicadores como número de profesores por alumnos, nivel de calificación de los docentes, no sólo contar con recursos de apoyo para los aprendizajes, sino que éstos fuesen de calidad, entre otros. Ya que los niños, niñas y jóvenes pasan a vivir una doble situación de desventaja, por una parte, aquellas que proviene de sus contextos de origen (familiar) y por otra, la que se vivencia en la misma escuela, con sus precariedades de toda índole. Las soluciones – desde la óptica de la OECD – no pueden venir exclusivamente de la política educativa ni ser cortoplacistas.

Sin embargo, en Chile hay antecedentes que desde la opinión pública van quedando en segundo plano, en este caso nos centramos en los resultados de la prueba en lenguaje y matemática y cuándo hemos mejorado en relación a los otros países medidos. Pero parece no ser noticioso corroborar cuan segregada e inequitativa es nuestra educación, y lo ineficaz de los esfuerzos por mejorar rendimientos sin hacernos cargos de las condiciones socioculturales y económicas de los niños y sus familias, las que pesarán mucho más a la hora de proyectar sus niveles de desarrollo e integración social actual y futura, de qué manera esto es efectivamente un tema país, que se aborda desde un sistema de protección social integral e intersectorialmente.

Alejandra Santana López.

Publicado: 14/12/2010

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