• 26/enero/2010 •

Que el cambio nos pille confesados

<b>Leonardo Aravena Arredondo</b><br>Profesor de Derecho, Universidad Central.

Leonardo Aravena Arredondo
Profesor de Derecho, Universidad Central.

El cambio pregonado por el candidato de la derecha al imponerse en las urnas el 17 de enero, se materializará en pocas semanas. Los preparativos ya están en marcha y mientras unos se van, los que llegan se aprestan a tomar posiciones y a imponer sus criterios. Mientras tanto, algunos efectúan declaraciones que reflejan sus más íntimos deseos, reprimidos por 20 años y cuatro gobiernos de Concertación.

No obstante que ejerció un “co-gobierno” haciendo valer sus postulados transando votos para “permitir” iniciativas no precisamente de su total agrado e impidió, entrabó y deslució proyectos importantes en materias sensibles para la mayoría que nunca conquistó el poder económico alcanzando sólo a una parte del poder político, la derecha y los partidarios de la dictadura anuncian sus intenciones, las que silenciaron durante la campaña.

La noche del triunfo –o de la derrota, según el lado en que nos encontrábamos–, en Plaza Italia y cerca del comando ganador, menos gente que la anunciada por los medios festejaba, entonó la Canción Nacional con la estrofa de los “valientes soldados” y se escuchó “¡general Pinochet, este triunfo es para usted!”. Luego, al surgir una voz disidente desde un piso superior, se respondió por los eufóricos manifestantes, con “¡comunistas maricones, les mataron los parientes por huevones!”.

Puede tratarse de la euforia que despertó el resultado de las urnas y que la amenaza que conllevan las consignas no se materialice a partir de marzo. Esperamos que ello no suceda y que cantar la estrofa en cuestión; gritar consignas tan llenas de odio reprimido; que la elección como concejal de la hija del dictador; y el 10 % obtenido por el nieto en las urnas, sean solamente expresiones menores de los violadores de Derechos Humanos encarcelados y por encarcelar, a las que se pondrá pronto límite y no se materializarán en nuevos actos de barbarie.

Lamentablemente, los síntomas observados los primeros días dicen otra cosa. La futura primera dama, confiesa que tenía temor porque “desde su sector” le llegaba el rumor de un posible fraude y que una vez consolidado el triunfo “bajamos” a “otros barrios”, Recoleta, Independencia y, pasando por Plaza Italia, a Bilbao y Ñuñoa, donde “era bonito ver que la felicidad no era de uno no más”. Sería bueno empezar a entender que existen “otros barrios” un poquito más lejos y reconocer que el Gobierno saliente ha dado muestras de intachable proceder en el manejo de los procesos electorales desde que asumió y que la Presidenta es probadamente seria, además de contar con más del 80% de aprobación, por lo que la sola sospecha de fraude constituye una ofensa de magnitud.

Son signos preocupantes, que se hable en ese sector que gritaba consignas y ofendía gratuitamente, de rebajar el salario mínimo; de aplicar uno menor para los jóvenes al crear los puestos de trabajo prometidos; de terminar con los juicios sobre violaciones a los Derechos Humanos como pide nada menos que el Presidente del Senado, antiguo funcionario del régimen militar opresor; que las acciones suban y no se sepa cómo se evitarán los conflictos de intereses entre el patrimonio personal y el de todos; que se ofenda a garabato limpio a un Ministro en ejercicio desde un escaño del Senado, por el simple hecho de pensar diferente.

En unos días, si el Presidente electo no es capaz de controlar a sus huestes o no resultan claros los procedimientos con sus US$ 2.000.000.000.- reconocidos y se materializa lo que es posible avizorar, cuando se unan el poder económico con el poder político… ¡que el cambio nos pille confesados!

Leonardo Aravena.

Publicado: 26/01/2010

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