• 07/septiembre/2009 •

¡Que horror, Gabriela Mistral es lesbiana!

<b>Rolando Jiménez</b><br>
Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

Rolando Jiménez
Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

La absurda y paradojal “delicadeza” con que un parte de la prensa y de los denominados mistralianos han tratado el lesbianismo de la Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, es desde todo punto de vista el causante de todo eventual morbo en torno a la figura de esta histórica poeta.

En el libro Niña Errante, editado por Pedro Pablo Zegers, las cartas escritas por Mistral a su albacea, Doris Dana, dejan más que explícito el amor lésbico de la Premio Nobel. Sin embargo, ni las propias palabras de Mistral son suficientes que para los sectores más conservadores asuman esta realidad. Muy por el contrario, la ocultan, y la palabra lesbiana es permanentemente invisibilizada en los debates masivos generados por “Niña Errante.”

Se justifica la censura de un aspecto central en la vida de Mistral, señalando que sus cartas no son concluyentes, aún cuando es la misma poeta quien dice amar a Doris. “Nadie puede saber el efecto que tiene en mí el perderte, Dana. Es realmente caer en un pozo vacío y negro: es algo que se parece mucho a la muerte”, le dice Mistral al amor de su vida, una mujer.

¿Acaso declaraciones de este tipo no bastan? ¿Acaso se esperaba que la Premio Nobel relatara con lujo de detalles relaciones sexuales con Dana para asumir una verdad indiscutible? ¿Es esa la prueba que buscan justamente quienes están alegando que el amor entre dos mujeres provoca morbo?

Los conservadores han indicado también que el “problema” de “Niña Errante” es que su “mala” interpretación (como si ellos lo interpretaran bien), puede poner en primer orden a su lesbianismo, olvidándose el país del inmenso aporte de Mistral a la literatura nacional e internacional.

Pues bien, que hablen por ellos mismos, pues para quienes tenemos asumida la homosexualidad de la poeta, su pluma seguirá siendo lo más importante. Y si ello no pasa en ciertas personas, pues los responsables son justamente quienes hacen este tipo de advertencias. Si el lesbianismo es y sigue siendo un tema polémico en Chile, y doblemente controversial si es que está involucrada una celebridad como ocurre en este caso, es porque es una realidad tabú, vista siempre desde el prejuicio, el caldo de cultivo para la ignorancia y la discriminación.

Sólo eso explica que se oculte o no se quiera asumir el lesbianismo de Mistral y que, de paso, al tenerse la sospecha o la duda infundada sobre su orientación sexual, se opte por ocultarla, aún cuando todas las pruebas y testimonios digan lo contrario. ¡Que hipocresía! Que lejanía de Mistral, para quien la negación de Dana “se parece mucho a la muerte”.

Si la sociedad asumiera como conjunto que el lesbianismo es una orientación sexual tan normal y natural como la heterosexualidad, claro que la homosexualidad no sería tema, claro que no estaríamos hablando de eso, claro que Mistral hubiese sido más feliz, claro que nadie se atrevería a vincular al amor entre dos mujeres al morbo y claro que el editor del libro, Zegers, no tendería que salir aclarar una y otra vez que jamás quiso, con la publicación de las cartas, hacerle algún daño a la Premio Nobel.

El morbo es el “interés malsano por personas o cosas”. Y lo malsano no nace del lesbianismo, sino de los prejuicios y rechazos contra a esta forma de amar, alimentados por la ignorancia, el desconocimiento y el conservadurismo.

Sí para unos es morboso referirse al lesbianismo de Mistral, pues ¡que se hagan ver! Quienes vemos en el lesbianismo una preciosa forma de amar y sentir, seguiremos por nuestra parte admirando a Mistral, sin vendas, sin censuras, conociendo plenamente su literatura e interiorizándonos, ahora con Niña Errante, en su forma de amar. ¡Que privilegio!

Rolando Jiménez.

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