• 02/junio/2016 •

Querella de Bachelet y la ilusión de la libre expresión

<b>Francisco Mendez Bernales</b><br><b>@Franmen</b><br>Columnista, ha escrito en medios como eldinamo.cl, Puroperiodismo, Extravaganza Indie.cl, The Clinic y Cáñamo, entre otros.<br>

Francisco Mendez Bernales
@Franmen
Columnista, ha escrito en medios como eldinamo.cl, Puroperiodismo, Extravaganza Indie.cl, The Clinic y Cáñamo, entre otros.

La querella de Michelle Bachellet en contra de la revista Qué Pasa ha reabierto el debate sobre la libre expresión y cómo ésta debe llevarse a cabo. Todos han dado su opinión con respecto al ejercicio del periodismo, y la forma en que se debe realizar una democracia,  centrándose en cuándo un medio colabora con un régimen democrático y cuándo no.

De lo que no se ha hablado, sin embargo, es de la intención de confundir el hacer periodismo con la instalación temas, aunque estos no sean reales. Es decir: cuando se trata de crear una realidad sobre la base de ambigüedades de si una autoridad está o no involucrada en un caso judicial. Porque una vez que esa autoridad es la Jefa de Estado, esto puede volverse peligroso y casi explicar una expresión ideológica del medio.
Y es que no seamos ingenuos: nuestra estructura mediática piensa de una manera y- debido a su penetración-ha logrado por años que muchos creamos que lo que se escribe en sus páginas, o se transmite por medio de sus cámaras, es lo concreto. Convengamos también que esta estructura, por mucho tiempo, no tuvo la necesidad de usar con tanta energía su fuerza como pasa actualmente, ya que la llamada “centroizquierda” nacional estaba entregada a lo que esta informaba y dibujaba.

Hoy, en cambio, la cosa es un poco distinta. Tampoco exageremos diciendo que este gobierno ha desafiado el poder hegemónico con estas reformas, pero lo cierto es que estamos tan, pero tan al extremo ideológico, que una pequeña coma que se cambie ya parece una revolución armada ante los ojos del discurso oficial.

Con esto no quiero hacer teorías conspirativas ni ver tras la publicación de las declaraciones de Juan Díaz un gran trabajo maquiavélico. Sólo quiero recalcar que en Chile los golpes mediáticos han ido reemplazando a los aviones y los tanques de antaño. Hoy, en un contexto lleno de informaciones y de libertad de decir lo que se piensa por medio de las redes sociales, los viejos medios quieren hacer valer sus puntos usando “desprolijidades” como esta.

Es el ejercicio del “honestismo” como arma para hacer un debate de ideologías soterrado. Es la manera de no querer decir que acá hay visiones de cómo concebir el capitalismo que están en disputa. Pero que en vez ser discutidas a rostro descubierto, algunas de estas visiones se prefieren refugiar en llamadas telefónicas poco claras y con testimonios poco creíbles, para así crear una desestabilización que genere sensaciones. Y claro que las ha generado a través de periodistas que más que ser reales exponentes del oficio, son más bien obedientes empleados de un relato.

Dicho esto, ¿es una buena idea presentar una querella en contra del medio que realiza el artículo? No está muy claro. Esto lo digo porque una actitud así es compleja en un país en que muchas veces el discurso de la libertad de prensa intenta acallar otro más importante: la concentración de los medios en dos o tres personas con ideas claras y con negocios también muy claros. Es por esto que los empleados del mes esconden su sumiso trabajo como si fueran héroes de la democracia, y no simplemente personas que cumplen con lo mandatado por el jefe.

Está bien, discutamos sobre lo que hizo o no Bachelet, pero antes seamos lo suficientemente honestos para realizar un ejercicio más complicado: preguntémonos si es natural que los dueños de los diarios, radios y hasta canales sean las mismas personas que tienen medios de producción. Una vez que nos respondamos esa pregunta y hagamos algo al respecto, entonces ahí podremos seguir regodeándonos en nuestras banderas democráticas sustentadas en hermosas ilusiones.

 

Francisco Mendez Bernales

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