• 13/noviembre/2017 •

Razones hay muchas.

Las infaltables diferencias son de aquellas que por defecto no solo afectan el cotidiano convivir, más bien, el buen atributo de saber cómo realmente son las cosas a la hora de medir a través del tiempo lo que siempre está puesto en el lugar de los objetivos, es decir, la bien catalogada estabilidad. Decir que todo anda bien o de maravillas, es un tanto jugado, pues el normal funcionar siempre advierte que en el camino, alguno que otro ajuste debemos considerar. Bajo esta lógica, nuevos emprendimientos aparecen, tales como, asesorarías, estudios más detallados sobre temas contingentes, decisiones asistidas, entre otras cosas.

Asimilar bien esta categorías trae muchos beneficios, aunque las competencias siempre estarán presentes para demostrar quién está en lo cierto sobre análisis, datos duros, promociones, argumentos serios y claras señales de que lo que siempre se pronostica tiene referencias de alto nivel. Por otro lado, digamos que más que considerar estas características, no hay que perder de vista en determinar con claridad qué es lo que pasa por las mentes de aquellos que cuentan con tales servicios, es decir, no todo pasa por lo que se diga de tal o cual idea respecto a alguna amenaza a sus organizaciones, más bien, si estas organizaciones (o empresas) están bajo una correcta visión, o por el contrario, simplemente a la deriva, esperando algún resultado favorecedor.

Formas de organizarse hay muchas, pero la peor es obedecer a un estilo que más bien parece atreverse a pasar el límite, es decir, no contar con definidas reglas que más que mal, sirven de buena orientación. Simular un accidentado mal entendido, obedece a un fin lleno de prejuicios. Entonces a estas alturas, es propio decir que hay que instalarse al ritmo de la actualidad, esa que no solo domestica el mal gusto, más bien, considera que los defectos también entran al negocio de la corrección.

Nada de mal si a esto podemos sacar un buen trozo de aprendizaje. Limitar el acceso a ello, sugiere entre otras cosas, continuar con algo que a la larga será difícil corregir, por no decir, rescatar. En este cuento de que las reglas están para desobedecerlas, suena a que las sociedades no están convencidas de que ello (la norma) es un beneficio, o mejor dicho, más que un defecto. Los ejemplos demostrados a través de la historia de cualquier país, nos enseña cómo tal actitud ha distorsionado un poco la buena asimilación de la realidad, aunque siempre con mediocres resultados, es decir, siempre bajo la misma cantinela de esperar caer con la misma piedra, y esto como un modo de vida.

Es preocupante desde el punto de vista cultural. Finalmente, ni las advertencias son lo suficientemente satisfactorias cuando debemos decidir, especialmente cuando esto involucra a una población o mejor dicho, consumidores y usuarios. Parafrasear por mucho tiempo sobre estos temas, es agotador, es cierto. Lo que importa desde ahora en adelante es sugerir cuáles caminos tomar, pues si el aprendizaje no está del todo instalado, el riesgo es mayor. La comodidad de los espacios para permitir nuevas oportunidades para deslegitimar, a poco andar, la libertad con que se cuenta, es tan perjudicial como la falta de asimilación para generar nuevos atributos, especialmente en el ámbito social.

El nivel de daño que se puede causar, toma muchos años corregir, a no ser que la disponibilidad para actuar a tiempo y con buenos acuerdos, diga lo contrario. Es por ello que, tras la seguidilla de errores que se puede encontrar, deben ser vistos desde un prisma renovador y especialmente con fines que llamen positivamente a volver dentro de lo posible, al origen.

No es una fantasía hablar de ese modo, por cierto que no, ya que desde algún espacio, por muy pequeño que sea, siempre estarán presentes aquellos detalles que si bien, no obedecen exactamente a la regla común, se acomodan de tal modo que su mala apreciación revelará lo que por tanto tiempo significa un desliz desproporcionado. Puede que estas maniobras den un gustillo atractivo, pero digámoslo con todas sus letras, tiene fecha de vencimiento. Empoderarse en esta área, sugiere de mucha capacidad de resistencia, y con la mayor sutileza para actuar al límite (o fuera de ello).

El disgusto de quienes sufren las consecuencias de estas maniobras, observan con mayor preocupación cuando las tareas pendientes sobre bien común no van de la mano con el equilibrio que es perfectamente posible. Fomentar aceptar tal escenario, potencia sin duda un pasar más a menos como la realidad local nos enseña.

Imaginamos que ante este problema, que no es menor, a ratos se transforme en un tipo de doctrina que puede heredarse, ante lo cual, se espera que la nueva generación estimule un rejuvenecimiento en las reglas que los sostienen, para bien, por cierto. Quizás esto sea el real sentido de las reformas. Y bueno, tal parece que razones hay muchas.

 

Mauricio Gallardo Castro
@maurigallardoc
#mgcconsultingcl

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