• 08/septiembre/2009 •

Reelección presidencial: el arma electoral que la Concertación no puede usar

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Que distinta sería la opción actual del oficialismo si el sistema político chileno permitiese la reelección inmediata del jefe de Estado, ya que con el respaldo ciudadano que tiene la presidenta Michelle Bachelet (73% de acuerdo al último sondeo CEP), no habría candidato díscolo ni opositor que le hiciese sombra en los próximos comicios de diciembre, teniendo prácticamente asegurado su segundo período.

Algo similar hubiese ocurrido en 2005 con Ricardo Lagos, quien dejó el cargo con un 62% de aprobación, lo que se fue diluyendo tras conocerse el fracaso del Transantiago, el saqueo en Ferrocarriles del Estado, el tongo del puente de Chacao, el despilfarro en el programa de cárceles concesionadas, y muchas otras políticas mal habidas durante su administración.

Fue precisamente en el gobierno de éste -en 2005- que se reformó la Constitución para rebajar el período presidencial de 6 años, y volver a la fórmula utilizada durante la gestión de Patricio Aylwin, de 4 años sin reelección, lo que permitía de paso, hacer coincidir la presidencial con la parlamentaria, ahorrando costos en la organización de escrutinios sucesivos. Durante la discusión de esta iniciativa hubo algunos dirigentes que propusieron 5 años sin reelección y otros que plantearon los mismos 4 pero con reelección inmediata, por una vez.

Desde el retorno a la democracia, el único mandatario que no hubiese tenido la capacidad de presentarse a una reelección en caso de haber existido esa alternativa, es el actual candidato a La Moneda del conglomerado oficialista, Eduardo Frei, que después del mal manejo de la crisis asiática en 1998, terminó su gestión con un escuálido 38% de aceptación.

Una de las grandes trabas para que se instaure un modelo de esta naturaleza es la escasa competitividad que existe en la política chilena, donde los candidatos incumbentes (quienes van a la reelección) tienen una alta probabilidad de salir elegidos otra vez, en desmedro de los candidatos nuevos, debido a las altas barreras de entrada que coloca el sistema electoral. Este hecho ha quedado demostrado reiteradamente en la casuística de los comicios municipales y parlamentarios de la última década y media.

Otro de los puntos que juega en contra de esta postura es el riesgo de intervención electoral que existe por parte de quienes ostentan el poder, especialmente en las presidenciales, donde se cae en la tentación incontrarrestable de utilizar el aparato estatal a su favor.

De hecho, la Alianza por Chile y Marco Enríquez-Ominami han realizado una serie de acusaciones de intervencionismo en contra de la Concertación, como el reciente caso ocurrido en la Sexta Región que le costó el cargo al Intendente de O´Higgins, por autorizar la entrega de información de planes sociales y datos de beneficiarios a militantes DC que participaron en una reunión local de candidatos falangistas al Congreso. A ello se suma el uso del auto fiscal de las ministras Paulina Urrutia (Cultura) y Claudia Serrano (Trabajo) para asistir a un acto de campaña de Frei.

La duración del período electoral parece un asunto sustancial y puede marcar la diferencia entre salir de La Moneda por la puerta principal o por el subterráneo, ya que si el gobierno de Lagos hubiese durado sólo 4 años, la evaluación de su administración tendría números rojos, ya que la contracción económica, el caso Inverlink, el pago de sobresueldos y otros actos de corrupción empañaron la primera etapa de su mandato, escenario que pudo resarcir precisamente en los últimos dos.

La problemática para la Concertación es qué hacer ahora con el ingente capital político que tiene la presidenta Bachelet, que de acuerdo a la propia encuesta CEP, no ha sido traspasado al senador DC, quien incluso tuvo una baja de dos puntos en relación a la medición de junio.

Son varias las fórmulas que se barajan en palacio para lograr dicho trasvasije, siendo una posibilidad, un cambio de gabinete para que ministros bien evaluados puedan sumarse a la campaña en terreno, pero a sólo tres meses de las elecciones es una tarea que se asume como muy compleja y que no está asegurada.

Carlos Cuadrado S.

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