• 09/diciembre/2010 •

Reforma educacional: “Ojo” con el cambio curricular

<b>Paula Luna Ramírez</b><br>Directora de Escuela. Pedagogía en Historia y Geografía Universidad San Sebastián.

Paula Luna Ramírez
Directora de Escuela. Pedagogía en Historia y Geografía Universidad San Sebastián.

Chile vive un momento histórico en materia educacional, desde el anuncio por parte del Presidente de la República de una serie de medidas que tienen por objetivo impactar en la calidad del actual sistema educacional chileno. Las medidas involucran a quienes son los actores del sistema: directivos docentes, profesores, estudiantes de pedagogía, escolares y sus familias, y tienen que ver con la profesionalización de los equipos directivos, incentivos, becas, aumento de exigencias para los/las estudiantes y mejoras en la comunicación con las familias.

Este conjunto de reformas responden, a los malos resultados de nuestro sistema educacional en el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde, por ejemplo, se evidencia que el gasto por estudiante en nuestro país es 10 veces inferior al de países como Luxemburgo, España o Suiza. Y en relación al número estudiantes promedio en educación primaria en Chile es más de 30, en cambio en promedio los países de la OCDE presentan sólo 22 estudiantes por curso. También se ha dicho que los cambios formulados apuntan a seguir el ejemplo de países desarrollados como Finlandia, Suecia o Singapur y los establecimientos educacionales con buenos resultados en el Simce.

Es un conjunto de medidas que apuntan en la dirección correcta, aunque preocupa el cambio curricular tendiente a aumentar horas de Matemática y Lenguaje, y disminuir horas de Historia y Educación Tecnológica. Al respecto, se ha levantado una fuerte ola de críticas relativas a la disminución de las horas de Historia, pues se trata de una asignatura esencial en el fortalecimiento de la identidad nacional y ciudadana, que aporta a la reflexión, el debate y la valoración de las raíces culturales e históricas que dan origen a la nación, por lo que la medida debería ser reconsiderada.

Desde el punto de vista pedagógico, aumentar horas en un área del conocimiento no garantiza que los estudiantes aprenderán más y mejor, a menos que exista una implementación metodológica que así lo garantice.

El mejor ejemplo que cantidad no es calidad lo demuestra el sistema educativo finlandés, que paradójicamente cuenta con el menor número de horas de clases y es el país del mundo con mejores resultados académicos. Sin embargo es un modelo educativo muy distinto del nuestro, por cuanto la educación preescolar es voluntaria, los niños aprenden a leer y escribir en primer grado en medio año, la escuela básica obligatoria dura nueve años, sólo el 0,5% de los jóvenes abandona la escuela, repite apenas el 2%, tienen 190 días de clases, cada director elige al equipo de profesores, tienen entre 25 y 30 estudiantes por curso en enseñanza básica y entre 15 a 20 en enseñanza secundaria, más del 90% de las escuelas son públicas y la profesión docente está altamente prestigiada. Y un dato no menor: Finlandia es un país con poco más de 5 millones de habitantes.

Ciertamente quisiéramos acercarnos a los estándares de la educación finlandesa como un ideal, sabiendo que nuestra realidad es muy distinta a la de aquellos. Mientras tanto, deberemos esperar a que los cambios anunciados, o parte de ellos, comiencen a impactar en nuestro sistema educacional y lo hagan despertar del largo sueño en que ha estado durante tantos años.

Paula Luna Ramírez.

Publicado: 09/12/2010

Relacionados: