• 12/enero/2010 •

Relaciones vecinales: ¿Cómo mantener la coherencia en una política de Estado y no morir en el intento?

<b>Loreto Correa</b><br>IDEA USACH.

Loreto Correa
IDEA USACH.

En reiteradas ocasiones el Canciller Mariano Fernández ha insistido en el sentido de prioridad que tienen América Latina y particularmente los temas vecinales para la política exterior de Chile. Coincidimos plenamente con esta visión, particularmente en relaciónen el tema vecinal. Sin embargo, subsisten algunos grises, en específico respecto al nivel de cuidado en la designación de los cargos que ello involucra. En la práctica, los mejores hombres, tanto de Cancillería como de Gobierno deberían, en esa lógica, estar en las misiones de países limítrofes.

Quéduda cabe que en el caso de Argentina, tenemos a un académico, político y especialista en la región de indudable prestigio personal y con una vasta trayectoria en la materia de las relaciones internacionales. El Emb. Maira es un político que ha desempeñado un valioso aporte a las relaciones entre los dos países. Aporte, respetado por todos los espectros políticos, que se ha traducido en ejercicios conjuntos, coincidencia en materia multilateral y en señales claras de entendimiento, confianza y conocimiento mutuo de los dos países. De las dificultades territoriales y el tema energético, hemos asistido a la consolidación de una relación bilateral armónica evidenciada en la última visita de la Presidenta argentina a nuestro país.

En el caso del Perú, ocurre algo parecido, aunque con menor fortuna. El momento histórico de la relación es la peor en décadas. A ello contribuyó el tema Fujimori, pero sobre todo, el tema de La Haya que tiene deterioradas las relaciones a nivel político. Aún así, nuestro país ha designado en las dos últimas administraciones, diplomáticos de carrera, como es el caso reciente del Emb. Cristián Barros, con una extensa y exitosa trayectoria en el Ministerio desde los años setenta.

No deseamos volver sobre la vieja y siempre pertinente discusión acerca de la importancia de los funcionarios de carrera en los cargos de embajadores. Ese es un debate complejo y que se conecta con la política nacional, ajena a estas líneas. Sin embargo, es necesario destacar que el uno político y el otro de carrera, cumplen una destacada y compleja labor en un contexto que exige diplomáticos de vasta trayectoria y preparación. Ciertamente, esto es precisamente lo que no ha ocurrido desde mediados de este año con Bolivia.

A partir del 2003, en vista de la crisis profunda que experimentó este país, y particularmente a partir del entredicho entre el Presidente Mesa y el Presidente Lagos, nuestro país envió a uno de sus mejores embajadores de carrera a hacerse cargo de la relación bilateral. En la práctica, ya que siempre se critica todo, se puede señalar sin duda que ha sido durante la gestión del Emb. Roberto Ibarra, -actual director de Política Exterior de la Cancillería- que Chile reformuló su política exterior con Bolivia. Tres años fueron cruciales para levantar la imagen de Chile en Bolivia. Cierto, los presidentes Morales y Bachelet congeniaron, pero no es menos cierto que el resto de las veces que no están juntos, son los Consulados Generales de Chile y Bolivia, los que se ocupan de la vida cotidiana, las relaciones económicas, los vínculos culturales y sobre todo, el control del pulso político entre los dos países.

En efecto, se pasó de la construcción paulatina de la confianza mutua, a la exitosa Agenda de los 13 Puntos: el mayor acercamiento histórico entre los dos países en toda su historia. Mérito de la Presidenta Bachelet, cierto, pero cabal comprensión de las autoridades de la importancia que la relación vecinal reviste para los dos países. En esos tres años, se lograron hitos trascendentales. Hitos que de ninguna manera pueden verse opacados porque aún no hayamos logrado resolver el punto 6° de la agenda –referido al tema marítimo- o al 7°, referido al tema del Silala, y que no ha dado los frutos esperados por la negativa boliviana de aceptar el preacuerdo y sobre el cual deberemos seguir trabajando.

Recientemente, Perú ha nombrado al ex canciller del gobierno de Alejandro Toledo, Manuel Rodríguez Cuadros como Embajador de Perú en Bolivia. Se trata de un diplomático y jurista clave de la política exterior peruana por décadas ante distintas instancias multilaterales, como la OMC, OEA y ONU, ex Viceministro, Embajador y Ministro de Relaciones Exteriores entre el 2003 y el 2005.

Chile debió, frente al escenario de La Haya haber previsto el rol de bisagra que Bolivia representa en la relación chileno peruana. Resulta una contradicción vital que mantenga a uno de sus más conspicuos diplomáticos, el Emb. Juan Pablo Lira en Quito y que no haya tenido esa precaución en La Paz. Ante ello, sólo cabe preguntarse ¿Quién es hoy el jefe de misión en La Paz? ¿Qué experiencia tiene en la materia? ¿Qué experiencia y formación tiene sobre Bolivia? ¿Es un miembro del Servicio Exterior, un destacado académico o un político de primera línea en el país?

Es cierto que pocos meses de la actual Administración quedaban en agosto cuando se designó a Ricardo Herrera, quien hasta ese entonces había sido asesor de la presidencia y persona vinculada fundamentalmente a temas comerciales y europeos. Huelga decir además que se soslayó, la designación de un funcionario de cancillería en un cargo consular, transgrediéndose toda la norma vigente en el DFL 33/78, al Reglamento Consular y a la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares. Pero más allá de ello, ¿qué se ha avanzado en los últimos meses de la administración Bachelet y cómo puede explicarse diplomáticamente esta designación en un contexto tan complejo con el Perú?. Cuán necesario era mantener lo avanzado.

Ad portas del balotaje, e independientemente del resultado, si en efecto la política vecinal es una política que debe tener el carácter de política de Estado, no sólo debemos tener a nuestros mejores funcionarios en La Haya. Es imprescindible tener sumo cuidado con todo el entorno vecinal y paravecinal. Existe gente de gran nivel en el Ministerio de Relaciones Exteriores y también en el mundo político chileno. La coherencia puede exigir pragmatismo, cierto, pero también una lógica de Estado.

Loreto Correa.

Publicado: 11/01/2010

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