• 10/febrero/2010 •

Respecto del nuevo gabinete

<b>Felipe De Larraechea M.</b><br>Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

Felipe De Larraechea M.
Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

A partir de la confirmación pública de los nombres que conformarán el nuevo gabinete ministerial que acompañará al presidente electo Sebastián Piñera, lo que va quedando de la Concertación instaló una discusión respecto de un eventual conflicto de interés de varios de sus integrantes de acuerdo a su trayectoria en el mundo empresarial. Se desprende, erróneamente, que por el sólo hecho de haberse desempeñado como director, gerente, asesor, consultor, o simplemente ser un referente en aquel espectro, se debe sospechar, dudar, incluso juzgar.

Durante los últimos 20 años la opinión pública ha estado sometida a este dilema. En la Concertación, por lo demás, militan connotados empresarios a los que nunca se les impidió actuar en política por su condición. La diferencia sustancial radica en el número de personas sometidas a juicio. Es sumamente negativo entonces para el funcionamiento del país comenzar a generar un clima de sospecha, donde cada cosa que se haga será analizada bajo un manto de desconfianza extremo.

Por lo anterior es sumamente absurdo exigir hoy, y con un apuro inusitado, legislar respecto del proyecto de fideicomiso ciego, algo que viene discutiéndose desde 2005. Vetar soterradamente a empresarios de actuar en política es un antónimo de la democracia que todos queremos.

Se ha criticado también la falta de “carrete político” de la mayoría de los futuros ministros. Sobre esto, los partidos políticos jugarán un rol fundamental pues ellos deben dotar, de ser necesario, de criterios políticos al enfoque técnico del nuevo gabinete. No obstante aquello, se trata de una crítica hasta cierto punto sin sustento pues inevitablemente en sus ámbitos de desarrollo profesional, el factor político siempre ha de estar presente y debió ser considerado y manejado para obtener el éxito que se les atribuye, pero claro, no de una manera tan mediática pero si a veces hasta más profunda.

Del futuro Mandatario lo anterior no se puede discutir. Su capacidad política ha quedado demostrada a lo largo de más de 25 años. De lo contrario, no se entendería la decisión de la ciudadanía de alzarlo como Presidente del Chile.

El espíritu inclusivo pregonado a la largo de la campaña de la Coalición por el Cambio quedó refrendado. Nadie puede dudar – y nadie lo ha hecho, por lo demás – de la capacidad profesional de los nombres escogidos para integrar el primer gabinete. Son ellos, los mejores, los encargados de guiar por fin a Chile para cruzar por fin las barreras que nos impiden dar el definitivo salto en producción, crecimiento y competitividad necesario para extirpar el mentado subdesarrollo.

Los gobiernos de la Concertación se enfocaron con éxito en profundizar la revolución económica planteada a partir de los años 70, disminuyendo los índices de pobreza pero acrecentado de manera dramática la brecha social. La pobreza extrema es un tema que no puede esperar, por lo que debe ser considerado – junto con la educación y la delincuencia – como prioridad, ya que no es lo mismo padecer dicha condición en un país pobre que en uno donde un par de cuadras a la redonda la gente vive de manera similar a la de países desarrollados.

Es hora de mirar hacia delante – el nuevo gobierno y la futura oposición -, pensar de una vez y en serio respecto, esencialmente, del potente llamado expresado por la ciudadanía en las pasadas elecciones. Se trata de un desagrado con el sistema político, enfocado fundamentalmente en los partidos políticos y en quienes desde 1990 les han dado forma.

La conformación del nuevo gabinete presentado por Sebastián Piñera representa un avance en pos de una mejoría previsible. La tarea es trabajar bajo códigos implacables, que no den margen a los oportunistas, lo que será el puntapié para empezar a cambiar aquel descontento instalado en buena parte de los electores, y que servirá para demostrar que trabajar en serio en el servicio público significa trabajar para todo el país, el bien superior que todos agradecemos y consideramos una obligación.


Felipe De Larraechea M.

Pubicado: 12/02/2010

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