• 15/noviembre/2010 •

Resultados PSU y calidad de la educación

<b>Josefina Guerra</b><br>Directora Preunab Universidad Andrés Bello.

Josefina Guerra
Directora Preunab Universidad Andrés Bello.

En unas pocas semanas, los egresados de educación media deberán rendir las Pruebas de Selección Universitaria. Sus resultados se conocerán el 4 de enero. Sin embargo, ya podemos anticipar que, en una suerte de “Crónica de un Desastre Anunciado”, estos mostrarán una vez más, la brecha que separa a colegios particulares pagados, particulares subvencionados y municipalizados. El tema de la calidad y equidad de la educación se tomará la agenda política y noticiosa hasta que las vacaciones nos suman a todos en la modorra veraniega y habrá que esperar, entonces, los resultados del SIMCE y el cierre del próximo ciclo escolar para que una nueva PSU nos obligue a mirarnos nuevamente en el espejo.

Con todo, los resultados PSU tendrán un impacto en la percepción pública de los colegios e incidirán en la decisión de matrícula de aquellos apoderados que tienen la opción de elegir.

¿Y qué pasa con la inmensa mayoría? Más allá de las Reformas Curriculares, de las modificaciones legales, y de la existencia de más o menos liceos de excelencia, el problema general sigue siendo el mismo y enfrentarlo pasa necesariamente por la asignación de mayores recursos.

Un aspecto central en este sentido lo constituyen los montos de subvención para los distintos niveles y modalidades del sistema. Si comparamos el valor de la subvención estatal por alumno con el costo de un colegio particular pagado, orientado a los estratos medios, advertiremos que este último más que triplica al primero. Si realizamos el mismo ejercicio con establecimientos que atienden al segmento A B C1, esta diferencia se agiganta. Aun considerando que parte de esos ingresos son retirados como utilidades por parte de los sostenedores, el nivel de inversión por alumno es muy superior.

Enfrentados a esta realidad, incluso suponiendo una máxima eficiencia en el uso de los recursos, los colegios municipales y particulares gratuitos se encuentran en franca desventaja en ámbitos que inciden directa o indirectamente en la calidad de la educación, específicamente en el logro de los objetivos de aprendizaje, como son, por ejemplo, el número de alumnos por grupo curso y el equipamiento disponible.

Si coincidimos con la mayoría de los especialistas en que dos de los factores más relevantes en el logro de las metas educacionales son el nivel socioeconómico de los alumnos y los recursos de que se dispone, resulta paradójico que los colegios que atienden a los sectores con mayores necesidades deban abarrotar un promedio de 45 alumnos por sala – lo que impide una atención más personalizada y el respeto a los distintos ritmos de aprendizaje- cuenten con menores recursos de apoyo a la enseñanza y severas limitaciones para seleccionar a su cuerpo docente, dado el nivel de remuneraciones que están en condiciones de solventar. No es extraño, por cierto, que en el ámbito de la educación municipal, destaquen aquellas comunas que pueden destinar recursos adicionales a los colegios a su cargo.

En síntesis, la pregunta ¿Cuánto podemos mejorar la educación? Puede responderse en buena medida con otra interrogante ¿Cuánto estamos dispuestos a invertir?

Josefina Guerra.

Publicado: 15/11/2010

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