• 26/octubre/2020 •

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Mauricio Gallardo Castro
Consultor, Autor y Columnista
#BYU @mgcconsultingcl
www.mgcconsultingcl.com

<b>Mauricio Gallardo Castro</b><br>Consultor, Autor y Columnista<br>#BYU @mgcconsultingcl<br>www.mgcconsultingcl.com

Mauricio Gallardo Castro
Consultor, Autor y Columnista
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Probablemente existen muchas explicaciones para asumir una realidad que a todas luces es parte de lo que se debe conocer y proyectar a futuro. Además de entender que, en vista y considerando que las buenas (y malas) decisiones siempre tienen una consecuencia que a largo plazo obtienen un significado algo más que evidencias, la simple demostración de que las partes involucradas para lograr bienes comunes, confirma siempre la necesidad de actualización en su visión y propuesta, especialmente política. No es del todo un conocimiento práctico, pero tiene luces de alto alcance en el tiempo.

Por un lado, la razón por la que las multitudes en general tienen una visión mucho más comunicativa respecto a decisiones mayores, tiene que ver fundamentalmente con lo que las grandes expectativas muestran un deterioro a través del tiempo. Sin duda que eso es el primer detonador que hace de las sociedades crear su propia doctrina y propuesta para encender ánimos que no estaban programados anteriormente. Imaginamos que ello radica en que, a propósito de entender la política, su complejidad y actividad demandante y constante, es demasiado detallista si este no es leído de manera apropiada. Con o sin razón, acusa su particular mirada.

Mejorar aspectos sociales, es otro de los lemas que con profundidad toma mucho sentido a la ciudadanía. Esto, porque tiene una regla común, un sentido republicano que descansa en la confianza de que las cosas cotidianas son entendidas como responsabilidad que de algún modo, es de todos. Pero cuando estos simples ejercicios de comunidad toman otro rumbo, sea del receptor, como del mundo de las decisiones, hablamos de otra realidad que eventualmente podría transformarse en un detalle no menor. Nos referimos a que la historia demuestra que la capacidad de todos los actores siempre está a prueba, y de esto finalmente se trata la democracia.

Siempre quedan muchas dudas cuando hacemos una mirada hacia atrás en el tiempo. Digamos que a propósito de las experiencias y la virtud de generar grandes expectativas, un cambio profundo tiene mucho más significado a no hacer nada. Mejor aún, decimos que ello es un bien blando que siempre acompaña al poder, y que si negamos el objetivo principal de una organización, no importa de qué o cuál es su meta común, damos cuenta de que siempre refrescar el presente tiene mejores resultados que la continuidad algo tenue. 

Sin importar con qué o cuál es la manera de conquistar a una población, el principio de soberanía, moral y ética entre sus normativas, se condice del futuro menos confuso. Una prueba más de que la ciencia política tiene mucho que aportar en estos procesos, pero más todavía, la responsabilidad de saber hacer habitar las visiones de todas las partes, en un conjunto que, por complejo que parezca, tiene similar potencial con la capacidad de decidir (proceso eleccionario). De ahí entonces debemos recordar que no hay mucho que perder cuando las decisiones se hacen parte de una ciudadanía más clara y proyectada.

Sin duda que comienza una aventura interesante, algo así como crear para crearse, nuevamente, con características distintas, y con miradas renovadoras. Esto en política es algo que tiene mucho valor, si además es compartido con la fría calculadora de las normas. Ese sueño noble, por un lado, acusando verse en la letra. Y por otro, que las bases sociales que indiquen un nuevo orden, ciclo y desarrollo. Por cierto, que en términos de tiempo, esto será algo que tomará etapas previas para que se concrete, pero el fin está y eso para todos los que optaron por una señal de cambio, tiene mucho significado.

La mayoría de los desafíos sociales tienen una agravante, el bien común. Si esto no está claro para todos, es muy probable que se termine con consecuencias devastadoras. No es una frase política, es parte de las advertencias de un real camino al desarrollo, confirmando que, los ideales no son iguales que las ideologías y que, en un espacio de poder, esto tiene que ser muy bien asimilado. Asumir un rol representativo, es otra tarea con función mucho más expuesta, ya que en términos de nueva mesa, no deja espacio para volver atrás, más bien, busca qué es lo nuevo en esta discusión.

Inquietudes que siempre van a estar presentes, son parte del escenario que se avecina, dando sentido a la discusión con miradas totalmente renovadoras. Como las novelas antiguas, tantos detalles como lugares tienen un sentido común, simple pero revelador. El espacio que se crea con estos resultados, son simplemente una buena oportunidad para reanimar la política, toda, y sacar las ideas que pueden perjudicar sin necesidad, haciendo  de la Carta Magna un reflejo del nuevo siglo. En especial, asumir otro rol, confirmando la necesidad más que ideológica, de cambios en el camino al  desarrollo, lo que hace consolidarse ante los futuros y nuevos desafíos.

Mauricio R. Gallardo
@mgcconsultingcl
mgcconsultingcl.com

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