• 21/septiembre/2010 •

Riesgos de no ingerir alimentos

<b>María Ana Helmrich</b><br>Docente Nutrición y Dietética Universidad San Sebastián.

María Ana Helmrich
Docente Nutrición y Dietética Universidad San Sebastián.

La privación del consumo de alimentos sólidos o líquidos que se prolonga durante un plazo más largo del habitual, ocasiona modificaciones en la estructura y función de los órganos y genera un aporte insuficiente de nutrientes y de energía.

La situación que han tenido que pasar los 33 mineros atrapados en la Mina San José o la huelga de hambre que sostienen personeros mapuches, nos permiten reflexionar respecto de las consecuencias que estos ayunos prologados provocan en el organismo.

Existen una serie de mecanismos metabólicos que permiten al organismo acomodarse a una situación de ayuno prolongado, los que se adaptan a los requerimientos globales del individuo y a las exigencias específicas de cada órgano.

El primer nutriente que se agota en dicho proceso es la glucosa. Al disminuir comienzan a utilizarse las reservas de proteínas y grasa de los tejidos para producirla. Al cerebro no le queda más remedio que nutrirse en parte de glucosa y en parte de los cuerpos cetónicos (ácido que se producen al degradarse las grasas). Esta nutrición cerebral anormal tiene consecuencias sobre el sistema nervioso, por lo que es probable que una malnutrición prolongada deje secuelas por lesiones de las neuronas, que pueden llegar a ser irreversibles en los casos más graves.

Durante las primeras semanas de ayuno se gastan alrededor de 100 gr. de proteínas diarios aportados por los músculos. Este mecanismo podría llevar a la destrucción del organismo en pocos días, es por esto que se desarrolla un mecanismo de adaptación entre la tercera y la sexta semana de ayuno donde son utilizados como fuente de energía los cuerpos cetónicos. En el ayuno total (sólo ingestión de agua) se produce un balance calórico y proteico negativos, es decir, el individuo debe consumir sus reservas energéticas y sus proteínas. Lo más trascendente es esto último, porque el ser humano no tiene reservas de proteínas y el balance negativo refleja un deterioro estructural con pérdida de tejidos como: músculo, vísceras, proteínas plasmáticas, inmunidad, dificultad respiratoria, daño renal, etc.

La privación de alimentos, por cualquier motivo, debiera ser sólo bajo estricta supervisión médica y en recinto hospitalario para poder ser monitoreado en forma constante y así evitar un daño orgánico irreversible.

María Ana Helmrich.

Publicado: 21/09/2010

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