• 15/abril/2010 •

Sacerdotes chilenos se distancian de la hegemonía homofóbica

<b>Rolando Jiménez</b><br>
Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

Rolando Jiménez
Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

Muchos han sido los obispos que en Chile han liderado una cruzada destinada a impedir que nuestro país sea más justo, más igualitario y menos discriminatorio, siendo una de las caras más funestas la del obispo de Chillán, Carlos Pelligrín, sin duda, uno de los más homofóbicos del presente.

Pelligrín, al menos hasta ahora y espero que así siga siendo, ha sido uno de los pocos que le prestó ropa a las brutales declaraciones del secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, compartiendo la infundada idea de que la homosexualidad está vinculada a la pedofilia.

El obispo de Chillán intentó además el año pasado impedir que se distribuyera en los colegios y liceos el manual “Educando en la Diversidad, Orientación Sexual e Identidad de Género en las Aulas”, al tiempo que reprochó y silenció al sacerdote jesuita José Luis Ysern por haber dado un respaldo total a dicho texto producido por el Movilh.

Pellegrín es así parte de esas fuerzas criminales y discriminatorias que contaminan a la Iglesia Católica como conjunto y que ven enfermizamente en su postura un acto de reafirmación de ideas que llaman valores, pero que en el fondo son inmoralidades, toda vez que potencian la desigualdad de derechos. Es, en otras palabras, de esos personajes que actúa como guardián de añejas tradiciones de las cúpulas católicas, buscando con ello sólo una figuración que lo legitime ante sus pares para escalar en la vertical estructura clerical.

Pero así como el silencio cómplice frente a los abusos cometidos por algunos curas a lo largo del mundo está saliendo a la luz, sacerdotes sensatos están cada vez más distanciándose de la homofobia incansable de la alta jerarquía católica.

Ysern es un ejemplo, como también lo es el sacerdote Felipe Berríos, quien llegó a afirmar el año pasado a la discriminación contra las minorías sexuales era un síntoma “de inseguridad de la propia identidad sexual”, o el cura Antonio Delfau, quien rechazó de plano los dichos de Bertone.

El denominador común de estos sacerdotes que están sacando voces discordantes es que son jesuitas, lo que demuestra la existencia de una variedad de corrientes en la Iglesia Católica, donde unas son más humanas, y otras, derechamente, atentan contra la dignidad de las personas, sobre todo de aquellas que pertenecen a grupos minoritarios.

Lo concreto es que ya no hay sola voz pública en la Iglesia sobre el abordaje de la diversidad sexual, pues las visiones más aperturistas se están haciendo notar, escapándose de las rejas cuyas llaves están en manos de personajes como Pelligrín.

Por supuesto que los jesuitas no van a entrar en pugna pública contra las cúpulas que impiden la modernización. También es cierto que su principio de no discriminación tiene límites, pues se siguen oponiendo al matrimonio entre personas del mismo sexo, al menos a nivel público. Pero no es menos verdad, que sus voces son síntomas de cambio, de positivas transformaciones donde quienes tienen las horas contadas no son los “Berríos”, “Delfau” o “Ysern”, sino que los “Pelligrín”.

El proceso podrá ser lento, quizás esta generación no lo viva, pero es claro, por donde se mire, que el camino iniciado no tiene vuelta atrás.

Rolando Jiménez.

Publicado: 15/04/2010

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