• 30/enero/2020 •

¿Señal virtuosa o autogol?

<b>Jorge Gillies</b><br>Periodista y académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de la Comunicación Social, UTEM

Jorge Gillies
Periodista y académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de la Comunicación Social, UTEM

La renuncia de James Hamilton y Claudio Narea al Partido por la Dignidad, fundado por ellos hace diez días, representa a lo menos una señal confusa en términos de comunicación política.

La razón esgrimida por ambos líderes de opinión es categórica: el ingreso a la colectividad de una serie de «operadores» que cargan con todos los vicios de la política tradicional hacía inviable su permanencia. Hamilton y Narea anunciaron la creación de otro partido.

Pero nada asegura que la nueva formación esté inmune a la misma amenaza. Tendrían que seleccionar a personas sin ningún pasado político y aún así el peligro seguiría presente. Es que la política es antes que todo un juego de poder y en función de ello pronto aparecerían los vicios asociados a este tipo de actividad.

La política tradicional y sus formaciones clásicas, los partidos, enfrentan una crisis probablemente terminal. Pero mientras no se consoliden organizaciones capaces de reemplazarlos en forma efectiva seguirán jugando un papel fundamental, sobre todo en el Chile de los próximos dos años.

Por ello, demandar formaciones «impolutas» puede resultar ser más un autogol que una virtud de cara a los desafíos que deberá enfrentar nuestro país en el corto plazo.

 

Jorge Gillies
Académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de Comunicación Social, UTEM

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