• 25/junio/2010 •

Ser padres

<b>Jorge Rosende</b><br>Psicólogo Universidad Central.

Jorge Rosende
Psicólogo Universidad Central.

De acuerdo a una investigación realizada en Chile, donde se encuestaron a más de dos mil adolescentes, se concluyó que cuando los padres utilizan un control psicológico que condiciona los afectos hacia sus hijos para conseguir ciertas conductas de ellos, puede acarrearles depresión.

A partir de este estudio, se pueden desprender algunos aspectos relevantes que pueden servir de utilidad para los padres en el ámbito de la crianza de sus hijos. Esta área resulta ser compleja en sí y los padres suelen manifestar frecuentemente que “a nadie le han enseñado a ser padres”. Esta frase, en parte, tiene su cuota de verdad, puesto que la experiencia de ser padres es única y cada cual intenta en lo posible realizar lo mejor que se pueda esta labor, pero por otra parte, desde muy temprana edad, se han aprendido indirectamente una serie de comportamientos al observar a personas que sirvieron como modelos que se seleccionaban consciente o inconscientemente según la identificación que se tenía con ellos. Además, cuando el niño comienza a vincularse con sus progenitores, ya desde esa edad comienza a incorporar estilos de comportamientos que suelen darse de un modo muy similar a cuando les toca posteriormente realizar el rol de ser padres. Ante esta situación, estos estilos tienen una alta probabilidad de transmitirse de generación en generación, aclarando que no existe un determinismo en esto, debido a que cada cual es un ser único en este mundo.

Retomando la idea central de la investigación, resulta importante señalar que cuando se condiciona el cariño para manipular que los hijos se comporten de acuerdo a lo que los padres esperan de ellos, se habla de un control de tipo coercitivo, que puede traer consecuencias negativas mucho más importantes de lo que los padres se pueden imaginar. Por ejemplo, los hijos interpretan esto como que si no logran cumplir con las expectativas de sus padres, entonces no merecen el afecto de ellos, relacionándose esto con una baja autoestima y con el cuestionamiento de que si son o no merecedores del cariño de ellos. De alguna forma, este tipo de comportamientos descalifican e invalidan al hijo en su condición de persona.

Dentro de los estilos de apego, este tipo de estrategia se relaciona con la categoría “Compulsivo-Complaciente”, que se caracteriza en que los hijos se comportan constantemente de acuerdo a las expectativas de sus padres para ser aceptados, evitar la crítica y no desilusionarlos. Esto repercute en el desarrollo de la personalidad del adolescente, por ejemplo, en que les cuesta incorporar patrones internos, puesto que los deseos se encuentran en función de los otros postergando frecuentemente los propios. Cabe agregar que el postergar de una manera continua los deseos propios por el de los demás, se relaciona frecuentemente con sintomatología depresiva.

En relación a las características familiares, suelen ser familias que suelen darle una gran importancia al tema de la imagen, a lo que los demás puedan pensar de ellos, por lo que la preocupación está centrada en las apariencias más que a los aspectos internos de la persona. Se podría decir que el slogan que tienen como familia es “¿cómo nos damos cuenta de que todos nos queremos? porque todos pensamos igual y tenemos las mismas opiniones”. Esto dificulta la individualidad de las personas y la diversidad de puntos de vistas que enriquecen la experiencia humana. Por lo tanto, lo que ocurre cuando alguno de los integrantes de la familia no piensa igual que los demás, es catalogado con la clásica expresión: “la oveja negra de la familia”.

Finalmente, algunos consejos que pueden resultar recomendables en estas circunstancias son: evitar en lo posible utilizar el retiro afectivo para manipular y controlar la conducta del otro, puesto que se puede educar a los hijos de igual forma sin la necesidad de utilizar este tipo de estrategia, puesto que el afecto tiene que estar independiente de que se cumplan o no las conductas esperadas, lo que no significa que se dejen de sancionar aquellos comportamientos que no se encuentren correctos y que puedan perjudicar al adolescente en su crecimiento. Ante esto, se pueden establecer los límites y normas de una manera determinante, con autoridad, pero acompañado de respeto y cariño. Junto con esto, es fundamental saber escuchar a los hijos y establecer una sólida base de confianza, esto es, saber dialogar más que entregar monólogos, junto con aprender a tolerar, respetar y validar los diferentes puntos de vista que tienen los hijos. De esta forma, logran percibirse a sí mismos como personas que son validados, queridos y respetados y es muy probable que espontáneamente los hijos entreguen de forma reciproca este cariño hacia sus padres, disminuyendo el comportamiento de rebeldía y haciendo más positiva la relación.

Jorge Rosende.

Publicado: 25/06/2010

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