• 30/septiembre/2010 •

Simce en Educación Física: ¿aptitud o calidad de las clases?

<b>Rodrigo Tejada</b><br>Director Educación Física, Universidad Andrés Bello.

Rodrigo Tejada
Director Educación Física, Universidad Andrés Bello.

Como educadores, sabemos la importancia de todos aquellos instrumentos que nos aporten indicadores claros sobre cómo mejorar nuestro desempeño o simplemente, cómo hacer que nuestros estudiantes aprendan más y mejor. En el caso de Educación Física, lograr que ellos desarrollen habilidades motrices para desenvolverse en el medio sin dificultad, además de generarles el hábito de practicar actividad física o deporte en cualquiera de sus formas.

Con el inicio oficial del SIMCA en Octavo Básico, por medio de la aplicación de un test que mide una serie de parámetros establecidos, podremos ver cómo esta Chile como país deportivo. De esta manera comparar regiones, comunas, hombres y mujeres, incluso saber cuántos estudiantes tienen sobrepeso. Pero esas respuestas a estas interrogantes ya son conocidas hace tiempo por todos los especialistas del sector y la opinión pública. Sabemos de los índices de obesidad infantil, de la escasa actividad física, de la cantidad insuficiente de horas de Educación Física en los establecimientos y de las diferencias entre colegios municipalizados y particulares.

Las pruebas de este Simce apuntan claramente a indicadores de aptitud física, y no a medir la calidad de lo que se hace en estas clases. Frente a la visión expresada por las autoridades cabe preguntarse si para ellos la Educación Física es deporte, si sus objetivos apuntan a desarrollar deportista, a mejorar sólo la aptitud o condición física o a desarrollar integralmente al ser humano por medio de sus capacidades de movimiento.

El Simce se estableció como una medición de la calidad de la Educación, teniendo como principal objetivo mejorar esta última y lograr equidad. Pero no se desarrolló como un instrumento para ver quiénes son mejores deportistas, tienen sobrepeso o mejor índice de flexibilidad. Este debería buscar establecer indicadores claros del desarrollo motor de los niños, habilidades y competencias motrices que contribuyan a formar un ser íntegro que sea un aporte a la sociedad y a su vez posea una mejor calidad de vida.

La contribución de este tipo de mediciones es que permitirá quizás definir políticas públicas claras en cuanto a la promoción de actividad física en nuestros niños. Está bien que se aplique con fines experimentales o diagnostico, pero en él deberían involucrarse los propios actores de la asignatura, buscando consensuar parámetros de medición realmente objetivos de la calidad de la Educación Física.

El mejorar técnicamente la clase no pasa por medir la aptitud física de los estudiantes en los diversos establecimientos, sino por contar en cada uno de ellos con los profesionales idóneos y adecuadamente formados. Las diversas instituciones formadoras de profesores de Educación Física, tienen el deber de formar a un profesional con las competencias pedagógicas adecuadas y que ayuden al desarrollo integral de nuestros niños a través de sus capacidades de movimiento. El deporte es una de las herramientas alcanzar estos objetivos.

Rodrigo Tejada Navarro.

Publicado: 30/09/2010

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